sábado, 17 de octubre de 2015

UNA DÉCADA DE "GIGANTES".Grandes figuras en la lucha contra la discriminación racial en Estados Unidos en los años 50

Vamos a tomar la metáfora de “Gigante”(1956), la conocida película de George Stevens, para hablar de algunos hombres y mujeres heroicos que, después de la Segunda Guerra Mundial, decidieron que ya era hora de cambiar las cosas. La evidencia de que los prejuicios antisemitas habían estado en el corazón de esa tremenda contienda, y la valentía con la que los soldados de las minorías étnicas habían luchado durante la misma en favor de la libertades, despertó una nueva sensibilidad social y un agudo inconformismo ante la injusticia que los miembros de los grupos de color se veían obligados a soportar a diario en Estados Unidos. Bajo la apariencia de una glamourosa superproducción repleta de míticas estrellas, el director de “Gigante” se atrevió a tratar por primera vez en la gran pantalla un tema candente, la discriminación contra los mexicanos en Texas. Al mismo tiempo la rebeldía comenzaba a extenderse a otros frentes dentro y fuera de la ley. La Corte Suprema dio un paso gigantesco en 1954 al decretar el punto final de la segregación racial en las escuelas públicas, y en esas mismas fechas Martin Luther King, un joven pastor baptista en Montgomery, comenzaba su grandiosa andadura como activista social en defensa de los derechos de los afroamericanos. Con estos y otros “gigantes” entre las filas, el triunfo sobre las fuerzas retrógradas estaba garantizado. Pero, ¿cómo se había llegado al rígido apartheid que existía en la sociedad estadounidense?



Una segregación con respaldo judicial
Al término de la Guerra Civil americana, en 1865, la 13ª Enmienda a la Constitución prohibió la esclavitud y, tres años más tarde, se aprobó la Enmienda 14ª, que formalmente garantizaba los derechos de todos los ciudadanos con independencia de su raza, incluyendo la igualdad ante la ley. Pero a pesar de esta protección al más alto rango normativo, los estados sureños, en los que la población negra era más numerosa, mantuvieron un estricto sistema de separación entre los blancos y los antiguos esclavos y sus descendientes. Cada grupo tenía sus propias escuelas, restaurantes, lugares reservados en los transportes públicos… Cuando esta discriminación se llevó ante el Tribunal Supremo, la sentencia emitida en el caso Plessy contra Ferguson (1896) estableció que, dado los vehículos destinados a los negros proporcionaban servicios de la misma calidad que para los blancos, la protección igualitaria estaba garantizada. Este principio reaccionario de “separados pero iguales” motivó que la segregación racial, que hasta entonces se había limitado a ser una norma cultural sólo en los estados del sur, se convirtiera en regla legal en la mayoría de los estados, invadiendo todos los aspectos de la vida norteamericana. En aquel momento ya el Juez Harlan, que anteriormente había sido propietario de esclavos, en un memorable voto particular, denunció el hecho de que la segregación ponía “la marca de la servidumbre y de la degradación sobre un enorme clase de nuestros conciudadanos, nuestros iguales ante la ley”. De hecho, el alto ideal de Thomas Jefferson en la Constitución americana, “todos los hombres son creados iguales”, parecía pensado en realidad sólo para el hombre blanco. Esa fue la razón por la cual la Corte Suprema americana se atrevió a afirmar, en una sentencia de 1857, que un negro no era un ciudadano. Algo parecido ocurrió durante la Revolución francesa, cuando la feminista Olympia de Gouges denunció que sólo los hombres, no las mujeres, eran considerados ciudadanos de propio derecho en la República.
La Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP) se fundó en 1909 para defender los derechos civiles de los ciudadanos negros. Durante los primeros 20 años de su existencia la Asociación intentó sin éxito persuadir al Congreso para que aprobase leyes en favor de sus intereses. Sin embargo, después de la 2ª Guerra Mundial todo empezó a cambiar rápidamente. La forma que la NAACP encontró para impugnar el statu quo fue la puesta en cuestión del sistema educativo. Aunque, en teoría, los servicios públicos debían ser iguales para los miembros de todas las razas, en la práctica las condiciones en la mayoría de las escuelas para niños de color eran inferiores a las de los blancos, en cuanto al profesorado, medios y ubicación.

Comienza la lucha en Texas

Edna Ferber (1885-1968) fue una gran periodista y novelista norteamericana. Dados sus antecedentes familiares- era judía de origen húngaro-, resultaba comprensible que sus obras plantearan cuestiones relativas a la discriminación étnica. Otra característica de su escritura es que siempre presentaba, como protagonistas, a mujeres fuertes y de gran carácter. Muchas de sus novelas y obras de teatro se convirtieron en películas de gran éxito y, por ello, constituyen para nosotros importantes referentes de la cultura estadounidense: Cimarrón, Cena a las ocho, Saratoga y, por supuesto, Gigante, novela que Edna Ferber publicó en 1952. Desde su inicio ya está muy presente en esta obra la temática de la segregación racial. En este caso, no contra la minoría negra, como era más habitual, sino contra la población mexicana en Texas. A diferencia de la película de George Stevens, que avanza en el tiempo de manera lineal, la novela comienza con la gran fiesta que, a principios de los años 50, ofrece un magnate del petróleo, Jett Rink ( el atormentado personaje que encarna James Dean en el film). Al evento asisten numerosos millonarios texanos con sus esposas. La mayoría de ellos , queriendo hacer ostentación de su opulenta riqueza, llegan en aviones privados. Una de las parejas invitadas es la que forman Leslie y Bick Benedict. Éste no está interesado en asistir al homenaje a quien fuera, años atrás, un simple empleado de su rancho, un alcohólico pese a toda su riqueza. Sin embargo, Bick cree que deben acudir porque todo el que es alguien en Texas estará allí. Oyendo a los asistentes, Leslie no tarda en advertir que el territorio de Texas es tan amplio como estrechos los puntos de vista de sus habitantes. 

 
La familia Benedict está presente al completo en la fiesta.El hijo del matrimonio, Jordan, es médico y, pese al total desconcierto de su padre, se ha casado con una mexicana, Juana Guerra. A pesar de que ese vínculo con la dinastía que siempre fue considerada todopoderosa en Texas, la estirpe de los Benedict, la joven tiene que soportar que la insulten en el hotel de Jett Rink, dado que este ha impartido estrictas instrucciones a sus empleados para que nieguen sus servicios a quienes no son blancos. En la peluquería rechazan atender a Juana porque es mexicana. Su esposo Jordan y su suegro Bick se lo toman como lo que en realidad es, un cruel menosprecio de Rink a sus antiguos amos, y lo buscan para pedirle explicaciones. Pero Jett tiene antiguas cuentas pendientes con Bick, a cuya esposa Leslie siempre ha amado, y aprovecha para golpear a su hijo de manera traidora con la ayuda de sus matones. En este punto, la novela se remonta 25 años atrás para mostrar cómo Leslie se convirtió en la esposa del ranchero millonario Bick Benedict.


Bick viaja a Virginia para comprar un caballo pero se trae de vuelta a una esposa, la bella e inteligente Leslie, que quiere aprenderlo todo sobre Texas. En aquel momento este estado, el segundo en población y tamaño, era completamente diferente de los otros 47 (Alaska no se convertiría en miembro hasta 1959, lo mismo que Hawai). Para muchos norteamericanos, Texas era como un país distinto, en el que todo funcionaba a una escala mucho mayor. Bick es propietario de 2 millones de acres de tierra. Esa desmesura latifundista lleva a Leslie a cuestionar la distribución de la tierra en Texas después de que el gobierno de los Estados Unidos anexionase definitivamente el territorio en 1846, tras la guerra contra México. Muy pronto Leslie comprende que, en Texas , las diferencias entre clases sociales están a flor de piel. No puede salir sola a pasear por culpa de los mexicanos, que viven en casuchas, mientras los Benedict habitan en una gigantesca mansión.
 Leslie conoce a Jett Rink , un joven inteligente pero con un carácter incontrolable y dado a la bebida. Al poco muere de llegar Leslie a Texas muere en un accidente Luz, la hermana de su marido, dejando en herencia a Jett, del que parece que estaba encariñada, un pequeño terreno dentro de Reata, la enorme finca familiar. Con ello se produce una fractura irreversible en el poder de los Benedict.


Leslie se niega a aceptar su papel de mujer-objeto, sin ninguna participación en los asuntos de política, reducida a ser una esposa callada y madre de sus dos hijos, que tienen un carácter muy diferente. El mayor, Jordan, no está interesado en seguir el negocio ganadero de la familia, a diferencia de su hermana. Por el contrario, desea convertirse en médico. Bick Benedict, nostálgico del pasado glorioso de su familia, se niega a entrar en el negocio del petróleo que se ha encontrado en el pequeño terreno de Jett, aunque ello suponga una pérdida de su poder tradicional. Aún así, se ve obligado a soportar que pasen por sus tierras los camiones hacia la finca de Rink, bajo la cual hay una enorme bolsa de crudo, lo que supone el fin de la ganadería tal como se venía practicando.

En aquel momento estaba a punto de abatirse sobre el país la Gran Depresión, y el tema se entrevera también en el argumento. La novela aborda asuntos como la propiedad de la tierra, el poder, los grupos de presión en la política, el racismo, las diferencias sociales, la desigual distribución de la riqueza, temas que siguen siendo de una permanente actualidad. El libro provocó un escándalo mayúsculo en Texas, hasta el punto que algunos periódicos propusieron linchar a Edna Ferber. Muchos tomaron el libro más como una parodia que como un retrato de la vida en Texas. Pero el trabajo de la novelista fue excelente porque, a lo largo de dos años, se documentó exhaustivamente sobre los entresijos del negocio del petróleo y la ganadería en Texas. Pero el principal tema de la obra es la discriminación racial. Aunque aún hoy pueda resultar extraño que la novela suscitara semejante controversia, deberíamos advertir que en los años 50 las relaciones raciales en el sur de Texas eran realmente problemáticas. Existía un auténtico apartheid en todos los ámbitos. La novela se apoyaba en una visión sociológica profunda y no dudaba en ridiculizar a los millonarios del ganado y del petróleo, y a sus esposas sólo pendientes de las fiestas y el lujo más ostentoso. De hecho, los personajes en los que la novela se inspiraba eran reales. Jett Rink era un reflejo del millonario Mark Glenn McCarthy; el clan de los Benedict se asemejaba mucho a los Briscoes; el Conquistador era el Samrock Hilton , un elegante hotel de Houston , y Reata se inspiraba en el rancho King . Todos los afectados mostraron una enorme hostilidad contra Edna Ferber, y amenazaron con boicotear la película cuando se estrenara. No obstante, lo cierto es que al final obtuvo un gran triunfo y gustó enormemente también en Texas.



Gigantes de Hollywood
George Stevens (1904-1975) fue un magnífico director de cine y fotografía que, antes de la Segunda Guerra Mundial, había dedicado exitosamente la mayor parte de su producción a la comedia. Durante la guerra dirigió la unidad de fotografía del ejército norteamericano, y fue uno de los primeros en entrar en el campo de concentración de Dachau. Con su enorme oficio, Stevens aseguró firmemente los pilares para la memoria histórica contra el negacionismo. En su condición de teniente coronel de las fuerzas armadas estadounidenses, certificó que las imágenes que había tomado eran auténticas y que respondían a individuos y escenas no alterados, para que nadie pudiera disputar la veracidad de aquella información en el futuro. La experiencia fue tan tremenda que cambió por completo la visión del hombre que tenía el director. No es extraño, porque nadie podría haber salido indemne tras descubrir aquel infierno de los campos de exterminio.

George Stevens fue consciente de que había algo muy oscuro en la condición humana, pero también algo luminoso, la redención tras la culpa y decidió explorar ese binomio y aportar su grano de arena para cambiar la sociedad. A la vuelta a Estados Unidos abandonó el tono frívolo para decantarse por una visión sería y realista. Aspiraba a que sus películas fueran el fermento para nuevas ideas transformadoras. A partir de entonces hizo un cine comprometido, para tomar conciencia de los defectos de nuestro ser y estar en el mundo. Una gran obra de ese periodo es Un lugar en el sol (1951), que aborda el problema de la culpa y en la que ya contó con Elizabeth Taylor, la inolvidable Raíces profundas (1953), El diario de Ana Frank
( 1959), y Gigante, estrenada en 1956. Este gran clásico del cine norteamericano recibió 10 nominaciones a los premios de la Academia, de los cuales obtuvo el Oscar al Mejor Director en 1957.

La película tiene el mérito de haber sido incluida en el año 2005 en el Registro Nacional de Filmes de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, un honor que se concede aquellos que se consideran “ cultural, histórica, o estéticamente significativas”.No es una simple adaptación de la novela sino que tiene una entidad propia diferenciada, como podremos comprobar. Muestra el drama épico de tres generaciones de rancheros tejanos y renueva el mito norteamericano más clásico, el de la frontera. Los grandes temas que mueven el guión de la película son la codicia y el poder, la intolerancia racial, el papel social de la mujer… Se rodó en 1955 en Marfa, Texas, en el condado de Presidio. En aquel momento, Estados Unidos todavía no estaba preparado para realizar una reflexión serena sobre la lucha de clases y los conflictos raciales.

La película también aborda una visión revisionista de la historia de Texas. Por otro lado, quiso ser una reinterpretación del western, en la que se concedía un papel protagonista a las mujeres. Leslie aparecía como una feminista antes de que esta postura ideológica se pusiese de moda en la década siguiente. Venida desde Virginia, al Este de los Estados Unidos, en donde la democracia era un concepto con mucha más solera, Leslie no duda en formular preguntas incómodas que ponen al descubierto las líneas ocultas de la conquista de México y del papel de los mexicanos como ciudadanos de segunda en Estados Unidos.

También en la película el principal núcleo temático es la discriminación racial. Se aprecia claramente en la película cuando Leslie ve cómo, junto a su gran mansión, viven los mexicanos en la más espantosa miseria. Jett Rink, interpretado por un irrepetible James Dean en el mejor papel de su corta pero deslumbrante carrera, es un pobretón orgulloso que se cree superior por el mero hecho de ser blanco. A pesar de ello, Jett despierta la conciencia social de Leslie, a la que guía en sus visitas a los hogares de los mexicanos.

La experiencia bélica de Stevenson se plasmó en una escena hermosísima de la película que no aparece en la novela. Ángel Obregón, interpretado por Sal Mineo, regresa de la guerra al mismo tiempo que otro oficial blanco de la región. Fueron juntos a la guerra pero vuelven de forma distinta. Mientras hay una gran fiesta para celebrar la vuelta de uno, el cuerpo sin vida de Angel Obregón llega en tren. Con la luz del crepúsculo iluminando el paisaje desértico de horizontes infinitos vemos el ataúd cubierto con la bandera estadounidense, al que saluda con todo respeto un veterano de guerra. Esta escena era el emocionante y silencioso reconocimiento del sacrificio de tantos valientes soldados de las minorías étnicas en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Otra maravillosa escena es la de Jett cuando recibe en herencia la pequeña Reata. Podemos ver su figura a contraluz midiendo a grandes pasos aquel pequeño terruño, aparentemente sin valor, recorriendo sus lindes y atravesándolo como en las históricas ceremonias de toma de posesión. Así lo hacían también los pioneros, cuyo legendario pasado se recrea en esta historia. Jett se ha liberado de los Benedict, entre los cuales no era más que un don nadie problemático. Durante una visita a sus dominios, Leslie pisa el suelo y mana el petróleo. Ella es su amor secreto y también la catalizadora de su riqueza.

Una escena memorable más es la de Jordy Benedict anunciando a su padre, en segundo plano, que se casa con una mexicana, un auténtico terremoto para aquella familia clasista. No escuchamos la conversación sino que solo presenciamos el elocuente lenguaje corporal de aquel gran actor que fue Rock Hudson. Con esa decisión, el heredero de los Benedict se enfrenta a la tradición. Su padre, a pesar de haber sido un racista recalcitrante durante toda su vida, gracias a la ayuda de Leslie tiene la grandeza de aceptar la situación y luchar para cambiar los perjuicios sociales. La novedad es que este tema de la segregación racial en Texas nunca se había planteado en una película.
De hecho, la extraordinaria escena final en la cafetería Sarge´s Diner, el verdadero clímax de la historia, no aparece en la novela y se introdujo en el film con una preparación muy compleja y cuidadosa. Los americanos la ven como un reflejo de su propia historia. El dueño de un café de carretera echa de allí a un mexicano viejo y pobre. Bick, que vuelve con su familia de la desastrosa fiesta en el hotel de Jett Rink, intercede en su favor sin éxito. Es la transformación final del personaje, un magnate humillado plantando cara por un mísero indígena. Al ritmo marcial de La Rosa Amarilla de Texas, Bick se mide con los puños con el dueño del local. Pierde en la lucha y lo echan a él también pero, en realidad, la suya es una victoria moral, se ha liberado de su pasado. Ha ganado la guerra contra el racismo. En ese momento se ha convertido en un héroe, un auténtico gigante.


La escena final de aquella película de grandes espacios abiertos se desarrolla en una habitación cerrada. Leslie y Bick contemplan a sus nietos, uno rubio y otro de rasgos hispanos. Bick reconoce que los dos el futuro de su gran familia, y también el futuro de Texas. Fue otra de las aportaciones intencionadas del director George Stevens.



El montaje de la película se vio sacudido por la inesperada noticia de la muerte de James Dean en un accidente de tráfico, lo que engrandeció aún más la leyenda del film. Al principio no gustó demasiado la perspectiva de defensa de los “espalda mojada” que podía verse en el film, ni la importancia que se atribuía en la trama a la mujer, pero tras su estreno cosechó un gran éxito . El New York Times la calificó como la mejor película del año. Pero en Texas se desataron las furias. Amenazaron con tirotear las pantallas porque los dejaba en mal lugar, pero al final la película también gustó a rabiar entre los tejanos. Acabaron viéndola como una mirada irónica a sus defectos y virtudes. En realidad, la película dulcificaba los aspectos más crudos del libro.


 El movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos
Martín Luther King (1929-1968) comenzó su activismo en 1955, cuando Rosa Parks, una mujer de color, fue arrestada por violar las leyes segregacionistas de Montgomery, ciudad de Alabama de la que Luther King había sido nombrado pastor baptista en 1954.

Rosa Parks (1913-2005), miembro de la Asociación para el Avance de la Gente de Color, se negó a ceder su asiento a un hombre blanco en el autobús, como ya lo había hecho antes otra valiente mujer, Claudette Calvin, ese mismo año. Rosa Parks acabó en la cárcel pero aquella injusta situación sirvió para unificar el movimiento. Con apoyo de la NAACP, Martin Luther King lanzó un boicot a los autobuses durante más de un año que fue apoyado masivamente por la población de color y que dio lugar a que él mismo fuese arrestado e incluso sufriese atentados terroristas con bombas incendiarias. En medio de este tenso fermento social se produjo la histórica decisión del Tribunal Supremo el 13 de noviembre de 1956 que puso fin a este boicot declarando ilegal la segregación en los transportes en Alabama, la capital del racismo sureño. Previamente había tenido lugar otra decisión crucial en el caso Brown versus Board of Education, el 17 de mayo de 1954, relativa exclusivamente al sistema de educación público nacional. El “gigante” en esta ocasión fue el presidente del Tribunal Supremo, el Juez Earl Warren ( 1891-1974).

Martin Luther King
Ante su fracaso como grupo de presión legislativo durante la primera etapa de su andadura histórica, la NAACP, como parte de la campaña de los derechos civiles en la década de los años 50, convenció a diferentes a padres en varios estados para que presentasen solicitudes de admisión para sus hijos en escuelas para niños blancos. Cuando sus peticiones fueron rechazadas por razón de su raza, la Asociación comenzó a presentar pleitos ante los tribunales. Solo los demandantes en Delaware vieron reconocido su derecho, mientras que en Kansas, el distrito de Columbia, Carolina del Sur y Virginia, los tribunales de distrito sentenciaron que la segregación no era ilegal bajo el argumento que ya conocemos de que las escuelas blancas eran iguales en cuanto a factores tangibles tales como los edificios, transportes, currículos, salarios para los profesores y las cualificaciones profesionales de estos.
En 1952 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos aceptó su jurisdicción para conocer de todos estos casos, que se integraron bajo el nombre de Brown, el demandante en Kansas. Al proceder los pleitos de diferentes estados, la cuestión ya no se planteó como un conflicto meramente sureño sino que comenzó a verse más bien como un asunto nacional. La Corte Suprema tuvo que reexaminar la aplicabilidad de la doctrina “separados pero iguales” en el ámbito de las escuelas públicas elementales, en el que no existían pronunciamientos previos que pudieran considerarse como precedentes vinculantes.
En tiempos de la 14ª enmienda, en 1868, la educación de la población de color prácticamente no existía. La inmensa mayoría de sus miembros eran analfabetos. De hecho, su educación estaba legalmente prohibida en algunos estados. Por el contrario, hacia 1950 los afroamericanos habían alcanzado un considerable éxito en muchos campos de la vida, de manera que su situación social era completamente distinta. Con un criterio que podemos considerar como una “revolución copernicana”en el ámbito judicial, el Tribunal Supremo, en lugar de comparar los factores materiales, se fijó en las consecuencias que tenía la segregación en el ámbito de la educación pública. El Juez Warren estableció que la educación es la función más importante de los estados y los gobiernos locales y, por ello, merece los grandes gastos que se destinan a este fin, como fundamento de una sociedad democrática, el despertar a los valores culturales y la preparación para la formación profesional. La Corte se tomó un tiempo muy largo para alcanzar esta importantísima decisión: el caso fue discutido en 1952, nuevamente examinado en 1953 y sólo fue decidido en 1954, aunque la espera mereció la pena. El Tribunal Supremo sentó que la segregación no podía tener lugar en el ámbito de la educación pública como inherentemente desigualitaria, lo que resultaba contrario a la protección proporcionada por la Enmienda 14ª.

En una célebre cuestión retórica, el Juez Warren se preguntaba si la segregación de los niños en las escuelas públicas, basada exclusivamente en la raza, incluso aunque las condiciones físicas y otros factores tangibles puedan ser iguales, es capaz de privar a los niños de las minorías negras de una educación en igualdad de oportunidades en educación. La contundente respuesta fue sí. Earl Warren ya había defendido la integración de los estudiantes mexicano-americanos en California, cuando fue gobernador de este estado, y se aseguró de que la decisión del Tribunal Supremo en el caso Brown versus Board of Education fuese unánime, de manera que no pudiesen existir razones para sustentar la discrepancia de los estados segregacionistas
Fue un paso de gigante hacia la integración social de las minorías pero el reajuste de sistema escolar de toda la nación tuvo que enfrentarse a toda clase de problemas sociales.

El Manifiesto Sureño convocó a una resistencia masiva que incluía acciones violentas para defender la supremacía blanca. Su lema era ”Segregación ahora, segregación hoy, segregación siempre”. Por el contrario, el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos luchó con medios no violentos. La sentencia dictada en el caso Brown fue la forma en que la Corte Suprema estadounidense formalmente reconoció los derechos de la minoría negra que tan arbitrariamente habían sido ignorados en el caso Plessy. Thurgood Marshall (1908-10993 , el principal abogado en el caso Brown, llegaría a ser nombrado el primer Juez de color en la Corte Suprema.


Por otro lado, aunque la decisión del caso Brown pueda parecer un asunto interno, en realidad fue una prioridad en la política internacional de Estados Unidos durante la Guerra Fría. El gobierno federal estaba realmente interesado en limpiar la imagen del país, manchada por los casos de linchamiento, para facilitar la alianza con los pueblos no blancos que estaban obteniendo la independencia de los poderes coloniales. Con ello EEUU quería ganar ventaja sobre la propaganda comunista. Ello fue motivo de que el presidente Eisenhower nombrara a Earl Warren como presidente del Tribunal Supremo, porque sabía muy bien que este campeón en favor de los derechos humanos podría obtener la solución que el país necesitaba para ganar esos oportunos aliados contra la Unión Soviética.
A pesar de todo, la decisión del caso Brown no consiguió eliminar la segregación en el país. La desegregación alcanzó su punto culminante en la década de 1980 y, desde entonces, ha crecido nuevamente. La realidad americana actual muestra una nueva clase de segregación racial llamada de facto, que se caracteriza porque los blancos ricos viven en barrios caros con el fin de impedir el acceso de gente a la que consideran indeseable. Aunque en 1974 la Corte Suprema americana dio marcha atrás al sentar que la segregación de facto no es contraria a la Constitución, resulta indudable que la educación sobre una base no segregada indudablemente es la mejor forma para superar los estereotipos y los prejuicios raciales, como el Juez Warren fue capaz de ver 60 años atrás. Lamentablemente, no es posible cambiar la mentalidad de las gentes de la noche a la mañana a través de decisiones judiciales y legislativas, pero no podemos perder la esperanza de que, con el esfuerzo de todos, el mundo llegará a ser diferente algún día, como el Juez Warren, Martin Luther King, Rosa Parks, Thurgood Marshall, Edna Ferber y George Stevens se atrevieron a soñar.

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A mis padres, Manuel Lorenzo y Encarnita Hernández que, como otros muchos jóvenes en aquella década que cambió el mundo, imaginaron una sociedad más justa e igualitaria y quisieron que fuera posible. Con agradecimiento.

Fuentes consultadas:
-Hijos de Gigante. Documental dirigido por Hector Galán en 2015
-Lorenzo, Encarna: Brown versus Board of Education, 2014
-entradas en Wikipedia: Giant; Edna Ferber, Martin Luther King, George Stevens, Rosa Park, Earl Warren, Thurgood Marshall

5 comentarios:

  1. Me ha encantado, Encarna. Gigante es una de mis películas favoritas. Me ha venido a la cabeza también, aunque diferente, pero que trata desde otro punto de vista el tema de la segregación, "matar a un ruiseñor", tanto el libro como la película. Muchas gracias por esta entrada. Como siempre, he aprendido mucho. Marisa.

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    1. Muchísimas gracias por leer y comentar. Tienes toda la razón, Matar a un ruiseñor es unaa referencia perfecta en la visión novelística y cinematográfica de los perjuicios raciales. Ambas son absolutamente maravillosas y merecerían una entrada. No las he incluido aquí porque ya pertenecen a la década de los 60. Pero ya hablaremos de Haper Lee en otra ocasión.

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  2. Una entrada muy completa, con un repaso de la película y la lucha por los derechos civiles de las minorías raciales en los Estados Unidos. La doctrina de "separados pero iguales" es una forma muy subrepticia de mantener la segregación de facto, aunque no de jure, y se explota en películas como "Criadas y Señoras " (¡y tantas otras!), a la que no estaría de más dedicarle una entrada. Pero el planteamiento de "Gigante" es destacable por el momento en el que se hizo. Enhorabuena por la entrada, todo un lujo.

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  3. Jose Ignacio González Lorenzo me ha enviado un comentario que me hace ilusión compartir aquí: "Como siempre magnífico el artículo Una década de Gigantes. No solo está bien narrado y explicado sino que emociona la defensa de los valores universales del ser humano. Hace que uno se sienta orgulloso de tu amistad. Por deformación profesional me quedo con una frase que bien podrían grabar en sus despachos los políticos del ramo:

    El Juez Warren estableció que la educación es la función más importante de los Estados y los gobiernos locales y, por ello, merece los grandes gastos que se destinan a este fin, como fundamento de una sociedad democrática, el despertar a los valores culturales y la preparación para la formación profesional".
    Mil gracias, Jose Ignacio.

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  4. Felicidades por la entrada. En esa escena final de "Gigante", donde Bick observa a su nieto rubio y al otro moreno, creo que es cuando musita aquello de, "que me aspen si no es un comanche". Ha aprendido, sí, acepta las diferencias, pero la película también es inteligente en mostrar que los prejuicios implantados desde generaciones atrás no desaparecen de la noche a la mañana.

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