martes, 25 de agosto de 2015

THEA VON HARBOU: El CINE ALEMÁN ENTRE GUERRAS


1. Una niña prodigio
Thea Gabriele von Harbou nació el 27-12-1888, en Tauperlitz (Bavaria), en el marco de una familia de la nobleza prusiana. Recibió una educación exquisita y muy completa, que potenció al máximo sus extraordinarias facultades: hablaba varios idiomas, tocaba el piano y el violín y, ya con 13 años, escribía narraciones y poesías. Su primera novela se publicó en 1905. Tenía entonces 17 años. Sin embargo, la emergente industria del cine la atrajo irremisiblemente. Para enorme disgusto de su padre, debutó como actriz en 1906, al tiempo que empezó a escribir para la gran pantalla historias basadas en mitos épicos y en leyendas con un fuerte tono nacionalista, patriótico, que enfatizaban la moral del sacrificio y el deber. Con ellas, Thea se convirtió en una de las guionistas más reputadas de Alemania.

En 1914 contrajo matrimonio con el actor y director Rudolf Klein -Rogge (1885-1955), a quien conocemos bien como el mago Rotwang de la celebérrima Metrópolis (1927). Su unión duró hasta 1920. Unos años antes había conocido al también guionista y cineasta vienés Fritz Lang (1890-1976), con quien escribió el guión para una película que acabó dirigiendo en 1921 otro director, Joe May. El tigre de Esnapur y La tumba india eran los dos episodios de que se componía la saga, llenos de aventuras exóticas muy del gusto de la época. Thea y Fritz Lang compartirían siempre la pasión por la India. Los vemos juntos en una fotografía, tomada en 1923, rodeados de una decoración muy oriental. 


2. Una gran profesional

Del artículo de la Wikipedia (en inglés) sobre Thea, que es bastante completo, se desprende una excelente impresión sobre sus aptitudes de trabajo y en el trato humano. Debía de ser una persona extremadamente competente en su trabajo. Destaca, en particular, su cuidado guión para M, el vampiro de Düsseldorf, basado en un caso real que acaeció a finales de los años 20. Para su elaboración, Thea echó mano de los artículos que habían sido publicados en los periódicos, contactó con los cuarteles de policía de la famosa Alexanderplatz e incluso tuvo acceso a los archivos secretos. Paradójicamente, no aparece como guionista de la película en los títulos de crédito.

Tenía mucha fuerza creativa y era muy eficiente. Hasta novelaba sus propios guiones para hacer coincidir la publicación de las novelas con el estreno de los filmes y así obtener una publicidad adicional, como hizo con Metrópolis. Se dice que en los rodajes era fantástica: se llevaba muy bien con sus compañeros, para los que solía cocinar con objeto de ahorrar gastos en la producción. Todo un espíritu de sacrificio en una aristócrata a la que no se cayeron los anillos cuando llegaron los tiempos de penuria económica.
3.Thea y Fritz, sociedad cinematográfica 


En agosto de 1922, Fritz y Thea se casaron.El vínculo amoroso debió de ser breve. Aunque la siempre maravillosa Thea se ocupaba meticulosamente de los problemas domésticos y de atender la agenda de compromisos sociales Fritz la ofendió con su públicas infidelidades con chicas jóvenes. Sin embargo, de su unión intelectual, mucho más robusta y perdurable, nacería una obra maestra del séptimo arte, Metrópolis (1927), el primer largometraje de ciencia- ficción y el rodaje más caro realizado hasta aquella fecha. Su influencia en la historia del cine resulta inconmensurable. Aunque se ha querido otorgar mayor relevancia a los aspectos estéticos y visuales del film, no resultan separables de la trama que los soporta. 


El guión lo escribieron Fritz y Thea mano a mano y después dio lugar a la novela escrita por Thea en 1925, recién reeditada en castellano. Eran los agitados años de la República de Weimer (1.919-1.933), con su inestabilidad política crónica, su galopante inflación y su creciente crispación social. Las noches de juerga en los animados y cosmopolitas cabarets, el ritmo alocado del jazz y el frenesí artístico las vanguardias, contribuían a espantar esos fantasmas amenazantes. 

Lola Lola canta Enamorada de los pies a la cabeza en El Angel Azul
Triunfaba el expresionismo, y la producción fílmica experimentó un crecimiento verdaderamente asombroso. En 1922 se rodaron en Alemania 200 películas. Thea colaboró con su esposo en muchas de sus grandes cintas del período alemán, como Las tres luces (1921), Dr. Mabuse (1922), Los Nibelungos (1924), Fausto (1926), Una mujer en la  luna (1929), la ya citada M, el vampiro de Düsseldorf (1.931) o El testamento del doctor Mabuse (1932), aunque igualmente realizó guiones para cineastas tan geniales como  F. W. Murnau o Carl Th. Dreyer. Sin embargo, su obra más conocida sigue siendo Metrópolis.

4.Metrópolis, una sociedad en crisis

 Año 2026. Las poderosas élites habitan en una megalópolis cuajada de rascacielos, cuyo skyline evoca el Nueva York de los años 20, que visitaron en 1924. 


Los obreros, por el contrario, viven como esclavos, encerrados en su suelo y tiranizados por máquinas que no descansan día y noche. Incitados a la rebelión por una mujer robot, malvada e impúdica, los obreros se lanzan a destruirlas. Pero el hijo del dueño, de la mano de María, una joven humilde y religiosa, sellará la paz entre trabajadores y propietarios. Como se advierte, es la misma problemática social que se escondía en La máquina del tiempo (1895) de H. G.Wells. También allí se confrontaban los Eloy, los hedonistas descendientes de los antiguos propietarios, con los sanguinarios Morlocks, herederos de los proletarios que trabajaban en la industria bajo tierra. A la caída de la noche, daban caza y mataban a los vástagos de sus antiguos opresores. La cuestión que H. G. Wells ponía así sobre el tapete, también bajo la apariencia de la historia de ciencia-ficción, era como conseguir un orden social más justo y solidario, aunque no ofrecía ninguna vía de salida en esa novela que se tituló inicialmente Argonautas en el tiempo.




 El hecho de que la temática de base se repita en Metrópolis es índice de que el arte de aquella etapa reflejaba, con escaso disimulo, el temor ante el contagio de la revolución proletaria, que había cuajado en Rusia, en 1917, con el triunfo del bolchevismo. La solución propuesta por Lang y Von Harbou en Metrópolis era una alianza entre el capital y la fuerza de trabajo, bajo la metáfora de la reconciliación entre cerebro y el músculo a través del corazón. Las dos clases necesitaban un mediador para asegurar la ansiada armonía.

 Si intentamos desbrozar un poco esas ideas, nos encontraremos con que son un fiel reflejo de las contradicciones de aquella difícil situación histórica. Por una parte, toman de Marx la denuncia de la alienación y explotación de los trabajadores, sojuzgados por máquinas inútiles Pero, en cambio, aparece un claro rechazo a la insurrección obrera, que solo conduciría al hundimiento del sistema social en su conjunto. La película advertía contra los falsos profetas, capaces de arrastrar a las masas a su propia perdición.




Anita Berber, por Otto Dix


















5. Las contradicciones del ser mujer

Igualmente se confrontan en Metrópolis dos modelos de mujer. Una, liberada sexualmente, no duda en explotar los bajos instintos masculinos. Es la Eva del futuro, un robot sin corazón. Su hipnótico baile en el cabaret Yoshiwara me parece sacado de los escandalosos espectáculos de Anita Berber (1899-1.928), una vampiresa que fue la estrella más procaz del cabaret berlinés. 




















Su doble, muy al contrario, es honesta, humilde y maternal, ejemplo de todas las virtudes cristianas que resume su nombre, María. En el film tiene, además, una apariencia impecablemente aria. El presupuesto que subyace bajo esta contraposición es, indudablemente, reaccionario. Ya están ahí las tres “K” de la ideología nazi: Kinder, Küche y Kircher, esto es, niños, cocina e iglesia, un destino hogareño para la mujer alemana. Por estos pagos, la fórmula se tradujo como"cuna, cocina y calceta".



Sin embargo, Thea parece una mujer muy contradictoria en sus ideas.Quizá nos falte la clave para entender esos vaivenes intelectuales. En 1931 desarrollaría un fuerte activismo contra la prohibición del aborto. Argumentaba que se necesitaba un código sexual nuevo porque el viejo era machista. Había sido creado por hombres que nunca podrían verse en la situación de una mujer que, teniendo que sacar adelante a un hijo, sabe que no podrá alimentarlo. Desde nuestra superabundancia actual, resulta difícil entender qué significaba para una sociedad como la alemana de entreguerras, con la miseria reinante, esta difícil tesitura para una madre. Thea denunciaba también que la legislación existente apartaba mujer de la actividad económica y política.

6. Cine y nazismo
Hay también en Metrópolis una inaceptable solución corporativista: la paz social se hace depender de que los trabajadores se plieguen a los intereses de la clase dirigente, liderada por el Mediador. No tan casualmente, fue el pensamiento que alentaba el Partido Obrero Alemán, después denominado Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes. Su jefe era Adolf Hitler, que ya en 1922 se presentaba como la “viva encarnación del anhelo de la nación”. Resulta perturbador darse cuenta que esta película prefiguraba la venida de un gran líder conciliador, y cuán distinto resultó finalmente del ferozmente belicista y genocida Fürher.

La iconografía del filme mezcla el futuro más tecnológico con el oscurantismo medieval: el demoníaco mago Rotwang, rodeado por la estrella de David, recuerda a los cabalistas judíos, y no faltan las  catacumbas ni la quema de brujas. Del mismo modo, encontramos alusiones a mitos bíblicos, como la torre de Babel o el dios pagano Baal, personificado en la gran máquina destructora.



En su época, la obra recibió grandes aplausos por sus impresionantes efectos visuales y su recreación futurista de inspiración art decó. Pero H.G.Wells consideró inadmisible que condenase el maquinismo como inútil y se posicionase contra el progreso. Acusó a los coautores de plagiar el Frankenstein de Mary Shelley y las obras pioneras de Karol Capek sobre robots, y hasta su propia novela Cuando el dormido despierte, de 1910. En resumen, para él se trataba de la película más tonta del mundo con diferencia.
Muchos años después, cuando ya se había convertido en uno de los grandes maestros del cine negro en Estados Unidos, el propio Lang reconocería que su propuesta del corazón intermediario era un cuento de hadas sin sentido y que, en aquellos días, no eran políticamente conscientes de lo que se les avecinaba. Como advertía el entrevistador y director americano Peter Bodganovich, quizá siempre pesó en su ánimo lo mucho que les había gustado la película a los jerarcas nazis. Aunque lo más valioso y perdurable sean sus deslumbrantes imágenes, precisamente por esas formidables paradojas la Unesco consideró, en 2001, que Metrópolis debía formar parte de la Memoria de la Humanidad, como viva encarnación de la sociedad de su tiempo y por la profundidad de su contenido humano. Fue el primer film en conseguir esa distinción, que ha sido concedida sólo a unos pocos, como Los olvidados de Buñuel. Curiosamente, nuestro cineasta más universal decidió dedicarse al cine cuando, en 1926, descubrió en Paría la película de Fritz y Thea Las tres luces.


A la hora de ilustrar esta entrada me encontré con tantas imágenes imprescindibles que, como el asno de Buridan, me fue imposible escoger, así que Pedro Losada y yo hemos elaborado un corto audiovisual, con música techno de la versión de Giorgio Moroder (1.984).



En 1932, el ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, propuso a Fritz Lang hacerse cargo de los estudios de la UFA, la cinematografía alemana. Thea se había afiliado al partido nazi ese mismo año y colaboró con el aparato propagandístico alemán. Lang, en lugar de aceptar el encargo, decidió escapar a Francia inmediatamente. Ambos se divorciarían en 1933, aunque su ruptura personal ya venía de lejos. Fritz Lang mantenía una relación con la actriz Gerda Maurus desde hace un tiempo, pero Thea tampoco se había quedado en un rincón de su casa llorando la ruina de su matrimonio. La ruptura oficial entre los esposos se produjo cuando el director la encontró en los brazos de Ayi Tendulkar.


 Buscando en la red alguna información sobre este personaje, he encontrado datos muy interesantes en un artículo de Dileep Padgaonkar, publicado en The Times of India el 8-3- 2013. Ayi Tendulkar era un pobre pero apuesto indio. En su país se había unido al movimiento de liberación de Gandhi y siempre permaneció cercano a sus grandes líderes. Igual que Thea, debía de ser intelectualmente muy brillante: estudió en una universidad británica, como también en la prestigiosa Escuela Normal Superior de París. Sus incuestionables encantos físicos, tanto como su inteligencia, hicieron estragos entre las féminas. Primero se casó con una belleza italiana cuya unión duró muy poco. Una hija de esa primera esposa se casaría después con Gregory Peck, y Ayi pagó su dote. Después, este cosmopolita indio marchó a Gotinga a estudiar Matemáticas. Allí llego a ser el ojo derecho de su profesor, hasta el punto de que lo casó con su hija. Pero este matrimonio fue tan breve como el anterior. Entonces, el moreno don Juan recaló en Berlín para doctorarse en Ingeniería mecánica. Para subvenir a sus necesidades económicas, comenzó a publicar artículos propagandísticos en favor del movimiento de emancipación de la India, que captaron la atención de Thea, siempre fascinada por la cultura del subcontinente. Ella lo invitó a tomar café y, como dice el autor  del artículo, una cosa llevó a la otra. La guionista, de 44 años entonces, le llevaba 17 al joven doctorando. Thea, nada racista pesar de sus simpatías por el gobierno nazi, tuvo que casarse en secreto con Ayi en 1933. Pero durante la Segunda Guerra Mundial, Ayi se vio obligado a abandonar Alemania. Ya en la India y, como no podía ser de otro modo, se enamoró nuevamente de una congresista, con la que tardó en poder casarse porque Gandhi le impuso un plazo de reflexión de cinco años para madurar su amor, y que coincidió con el tiempo en ambos estuvieron encarcelados por su activismo anticolonialista. En 1953, la nueva esposa de Ayi se presentó en Berlín y tuvo un encuentro con Thea, acompañada de su pequeño hijo de dos años, Laxmi Dhaul, que ha escrito un libro sobre su padre y aquella época de tempestades políticas, The Shadow of Freedom.

8.La posguerra       
Durante la égida nazi, además de ocuparse de los guiones, Thea dirigió ella misma un par de películas, pero la experiencia no le satisfizo, así que prefirió trabajar como escenografista. Después de la guerra, permaneció detenida en un campo británico de prisioneros de julio a octubre de 1945. A pesar de su notorio posicionamiento ideológico en favor del odioso régimen, Thea alegó que su afiliación al Partido Nacional Socialista tuvo como objeto ayudar a mejorar la situación de los indios en Alemania. Igualmente se demostró que su trabajo en favor del gobierno consistió en la ayuda médica prestada por ella durante los bombardeos. De hecho, llegó a recibir una medalla al mérito por salvar a diversas personas durante dos ataques aéreos.
Estando prisionera, dirigió una representación de Fausto en el campo pero, una vez liberada, entre 1945 y 1946, el papel “teatral” que jugó fue el mismo que interpretaron muchos millones de mujeres alemanas, el de Trümmenfrau, “mujer de los escombros”. 

Tras la guerra, se dedicaron a reconstruir las ciudades reutilizando para ello los elementos de derribo. Fue una decisión tomada por las potencias ocupantes de Alemania, que ordenaron a las mujeres entre 15 y 50 años encargarse del desescombro y limpieza. Thea, sin embargo, ya tenía 56 años por aquel entonces. En  1945 había en el país la desproporcionada cifras de 7 millones de mujeres más que de hombres, la mayoría viudas. A cambio del cuenco de sopa que les daban los estadounidenses, tuvieron que hacer frente, con ayuda de la tecnología más elemental, que recuperar la habitabilidad de las ciudades bombardeadas, en las que se habían perdido 4 millones de casas y otras tantas habían sido dañadas. 
Monumento en Dresde

Hasta 1949 no se reconoció solemnemente el mérito de estas Trümmenfrauen, a las que sólo muy tarde y con tacañería se premió económicamente por su ingente esfuerzo. La película Rama Dama (1991) del director vienes Joseph Vilsmaier, describe la vida de estas valientes mujeres.

9. El final

La pobre Thea, a pesar de su mala salud, siguió trabajando desde la cama. En 1954, con 65 años, era la invitada de honor en homenaje en el que se proyectó la película de 1921 Las tres luces, que había dirigido Fritz Lang con guión de Thea. Sin embargo, al salir del recinto resbaló, falleciendo por las complicaciones de la caída. Curiosamente, otro título con el que se conoce a ese fatídico film es La muerte cansada.
En 1959 Fritz Lang rodaría en Alemania El tigre de Esnapur y La tumba india, sobre el guión que había escrito con Thea 40 años atrás. Una hermosa epopeya como despedida de su colaboración. 
Esta entrada se publicó en el blog Ateneas ( http://mujeresparalahistoria.blogspot.com.es/2013/09/thea-von-harbou-el-cine-aleman-entre.html ). Es una versión bastante ampliada de una parte de otro artículo, centrado en "Metrópolis". Puede resultaros interesante contextualizar el trabajo de Fritz Lang y Thea von Harbou con otros grandes acontecimientos en el mundo de la cultura en 1922, así que dejo puesto el enlace, por si lo queréis consultar:   http://esprituycuerpo.blogspot.com.es/2013/08/1922-seis-grados-de-separacion-en-la_29.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario