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miércoles, 21 de febrero de 2024

FELINA (2024): UN NUEVO CORTO DE ANIMACIÓN DE MARÍA LORENZO


Volvemos a entrevistar en nuestro blog a la realizadora alicantina María Lorenzo para que nos hable de su último trabajo, Felina (2024), que no solo es deslumbrante desde el punto de vista visual, sino que atrapa fácilmente al espectador en la intriga que plantea. Aquí tenéis un estupendo trailer del corto que os sumergirá en su estética y temas:


     P. María, estamos quizá demasiado acostumbrados a que la animación comercial explote al máximo las posibilidades del color. ¿Por qué hacer, entonces, una animación en blanco y negro?

    R. Es verdad que la animación comercial, en cuanto pudo, se pasó al color. De hecho, las primeras películas a color fueron anuncios animados realizados en los años 20 y 30, y es en el cine de animación de esa época donde mejor pueden apreciarse muchas innovaciones en la búsqueda de nuevos formatos y técnicas.

Pero, afortunadamente, la animación independiente puede andar su propio camino. Persépolis (2009), que era un largometraje independiente, está realizado en blanco y negro; el hecho de que estuviera inspirado en un cómic con esa dicción gráfica, y que la directora fuera también la creadora del cómic, Marjane Satrapi, viene a respaldar estas elecciones estéticas que son, aparentemente, difíciles.

El blanco y negro tiene una poética muy poderosa. No todas las historias pueden contarse en color. De lo contrario, no tendría sentido que, en plenos años 90, Woody Allen rodara Sombras y niebla en blanco y negro. Y Manhattan, y Zelig… Una vez programé el vídeo para grabar Lunas de hiel, de Roman Polanski, y por accidente se grabó en blanco y negro. Vi así la película sin saber que era en color, pero me pareció totalmente fascinante.

Además de mantener una coherencia con los referentes de Felina, que son en su mayoría en blanco y negro, y de la necesidad de buscar un ambiente de cine noir, quería aprovechar para aprender más a la hora de diseñar la iluminación de un plano y componer los encuadres. Maurice Noble, director de arte de la Warner, decía que la valoración tonal era lo más importante de un plano, y que si esto estaba bien hecho, el color sería “the ice on the cake”: la guinda.

Estéticamente, al renunciar al color, han cobrado más importancia las texturas de los sombreados y el line art o dibujo a línea de los elementos de los fondos, en los que hemos alternado línea blanca y línea negra, para hacerlos más expresivos. Julia Happymiaow y Carla Moliner hicieron un gran trabajo, inspirándose en escenografías de animación de los años 50, como las de la United Productions of America, o los fondos de Walter Peregoy para Disney (101 dálmatas, por ejemplo).

   P. Pues, efectivamente, las colaboraciones en el corto son verdaderamente deslumbrantes. Luego hablaremos de ellas con más detalle. En el mundo que nos muestra Felina, los que yo llamaría “humanimales” pasan desapercibidos. De alguna manera me recuerda las reflexiones un tanto apocalípticas del protagonista de la novela de H. G. Wells, La isla del Dr. Moreau (1895). Cuando regresa a la gran ciudad, en cada persona con la que se cruza en la calle cree ver a los Hombres Bestia, animales con apariencia humana solo en su exterior, pero dispuestos a volver a su ser animal a la menor oportunidad. ¿Cómo se te ocurrió la idea para este corto?

   R. Tengo anotaciones en mis cuadernos desde más o menos 2010… La verdad es que no me acuerdo por qué me pareció totalmente obvio y necesario hacer una película sobre una mujer pantera, pero sí recuerdo que Enrique (el productor) y yo estuvimos dibujando situaciones en las que podía encontrarse: ella haciendo cola en la fila del veterinario, rodeada de otras personas que llevan animales, pero ella no… tendría que esconder sus uñas retráctiles cuando se pusiera las medias, etc. El personaje debía dictar la historia. Supongo que, ante todo, tenía ganas de animar gatos. El recuerdo de nuestros gatos siempre me ha resultado muy inspirador, y evidentemente pensaba en nuestro siamés cuando hice mi primer corto, La pantera de Rilke, en 1999.

Más adelante releí La isla del Dr Moreau y la verdad es que me impresionó mucho la parte en la que el narrador se queda varado en la isla mientras los Hombres Bestia regresan a su forma animal —y “regresan” es mucho decir, porque algunos eran compuestos de varios animales—. Es una pena que, hasta ahora, ninguna adaptación de la novela se ha preocupado de reflejar esa parte final del relato. Me interesó mucho la idea de la regresión, y a partir de ahí pensé que Felina debía ser, en su origen, una pantera transformada en humana.

La idea de que la inminente maternidad de Felina es lo que acelera su regresión llegó más tarde. Durante todo este tiempo la historia ha ido dando muchas vueltas, y finalmente opté por renunciar a las referencias a La isla del Dr Moreau, porque era más sencillo si Felina podía transformarse en pantera a voluntad. De esta forma, no sabríamos si es una mujer que puede convertirse en pantera, o una pantera que puede convertirse en mujer.

Hay varias películas de animación que exploran premisas parecidas: en Pompoko, de Isao Takahata, los mapaches y zorros ven cómo se destruye su hábitat y aprenden el arte de la transformación para hacerse pasar por humanos, para vivir en la ciudad. En Los niños lobo, de Mamoru Hosoda, una joven tiene hijos con el último hombre-lobo de Japón; la película es encantadora y muy tierna, porque transmite las preocupaciones reales de una madre real, aunque sujeta a una situación extraordinaria. Pero no es necesario dar una explicación a todo: en la animación, todo fluye con más naturalidad.

   P. Ciertamente. En Felina podemos encontrar una intensa intertextualidad o, mejor expresado, una fuerte intermedialidad. Continuamente escuchamos ecos de otras ramas artísticas que confluyen en tu corto: además de la literatura, encontramos la pintura de Magritte, la arquitectura art déco… Pero, sobre todo, está presente el Séptimo Arte: La isla de las almas perdidas (1932), Freaks (curiosamente, una película del mismo año que la anterior) y hasta haces citas explícitas a La mujer pantera (1942). ¿Crees que el hecho de que el espectador reconozca esos referentes condiciona en alguna medida la interpretación de lo que va sucediendo en la historia? Es decir, ¿intentas jugar con las expectativas del espectador, o bien nutrir el instinto de cazadores de citas que todos los cinéfilos llevamos dentro, o tu propósito era enriquecer tu obra colocándola en esa compleja red de referentes culturales?

  R. Evidentemente, yo no ignoro esos referentes, pero como ya he comentado, en el corto confluyen muchos otros. E incluso los que no he manejado conscientemente, como El hombre elefante, están ahí. Al final, cada historia la construye el espectador a partir de sus propios conocimientos y experiencias. En Felina estamos usando un personaje arquetípico, y eso hace que esté más accesible a interpretaciones culturales. Pero yo creo que esas capas de significado se pueden encontrar con mucha frecuencia en todo tipo de películas.

Incluso cuando vemos películas que adaptan libros, la visión del realizador no es necesariamente la misma que la del escritor original. Por ejemplo, Crimen y castigo de Dostoyevski es una reflexión sobre la culpa: la diferencia ente la culpa objetiva, y la culpa subjetiva —y Woody Allen ha hecho muchas películas sobre ese mismo tema sin necesitar adaptar directamente el libro—. Pero luego tenemos el Crimen y castigo de un animador polaco, Piotr Dumala, que de lo que de verdad está hablando en los 30 minutos que dura su versión es de la naturaleza violenta del ser humano. Al final, tú estás aportando tu lectura.

   P. En la historia, todos los personajes, salvo tal vez los espectadores del cabaret, son “humanimales”: Felina y sus cachorrillos, el pianista ciego, los cazadores, el malvado ginecólogo, el arácnido domador de fieras, los artistas… Hasta el perro lazarillo puede decirse, parafraseando a Nietzsche, que es “humano, demasiado humano.” Tu historia parece conducirnos a un universo de seres híbridos que supera esa lógica binaria que contrapone radicalmente a hombres y animales. En las tribus amazónicas, por ejemplo, ese dualismo no existe, todos son considerados “personas.” Buscan una armonía que garantice la supervivencia de la naturaleza. ¿Existe, en alguna medida, un mensaje ecologista en tu película? ¿Qué querías contarnos con esta fábula de zoomorfismo?

  R. En relación con lo de las tribus amazónicas, me ha recordado a lo que decía el protagonista de Dersu Uzala: “el viento es gente poderosa”. Fíjate que cuando se lanzó el proyecto de La mujer pantera, se partió básicamente de un título, sin argumento: Cat People. La gente-gato. Esto evoca la idea de una multiplicidad de seres ocultos; esta idea tan interesante está en la película —hay otra mujer pantera que llama “hermana” a la protagonista—, pero al final queda muy desdibujada.

En Felina hay un componente animalista, es obvio, como también lo hay en las otras películas de animación que he mencionado. Pero ¿cómo evitarlo? Las películas de Wes Anderson también lo tienen: Fantastic Mr Fox e Isla de perros. Sobre todo en la primera, vemos animales que se han acostumbrado a actuar como humanos, han adoptado nuestra forma de vida, pero hay uno, el lobo, que prefiere seguir siendo salvaje.

Al final, todos somos animales. Por tanto, ¿qué somos realmente? Cuando vas a parir un hijo, cuando lo alimentas con tu cuerpo, todas las capas de civilización se caen en pedazos. Todo parece alienígena e increíble, y sin embargo es lo que ha ocurrido desde la noche de los tiempos.

   P. Pues sí, es hora de repensar las fronteras de todo tipo. En tu corto aparece otro tema antropológico interesantísimo, como es el de los zoos humanos. El vagón en el que Felina está prisionera recuerda el triste hábitat de John Merrick en El hombre elefante (1980), que antes has mencionado. La fascinación y el horror por lo monstruoso, lo híbrido entre lo humano y el reino animal, podría ser expresión del viejo conflicto decimonónico ante el evolucionismo y quizá por ahí van los tiros en la novela de H.G. Wells. El elenco de personajes en el Cabaret des Animaux es asombroso: Gaelle, la mujer libélula trapecista; Turquoise, la reina del desierto, una cobra contorsionista; Z, la cebra funambulista; las Sirenas del Danubio, unas mujeres peces… Verdaderamente merecerían todas ellas, junto con los anónimos “humanimales” masculinos, un spin off. ¿De dónde habéis sacado la inspiración para crear estos personajes tan atractivos?

   R. Durante mucho tiempo esta fue la parte más indeterminada de la historia, sobre todo porque la decisión de llevar la escena final al Cabaret no se tomó hasta 2021. En las primeras versiones del proyecto, el clímax tenía lugar en el zoo abandonado donde “transformaron” a Felina, en un lugar lleno de animales disecados. Pero la animación es cine, y mejora cuando hay movimiento. El cambio de escenario obligó a cambiar la mayor parte de la historia y a desarrollar más el desenlace, por lo que hizo falta introducir estos personajes.

La primera referencia fueron números de ballet y vodevil, como el show de Vicky Butterfly, una artista de burlesque que reproduce el Baile de la Serpentina de Loïe Fuller, con efectos luminocinéticos; también la Danza de la araña de Milena Sidorova [video abajo], o la Danza de la serpiente, una coreografía clásica de Janik y Arnaut, sirvieron para ir trazando imágenes que evocaban un ambiente determinado.

Pero el diseño de los personajes no llegó hasta que Gael García Llácer, un alumno de Bellas Artes con mucho talento, se introdujo en el proyecto y nos brindó sus preciosos diseños. Es una pena que no aparezcan en más escenas, porque me resultaron muy agradables de animar; pero brillan mucho en los carteles que reflejan la esencia del espectáculo y le dan mucha personalidad al corto. Gael dibujaba propuestas a partir de las escenas que le enseñaba y también iba sirviendo diseños conforme los iba necesitando, un poco en plan: “sácame una mujer cebra” o “necesito un cocodrilo para el plano de la lucha”.

   P. Vayamos ahora a los personajes híbridos masculinos que habitan el mundo de las sombras: el ginecólogo con lengua de ofidio, con aspecto de médico nazi, suministra presas al odioso director del cabaret, una araña que utiliza el hipnotismo como arma de control mental. Sobre estos villanos animalescos te quería plantear dos cuestiones. Una, nuevamente, sobre tus fuentes de inspiración para estos dos personajes, porque ninguno de ellos es el típico mad doctor, como el Dr. Moreau. Y, la segunda, aunque también hay actores masculinos, solo quedan abocetados, por lo que resulta evidente el dualismo entre el macho dominador y las artistas del cabaret, que son hembras dominadas. ¿Había un explícito planteamiento feminista en la escritura del guion o es un simple reflejo de la realidad que nos circunda?

   R. La idea de que el médico fuera también un animal, y un traidor, tardó en surgir. Al principio solo estaba para hacer más chocante la escena de estar viendo dos gatos en una ecografía, y una mujer delante de tus ojos. Pero se me ocurrió lo de la lengua bífida y, de repente, la historia cambió.

En cuanto a la araña, al principio sí era un mad doctor, pero tratándose de una araña, no deja de tener ese componente de artífice, de ser poderoso que domina las apariencias, que teje ilusiones… Un poco como la araña de Coraline.

La araña también tiene unas connotaciones muy psicoanalíticas: están relacionadas con una figura materna que es capaz de devorarte. Por otro lado, Felina cae en su trampa porque no es capaz de enfrentarse a la verdad: se niega a mostrarse tal como es al hombre que ama (que, irónicamente, es ciego). Al final, ¿qué clase de cosas hacemos para que los demás nos acepten? ¿Qué somos en realidad? ¿Quién soy yo? La gente siempre puede sorprenderte con un comportamiento que no ves venir; a veces, hasta te puedes dar sorpresas agradables a ti mismo.

    P. En el cartel del corto, Felina parece la protagonista de un noir clásico, pero ella está muy lejos de ser una femme fatale. Va vestida impecablemente de blanco, el color del bien, de la pureza. Tu corto parece ser un homenaje a diversos géneros del arte: no solo el cine negro, también al cine de suspense o al expresionista, con las sombras y la distorsión de ciertos elementos arquitectónicos que traen a la memoria El gabinete del doctor Caligari (1920). Otros detalles estéticos maravillosos beben del estilo art déco, con la omnipresencia de geometrías angulosas (rectángulos, triángulos y, especialmente, rombos), que alternan con las formas circulares, como la wonder wheel, los focos, la luna, las cúpulas de algunos edificios, las elipses o unas espirales que recuerdan a la película Vértigo (1958). Háblanos de esos juegos de formas y contrastes cromáticos.

   R. Bueno, primero de todo: Felina va de blanco porque contrasta con el color negro de la melena. Cuando lo lleva recogido en una cola alta, da pie para que pueda vestir una malla más oscura, en el circo. Son decisiones prácticas que se adoptan para la puesta en escena: en un plano que dura poco, hay que poder localizar rápidamente al personaje.

En cuanto a la presencia de algunos patrones geométricos, su utilidad es la misma: deben ayudar a saber dónde estamos. Esto sucede especialmente en el montaje simultáneo que hay cuando Felina sube a casa de Félix desde la calle: es necesario asociar visualmente ese espacio con Félix, que lleva gafas romboidales; por tanto, el rombo está presente en esos espacios. En contraste, el pequeño apartamento de Felina tiene círculos. Es una película muy breve, pero la historia es compleja, con muchos espacios distintos, y hay que guiar al espectador para que no se pierda. Las espirales del circo fue una idea que cogí cuando fuimos a ver el Circo Raluy. También vimos el Circo de los Horrores y el Circo Encantado: es muy positivo para un proyecto que te muevas de tu casa y vayas a conocer in situ aquello que quieres representar.

   P. Permitidme que os recomiende ver Felina a cámara lenta para capturar todo ese montón de pequeños y cuidadísimos detalles visuales, aún a riesgo de distorsionar la maravillosa música de Armando Bernabéu Lorenzo, tu compositor de cabecera, que ha hecho un trabajo impecable. Hablemos de cómo era tu idea melódica para cada parte del corto y cómo está construido musicalmente el tejido narrativo de la historia.

   R. En cuanto a la música, cabe hablar de la otra gran limitación de este corto, junto con la elección del blanco y negro: no hay diálogos. Generalmente, si no tengo diálogos, le doy más importancia al sonido ambiente, a los ruidos (el Foley), porque proporcionan mucha información que no obtenemos de otra forma. Por tanto, en el diseño de sonido hay que encontrar un equilibrio entre el sonido diegético (que pertenece a la escena) y el extradiegético (la música y otros efectos).

Para vestir la historia en sus primeros estados, seleccioné algunas músicas que ya existían, como el Libertango de Piazzola —que fue prácticamente el leit motiv de la historia—, o The Cannon Song de Kurt Weill para denotar el cabaret. Con estos referentes, Armando fue creando los temas principales. Algunos tomaron forma definitiva antes, mientras que otros costaron mucho trabajo. Armando también se esforzó en que algunos de estos temas estuvieran sincronizados con la acción de las escenas, aunque la película estaba lejos de estar terminada. Esto fue posible porque el proyecto se trabaja de lo general a lo particular: primero se hace un montaje preliminar con pocos dibujos, que se llama animática. En el caso de Felina tuve que realizar cuatro animáticas diferentes para cerrar la historia (fue lo que más costó del proyecto). Y luego, conforme la animación progresa, se introduce en el montaje: primero como test de línea, y luego ya terminada con el valor tonal. En este proceso se avanza, se retrocede y se avanza hasta que cada cosa encuentra su lugar, y la música contribuye a cristalizar el resultado, cerrando los tiempos.

Pero incluso cuando las cosas pretenden estar decididas, a veces suceden accidentes muy afortunados. Después de rechazar varias veces las propuestas de Armando para la escena de la escalera, que es donde escuchamos por primera vez el tema principal, se le ocurrió componer un vals triste que tampoco cuajó en esa escena, pero yo decidí pasar esta música a la primera aparición de la gente animal en el circo. Y cuadró. A Armando le sorprendió y me dijo alarmado, “¡pero esto cambia totalmente el sentido de la escena!”. Sin embargo, él solo tuvo que cambiar el instrumento del tema (que era piano) por otros de viento para que funcionase en el contexto.

Por último, voy a hacer dos menciones necesarias: la primera, a la pintora y violinista Alma Seroussi, que un día me mandó unas improvisaciones suyas y a mí me faltó tiempo para meterlas en el primer montaje: con el violín me estaba dando al villano de la película y todo su suspense. La segunda mención es a Martí Guillem, que creó todo el sonido ambiente y además los sonidos “emocionales”, que son todos los efectos de énfasis que se escuchan en determinados momentos, y que le dan al corto una textura extraordinaria. Gracias a ellos.

   P. La rapidez con la que avanza el relato puede hacer que pase desapercibido cómo introduces el tiempo en la historia. Gracias a la luna, podemos saber que, entre el comienzo y el clímax final, transcurre ¿una semana? Empieza con luna llena y termina con luna nueva. Esto me lleva a reflexionar sobre la cantidad de horas que un creador de animación de autor invierte en estos productos, algo que no se vislumbra fácilmente en el resultado final. Cuéntanos si la concepción y alumbramiento de Felina fue un proceso largo o si te visitaron las musas y se encendió la chispa inmediatamente.

     R. En la escena donde se ve la luna llena, era necesaria así porque, aun siendo de noche, debía ser una escena luminosa: hacía falta que la sombra de Felina se proyectara sobre la pared para que la escena cobrara sentido. Más adelante aparece la luna menguante (la misma con la que termina el corto), por lo que en total han pasado 7 días. Félix y Felina no tienen una separación larga, pero es lo suficiente para que se den cuenta de lo que de verdad importa.

    P. Finalmente, me gustaría recordar tu corto de 1999, La pantera, que ilustra un poema maravilloso de Rilke. La reciente remasterización le ha devuelto toda su magia visual. Desde la atormentada existencia de esa pantera que no logra escapar de su prisión hasta la feliz liberación de Felina han transcurrido casi 25 años. ¿Cómo ha evolucionado tu cine en ese largo periodo?

     R. La pregunta en realidad sería, ¿Cómo he evolucionado yo?

En realidad, no mucho. Cuando hice La pantera de Rilke quería producir algo bello (como el poema original), aunque fuera a partir de un sentimiento de tristeza. En Felina también hay momentos muy tristes, pero el final no puede ser más feliz. Supongo que el cambio es ese, porque para mí, los primeros espectadores de este corto son mis hijos: está hecha con ellos y para ellos, porque son mis cachorros y mi inspiración.

EL. Felina es una delicia que cuenta muchísimas cosas sin palabras y que espero que todo el mundo tenga la oportunidad de disfrutarla. Merece verse varias veces para captar tanta emoción y belleza. Acaba de estrenarse por todo lo alto en la sesión inaugural del Animac 2024 de Lleida y podrá verse en múltiples festivales nacionales e internacionales en los próximos meses. Desde Ateneas os deseamos un gran éxito a todo el equipo de producción porque realmente os lo merecéis.

ML. Gracias a ti.


                                        Felina vista por María Millán Lorenzo

sábado, 1 de octubre de 2016

METRÓPOLIS (1927) DE FRITZ LANG. Cine y ciencia.

En la película Metrópolis (1927) de Fritz Lang, basada en el guión coescrito con su esposa y colaboradora Thea von Harbou sobre la novela de ésta, publicada en 1926, encontramos un destacado ejemplo de las relaciones entre el científico soberbio y su criatura monstruosa, en este caso una robot procaz y despiadada. El film es una obra cumbre en la historia del Séptimo Arte. En primer lugar, por sus valores estéticos: el Art Decó en su máximo esplendor, el expresionismo, el futurismo, la más que genial escena del robot recibiendo la chispa de la vida… Igualmente resulta trascendental examinar el contexto ideológico subyacente, discutible en algunos aspectos pero en todo caso de gran relevancia para comprender las enormes contradicciones de su época, que se hallan en la raíz del ascenso del nazismo y el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

El argumento
La ciudad de Metrópolis, en el año 2026, es una gran urbe de elevados rascacielos, sistemas de transportes terrestres y aéreos muy avanzados y cuyo funcionamiento está basado en una tecnología puntera. Esta megalópolis ha sido diseñada por Joh Fredersen, que actúa como un dios creador que rige sus destinos con firmeza. No en balde su nombre recuerda al de Jah-ve.La vida cómoda, de lujo y de placer de las élites, y la seguridad de la ciudad superior, depende de que los alienados obreros que habitan en el subsuelo trabajen durante largas y extenuantes jornadas. La eficiencia de Metrópolis en su conjunto, que es como un organismo vivo con sus miembros interconectados, se basa en el control de la información y el tiempo por parte de ingenieros y burócratas, tal como ahora mismo sucede en el capitalismo avanzado.
Freder, el hijo del dueño de la ciudad, vive también alienado pero en un sentido bien diferente al de los obreros. Como el joven príncipe Gautama Buda, en su recinto palaciego desconoce todo el sufrimiento que padecen los seres humanos en los rincones ocultos de la ciudad cuyo gobierno un día heredará. Mientras se entretiene jugando con bellas pero anodinas mujeres en el Club de los Hijos, vislumbra a María, una hermosa y humilde joven que se ocupa de educar a los hijos de los explotados operarios. Ella recuerda a los niños la igualdad entre los ricos y los marginados porque todos son hermanos.
Fascinado por el aura de bondad que desprende María la sigue hasta la ciudad inferior y allí Freder descubre horrorizado las intolerables condiciones de trabajo que soportan los obreros. Contempla la realidad de la gran máquina M, una especie de divinidad maléfica que exige constantes sacrificios humanos, las vidas de los trabajadores. Como en la leyenda del califa Harún al Rashid, que salía disfrazado de palacio para ver con sus propios ojos los problemas de su pueblo, o en la novela Príncipe y mendigo (1882) de Mark Twain, el heredero de Metrópolis trueca sus vestidos con los de un operario para experimentar, en aquel espacio antagónico a su mundo de rascacielos, el martirio del trabajo. Su vivencia tiene unas evidentes resonancias cristianas pero también le permite encontrar, en las entrañas de la tierra, a la profetisa María, que anuncia la llegada del "Mediador", que logrará reconciliar a las dos castas sociales enfrentadas.
Freder suplica a su padre que alivie la miseria que ha encontrado en su viaje al inframundo pero aquél no sólo se muestra insensible al dolor de su pueblo sino que, además, solicita ayuda al científico Rotwang para desarticular la organización de trabajadores que se reúne en secreto en las catacumbas. Rotwang, enamorado de Hel, la esposa de Fredersen que murió al dar a luz a su único hijo, ha conseguido crear un robot que puede tomar apariencia humana. Cuando contempla el enorme poder de convocatoria que tiene María sobre los obreros, Fredersen sugiere que la sustituya por la androide, con el fin de que los incite a sublevarse y así justificar su castigo. Rotwang secuestra a María y clona su apariencia en la robot. Siguiendo el plan de Fredersen, la suplantadora incita a los trabajadores a que destruyan las máquinas, como también despierta la lujuria y las pasiones más destructivas entre los miembros de las élites. Todo ello ocasiona un auténtico caos descontrolado en el que Metrópolis está a punto de ser completamente aniquilada. Finalmente Freder consigue desenmascarar a la perversa usurpadora, que es quemada en la hoguera como bruja, mientras él y la auténtica María salvan a la ciudad del desastre. Los obreros y el patrón reconocen que debe existir una alianza entre el corazón y el cerebro y sellan la paz de la mano de Freder, el heredero que anuncia el advenimiento de un orden social más justo.

Una ciudad orgánica
Uno de los aspectos más relevantes para comprender el sentido de esta historia es el diseño de la ciudad futurista de Metrópolis, que es en sí misma la gran protagonista del film. El espacio urbano se encuentra estructurado en cinco niveles jerarquizados, los cuales tienen su directa correspondencia en la ubicación de las clases sociales. En el subsuelo se hallan la fábrica, la ciudad dormitorio de los trabajadores y, aún más abajo, la ciudad de los muertos que se remonta a 2000 años atrás. En el plano superior se encuentra la ciudad de los rascacielos, que imitan a las montañas con sus poderosas y esbeltas moles. El edificio más imponente de todos es la Nueva Torre de Babel, el centro neurálgico de la ciudad donde tiene su residencia el poderoso Joh Fredersen, un gobernante tiránico e implacable que, con su mano férrea, mantiene sometida a la enorme masa de trabajadores.
Entre el espacio superior y el inferior existe una interdependencia mutua, pues la riqueza y ostentación del primero se sustenta en el sudor y el esfuerzo de los operarios de la segunda. A su vez, toda la maquinaria en la que estos trabajan es controlada y dirigida por los ingenieros y administradores que se encuentran al servicio del dueño y señor de Metrópolis. Fredersen es el artífice de esta asombrosa urbe ultramoderna. Por sus autopistas y carriles elevados circulan vehículos y trenes eléctricos, mientras incontables aparatos cruzan el cielo, un panorama inspirado por la visita de Fritz Lang y Thea von Harbou a Nueva York en 1924. Esta fecha marca el estilo arquitectónico y decorativo dominante en la película, el Art Decó. La monumentalidad y belleza del diseño de Fredersen se muestra en muchos otros lugares de la ciudad superior. Los Jardines Eternos son un auténtico Edén de plantas, amenas fuentes y de columnas reminiscentes de las palmeras de piedra de Gaudí en el Park Güell, Barcelona. Allí los hijos de los aristócratas se entregan al hedonismo acompañados de beldades ataviadas con los más sofisticados atuendos, mientras un maestro de ceremonias organiza sus juegos. En el colosal estadio olímpico, que evoca la grandiosidad arquitectónica grecorromana, los varoniles descendientes de los plutócratas dan culto al cuerpo. Por las noches, vestidos de etiqueta, disfrutan de los placeres más sensuales en los cabarets de Yoshiwara, el barrio rojo de Metrópolis, un eco de las locas noches del Berlín de la República de Weimar.

Islas del pasado
En la estructura tan racionalmente proyectada hacia el futuro de Metrópolis, se insertan dos elementos muy singulares del pasado que poseen una centralidad dominante en la historia. Por un lado, la catedral gótica, repleta de inquietantes gárgolas y en la que nos atrapa la figura de la Muerte, rodeada de los Siete Pecados Capitales.
En este recinto se dan cita los miembros de una secta opositora al régimen de Fredersen, los góticos, hombres y mujeres vestidos con hábitos negros a los que un monje, que recuerda a Savonarola arengando a los florentinos contra la corrupción de los Medicis, anuncia el inminente advenimiento del Apocalipsis. Curiosamente, esta es la parte del film más mutilada. La catedral, que ocupaba inicialmente el lugar central de la urbe, como en el esquema medieval heredado por nuestras ciudades, fue finalmente desplazada por la Nueva Torre de Babel, cuartel general de operaciones de Fredersen. Sin embargo, el templo, como símbolo del amor cristiano, recupera su puesto esencial al final de la película, ya que el acuerdo de paz entre los obreros y el capital se sacraliza delante de su pórtico.
Un segundo espacio de corte medieval en la superficie de Metrópolis es la Casa de los Siete Días. Fue construida, mucho tiempo atrás, por un mago venido del lejano Oriente pero Rotwang se apropió de ella. Al levantarse la megalópolis, esta casa, tan distinta de los rascacielos de su entorno, quedó misteriosamente intacta. Es un reflejo contradictorio de la tradición que coexiste con la modernidad. Sobre el umbral aparece el pentáculo, símbolo de los cabalistas judíos. Las escaleras descienden hacia el nivel más profundo de la ciudad, el de las catacumbas. Las puertas de la casa se abren y se cierran mágicamente, como si tuvieran vida propia. Pero el edificio también alberga el laboratorio mejor equipado al servicio de un científico demente, que lleva a cabo atrevidos experimentos en robótica. Su objetivo es devolver a la vida a Hel, la mujer amada que lo abandonó por el poderoso Fredersen, que es su alter ego y secreto archienemigo.

El robot antropomorfo y su creador

La secuencia de la transfusión de vida desde la angelical María a su doble demoníaca es verdaderamente antológica y ha sido imitada y homenajeada miles de veces, aunque es justo recordar que no es completamente original. Por una parte tiene una deuda literaria con Frankenstein (1816) de Mary Shelley, que abría esta serie de entradas sobre las “Pesadillas en el laboratorio”. Por otra, también debe ponerse en relación con la novela Cuando el dormido despierte (1899) de H. G. Wells, quien acusó de plagio a los autores de Metrópolis. También existe algún precedente cinematográfico, como sucede con la película francesa L ´Inhumane (1924) de Marcel L ´Herbier, aunque ciertamente aquí la escena del robot no constituye el clímax de la historia sino su epílogo. En cualquier caso, el despliegue visual de Metrópolis en este punto es verdaderamente deslumbrante, gracias a los efectos especiales de Günter Rittau, inspirados en los arcos eléctricos de la bobina de Tesla, y la sobreimposición de imágenes de neones y gas incandescente. La Eva Futura (1886). El diseño del inventor loco muestra los órganos sexuales de la primera mujer de metal, que se sienta bajo una estrella apuntando hacia abajo, lo que nos alerta de que se trata de un ser diabólico desde su origen.
Vemos fluidos luminscentes en los que, a pesar del blanco y negro, resulta perfectamente perceptible el simbolismo de los colores. Los líquidos que fluyen de María son blancos, como su pureza, mientras que los de la robot malvada son rojos, el color de la pasión y la revolución. Con todo ello la película consigue escenificar, de manera inolvidable, cómo el robot cobra vida y su corazón empieza a bombear sangre a las venas, que se iluminan sobre la estructura metálica que, en realidad, estaba hecha con una novedosa pasta de madera moldeable. En la novela de Thea, el androide creado por Rotwang se llamaba Futura, como en la obra de Villiers de L´Isle-Adams,
La película no proporciona información acerca de Hel, la esposa muerta de Fredersen. Rotwang la ha deificado al erigirle una enorme cabeza esculpida, y desea devolverla a la vida a través de su robot.
Su nombre evoca a la poderosa deidad de los muertos en la mitología nórdica. Hel era hija del dios Loki y de la gigante hechicera Angrboda, y de su nombre deriva en inglés la palabra “hell”, “infierno”, lugar que el cristianismo teñiría de matices morales, haciéndolo residencia del mal absoluto. El reino subterráneo de Hel es el espacio oscuro y lúgubre donde habita la muerte. El lugar de predicación de María, en el subsuelo más profundo de las catacumbas, es una especie de templo paleocristiano cuyo altar está flanqueado por unas cruces altas y agrietadas, y allí se dan cita los obreros para escuchar su mensaje liberador.
María tiene cierto parecido con la madre de Freder y por eso Rotwang la secuestra. El inventor de la androide posee conocimientos científicos y técnicos muy avanzados pero también es un mago y un alquimista. Se trata de un personaje que presenta muchas similitudes con el Dr. Caligari y con el doctor Mabuse del propio Fritz Lang. Su asombroso laboratorio es reflejo de esa contradictoria mezcla de ciencia y religión, con su profuso simbolismo esotérico junto al equipamiento tecnológico más revolucionario. El propio Rotwang es un ser híbrido, entre lo antiguo y lo moderno, lo humano y lo cibernético. El carácter monstruoso de su estilo científico se revela en la presencia de su ayudante enano, y él mismo es un cyborg porque sustituyó su brazo perdido por otro biónico. Este sabio perverso, con vestiduras que remedan una túnica medieval y que conserva en su biblioteca libros antiquísimos, es también un ser del futuro, el hombre maquina sin corazón, que construye replicantes del hombre desafiando el poder creador exclusivo del Dios todo bondad. Como el corazón de Rotwang es rencoroso, su ciencia está orientada al mal, a la destrucción y a la venganza contra Freder, el anhelado “Salvador”.

El hombre sojuzgado por las máquinas
Uno de los temas más relevantes en Metrópolis es la fascinación por el maquinismo, triunfante los años 20 y, al mismo tiempo, el temor a su poder destructivo y deshumanizador, que era uno de los postulados del expresionismo. La juventud dorada, cómodamente vestida con ropas amplias y de colores claros que reflejan su alegría de vivir, participa en insustanciales carreras al aire libre, en entornos de majestuosa arquitectura.
Los obreros, por el contrario, vestidos con ropas opresoras y de colores oscuros, descienden hasta las entrañas de la tierra en abarrotados ascensores, como autómatas carentes de la menor individualidad. Se mueven en bloque, con la cabeza agachada y la espalda curva por los esfuerzos. Su lenguaje corporal es geométrico, sincronizado y totalmente contrapuesto a los movimientos libres y gráciles de los jóvenes aristócratas. Casi visualizamos en ello el desarrollo de dos especies humanas divergentes, como sucedía con los Eloi y los Morlocks en La máquina del tiempo (1895) de H. G. Wells. Los que terminan el turno de trabajo caminan como un ejército de esclavos, aún más lento y cansado que el que comienza su jornada. En esta escena clave les acompaña una música muy apropiada, en la B.S.O. una marcha fúnebre, mientras que en la versión de Giorgio Moroder (1984) aparece la excelente y muy alusiva canción Blood from a Stone.
Toda la ciudad de Metrópolis está regida por el movimiento simultáneo de dos relojes distintos, tal como podemos ver en el despacho de Fredersen en la Nueva Torre de Babel. Uno, más pequeño, marca las horas del día. En otro más grande las agujas sólo recorren 10 horas, que son las que duran las extenuantes jornadas de trabajo. Este reloj tiene su réplica en una máquina de la fábrica. Mientras que en la novela ésta se encargaba de asegurar el funcionamiento de la gran Torre, en la película los operarios deben manipular sin descanso, sin un fin aparente, las manecillas de la esfera gigante de la máquina del Pater Noster. Debe este nombre a que, cuando Freder sustituye al obrero agotado que ha caído al suelo, con grandísimos esfuerzos y con posturas que recuerdan a Cristo crucificado, exclama: “¡Padre, padre, estas 10 horas no pasan nunca!”
Hay otra máquina más, la del Corazón, que asegura la estabilidad del mecanismo de Metrópolis, la cual gobierna el capataz Grot, representante de los trabajadores. Desde una avanzadísima cámara de visión y comunicación telefónica, una especie de ojo del Gran Hermano, Fredersen se encuentra en permanente contacto y escrutinio del inframundo industrial. Cuando la robot incita a la rebelión a los obreros, su objetivo es, precisamente, sabotear esa Máquina Corazón, que impide que la ciudad se inunde y desplome. Mientras Freder deambula por la ciudad subterránea tiene una visión mística ante esta mastodóntica Máquina M, que mata a múltiples obreros al explotar. En su mente, trastornada por el ambiente opresivo, el ruido, el humo y la oscuridad, en todo opuestos a su luminoso mundo de origen, Freder ve transformarse a la máquina en un voraz ser vivo. Los trabajadores, como si fueran esclavos, ascienden por las escaleras de un templo pagano, desde las que son arrojados en sacrificio al interior del monstruo devorador. Por aquellas fechas se estaban realizando investigaciones arqueológicas en Cartago que revelaron que en el tofet, el antiguo cementerio, se llevaban a cabo frecuentes sacrificios de niños como ofrenda al dios Moloch o Baal, para propiciar su favor, seguramente, en el contexto de las luchas contra el expansivo imperio romano. La Antropología del sacrificio estudia los sistemas de pensamiento de aquellos pueblos que adoran a divinidades que se nutren de la muerte y de la destrucción.
En la espectacular película Cabiria (1914), de Giovanni Pastrone, Moloch era el emblema del sacrificio de la juventud italiana en la Primera Guerra Mundial, y de este importante referente sale la Máquina M(oloch) en Metrópolis. La creencia en estas deidades crueles lleva a los hombres a ofrecer sacrificios para aplacar su ira y así salvar a la comunidad. También en Metrópolis se ve cómo los trabajadores aparecen como las víctimas propiciatorias en aras del avance industrial. En la historia hay un correlato del rito sacrificial del chivo expiatorio en la fiesta judía del Tabernáculo. Tal como se relata en el Levítico 16, se ofrecían dos machos cabríos: uno  a Yahve y otro a Azazel, que representaba la potencia de Dios localizada en el desierto. Tras confesar el sacerdote la iniquidad del pueblo de Israel por sus pecados, se producía la catarsis social. El mal quedaba relegado fuera de los muros de la ciudad. En su traslación al argumento de Metrópolis, Freder comprende en su visión iluminada cómo la muerte de los obreros en la ciudad subterránea es la condición para que los privilegiados como él puedan disfrutar de una vida muelle. Esta catarsis personal es lo que lo decide a luchar contra la tecnocracia sin corazón que preside su padre.

Mujer, resistencia, poder y cambio social
Fredersen, frío e insensible a las necesidades de los trabajadores, ordena a la robot malvada que los incite a amotinarse. Su maquiavélico plan persigue justificar con ello una represión brutal que meta a los obreros en cintura de una vez para siempre. Mientras que la dulce y recatada María predicaba la necesidad de esperar pacientemente la llegada del "Mediador", que pondría fin a la explotación laboral, la libidinosa ginoide (palabra que alude a un robot de formas femeninas) hace uso de su sexualidad sin freno para arrastrar a unos y a otros a la perdición total. Anima a los obreros a hacer lo que desean desde hace largo tiempo: “Matad a las máquinas”.
Esta parte de la historia ejemplifica muy bien la tesis del crítico neohistoricista Stephen Jay Greenblatt. En un ensayo seminal, Balas invisibles (1988), se ocupa de un tema muy relevante para la Antropología política, los mecanismos de perpetuación del poder. De acuerdo con este autor, el orden dominante genera a propósito subversión entre los dominados para sus propios fines, que son justificar una severa contención como castigo a la resistencia. Así es como, según Greenblatt, el poder consigue reproducirse y es justamente lo que aquí pretende Fredersen, quien da pie a que los obreros cometan actos violentos para legitimar su respuesta todavía más violenta, pero la situación se les va de las manos. Sin duda el telón de fondo de estos enfrentamientos en la obra era el temor a las revueltas obreras, que habían transformado el mapa político de Europa. La revolución bolchevique de 1917 amenazaba con extenderse a otros países bajo las mismas condiciones sociales deprimidas. Europa entera parecía un polvorín a punto de estallar porque las masas estaban cobrando conciencia de la inmensa fuerza de la unión frente al escaso número de privilegiados en la cúspide de la pirámide del poder.
Un aspecto interesante de la película es el tratamiento de la posición social de la mujer. No vemos a ninguna en la fábrica. Sólo aparecen durante la revuelta y son o bien trabajadoras o bien las esposas de los obreros. Hasta entonces permanecen ocultas, controladas y disciplinadas por el poder patriarcal. Durante el tumulto predicado por María la Roja dejan abandonados a sus hijos, a los que a duras penas consiguen salvar Freder y María la Blanca. Sin duda ello conllevaba un severo juicio moral contra las mujeres que no asumen el cuidado de los más débiles a su cargo. Y, ciertamente, en la película aparecen dos modelos de mujer contrapuestos. Frente a la robot blasfema, desvergonzada y provocadora de enfrentamientos sociales de consecuencias fatales, María es religiosa, honesta y de actitudes conciliadoras. Ese dualismo implica una repulsa contra la mujer liberada sexualmente pero tiene razón María Lorenzo, en sus observaciones al capítulo Metrópolis: Cine y nazismo, cuando advierte que la protagonista de la película dista de ser un ejemplo típico de las tres K (que corresponden a la opresiva tríada “cocina, iglesia y niños”) que caracterizaron a la mujer alemana durante la égida del nazismo. María es un personaje enormemente carismático, al que escucha y obedece una audiencia íntegramente masculina, la de los sufridos pero también levantiscos trabajadores, y que es capaz de embarcar en su causa salvadora, con la sola luz de su presencia, al heredero del imperio metropolitano. Realmente resulta insólito este ejemplo de mujer líder, que tampoco se limita a ser una sacerdotisa virginal, porque no duda en compartir su amor físico con Freder.

El juego de los dobles
Un aspecto que venimos comprobando reiteradamente en esta serie de entradas es la omnipresente figura del doppelgänger, un juego de duplicidades entre personajes, situaciones y diseños espaciales que en Metrópolis alcanza cotas muy elevadas. Así tenemos a María y su doble robot, una figura idéntica pero sin alma, a la que en la novela, en alguna ocasión, se la denomina muy adecuadamente "Parodia". En la película vemos cómo esa duplicación da lugar a equívocos tales como que, cuando la robot intenta escapar de la quema en la hoguera, a manos de los enfurecidos obrero cuando se dan cuenta que la bruja ha condenado a sus hijos a la muerte, la confunden con la auténtica María, quien tiene que huir para salvar su vida al no poder justificar su verdadera identidad más que a través de su discurso del bien.
Otra pareja de dobles es la de Fredersen y Rotwang, personajes completamente antitéticos pero en el fondo muy similares: ambos amaban a la misma mujer, tienen una tremenda ambición de poder, son fríos y calculadores. La diferencia estriba en que Fredersen admira el intelecto de Rotwang hasta el punto de acudir a pedirle ayuda y consejo, mientras que éste sólo sueña con vengarse de su rival porque le arrebató a su amada y por ello no tiene más objetivo que destruir a su heredero. En Fredersen aparece la soberbia del ingeniero diseñador pero Rotwang, además, es un malvado de libro.
Existen más duplicidades especulares muy evidentes, como la que aparece entre las élites y los trabajadores, que también tiene una réplica en la distribución espacial de la ciudad superior y la inferior.
Se produce igualmente una duplicidad muy curiosa en el caso de las mujeres. Mientras que en el inframundo permanecen invisibles la mayor parte del tiempo, en la ciudad superior juegan en los Jardines Eternos vestidas con gran sofisticación, y se mueven con una gestualidad circular y elegante que guía el maestro de ceremonias. Por su parte, la María procaz baila en Yoshiwara con aquellos mismos movimientos circulares, símbolo de lo femenino, pero llevados ahora hasta el límite del paroxismo sexual.
Asciende al escenario representada como la gran prostituta de Babilonia, en un trono rodeado de las serpientes del pecado y es que, como también sucede en las restantes obras que hemos examinado en la serie, las referencias religiosas son una constante en Metrópolis. Además de la crítica al desafuero del científico guiado por el mal que desafía al Creador, encontramos escenas del Dies irae en la danza de la muerte en la catedral, el mito de Babel que relata María a los obreros como una película dentro de la película, el pagano dios Moloch devorador de vidas humanas, los elementos cabalísticos y hasta la trinidad que forman los personajes principales, Fredersen como dios, Freder el hijo redentor y los obreros, a los que acompaña María que, como la madre de Jesús, es una mediadora entre los mortales y la divinidad.

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Espero haber sabido transmitir, como esta magnífica obra se merece, algunos de los elementos que la inscriben en una tradición literaria y cinematográfica que enlaza ciencia, tecnología, religión y problemática social. Es un riquísimo palimpsesto de referentes culturales de muy larga trayectoria y cuyo valor filosófico resulta incalculable. Su grandeza consiste en haber sabido reflejar, a través de sus impactantes imágenes, la extraordinaria complejidad del mundo que la vio nacer. Ese fue el motivo de que no fuera entendida y apreciada completamente en su época, y de esa lamentable incomprensión se siguió que una buena parte de su metraje resultase eliminado. Afortunadamente ha podido recuperarse en gran medida, especialmente tras el sensacional descubrimiento de 2008. Casi una centuria después de su estreno, y a solo diez años del futuro que auguraba, esta película irrepetible nos sigue maravillando gracias al inmenso talento de Thea, Lang y su genial equipo de actores y colaboradores.


Enlaces recomendados:
-Un corto documental ( 7 min. ) de producción propia, sobre Metrópolis: cine y nazismo:https://www.youtube.com/watch?v=JBqr8DXeokw

-Un corto videoclip con multitud de fantásticas fotografías que permiten seguir la acción de la película, con la música techno de apertura de la versión de Giorgio Moroder:https://www.youtube.com/watch?v=LDTYXslCQ4Y

-El estupendo corto de animación El gato baila con su sombra (2012), un trabajo colectivo dirigido y coordinado por María Lorenzo, con las fascinantes melodías de Armando Bernabeu Lorenzo, en el que explícitamente y de manera principal se homenajea a Metrópolis y a otro tesoro expresionista como Nosferatu (1922) de Murnau: https://www.youtube.com/watch?v=oeN94ITdLdE

-Quería recomendar en particular un texto excelente de Miguel F. Rabán Mondéjar sobre los dioses y las máquinas en Metrópolis:http://www.miguelraban.es/2015/10/i-maquinas-dioses.html

-Para saber más sobre el contexto político, social y cultural de Metrópolis desde la teoría de los 6 grados de separación y con especial referencia al nazismo: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2016/01/antropologia-en-contexto1922-un-ano.html

-Para conocer mejor la interesante figura de Thea von Harbou y su relación con la cinematografía de Fritz Lang:http://mujeresparalahistoria.blogspot.com.es/2013/09/thea-von-harbou-el-cine-aleman-entre.html

-Para acceder a las restantes entradas de la serie Pesadillas en el laboratorio:
Fuentes consultadas:
-Imperiale, Giacinto: Figure bibliche nel cinema. Moloch, Golem e Faust nella settima arte. Lupo Editore, 2013.
-Metrópolis, version  de Giorgio Moroder. Divisa, 2012.
-Metrópolis. Divisa, 2003. Con el audiocomentario de Enno Patalas y el documental El caso Metrópolis.
-Metrópolis. Divisa, 2010.

martes, 25 de agosto de 2015

ROBERT H. BARLOW: UNA VIDA (SOBRENATURAL) ENTRE LA LITERATURA Y LA ANTROPOLOGÍA. PARTE I

Estructurada en dos entregas, la presente entrada nos permitirá conocer la singular figura de Robert H. Barlow, literato y antropólogo del siglo XX, y la adaptación animada de uno de sus más importantes relatos, The Nigth Ocean, realizada por la directora María Lorenzo en el cortometraje La nit de l ´oceà y que es también autora de este texto.


Fotograma de un paisaje muy mediterráneo de La nit de l ´oceà

1. Introducción: Robert H. Barlow, un genio pluridisciplinario


A veces surgen personalidades inquietas, de incontrolable energía, que son capaces de dejar su huella en dos o más ámbitos, ya sea en la ciencia o en la cultura —para mayor complejidad, a veces no relacionados entre sí—. Pienso, en primer lugar, en el polifacético Leonardo Da Vinci, tan capaz de reestructurar el funcionamiento de la cocina del palacio de Ludovico Sforza, como de pintar los más bellos retratos a las amantes de su mecenas; también pienso en el excéntrico Howard Hugues, obsesionado a partes iguales por el sueño cinematográfico, y por el de volar; y, por qué no, en Steve Jobs, que no sólo nos vendió I-Tunes y I-Pads, sino que al ser co-fundador de Pixar Animation también impulsó de manera decisiva la que es hoy la expresión artística más memorable de la tecnología digital: el cine de animación 3D.

Robert Hayward Barlow (Florida, 1918 – México DF, 1951) es una de esas figuras proteicas —aunque mucho más discreta—, que fue capaz de realizar aportaciones de relieve tanto en el contexto literario como en el antropológico y académico. Su singular figura permanece, no obstante, semioculta tras la de un gigante de la ficción: Howard Philips Lovecraft (Providence, 1891 – 1938), con quien llegó a escribir seis relatos de ficción “sobrenatural” (o “weird fiction”, como le suelen etiquetar en inglés). Genio precoz donde los haya habido, Barlow fue autor de más de 40 relatos de ficción, y fue asimismo autor de una vasta obra poética, así como de ensayos, entre los que suele destacarse el elaborado para las memorias póstumas de Lovecraft: “The Wind That Is in the Grass” (publicado en el volumen colectivo Lovecraft Remembered, 1944).

sábado, 22 de agosto de 2015

PASIÓN POR ANIMAR. VAMPIROS, GATOS Y FLORES CARNÍVORAS EN LA OBRA FÍLMICA DE MARÍA LORENZO

Hace unos días dedicábamos una entrada a charlar con la directora de animación María Lorenzo. La propuesta era conocer mejor la personalidad de esta artista polifacética y versátil a través de sus propias palabras. Pero esa semblanza quedaría incompleta sin una visión, siquiera panorámica, de su trayectoria como dibujante, pintora, animadora y miembro de la comunidad académica y, sobre todo, sin revelar las líneas de fuerza que recorren sus cortometrajes y también su producción teórica. Espero que estas reflexiones nos permitan explorar con cierta profundidad su obra, para degustar aún más sus sorprendentes hallazgos.

AMAR EL ARTE
María Lorenzo Hernández nace en Alicante el 29 de octubre de 1977. Desde su más temprana infancia ya resultaba evidente aquello  para lo que estaba especialmente dotada por naturaleza: el dibujo, la pintura, el modelado, el diseño…Comienza sus estudios artísticos en la Escuela Municipal de Dibujo y Pintura de Torrevieja, de la mano del pintor alicantino Manuel Balaguer, hacia quien siente una deuda especial de gratitud. Experimenta la técnica del óleo copiando incansablemente a los grandes maestros, para desentrañar sus secretos: sobre todo  Leonardo y Velázquez pero también Vermeer, Ghirlandaio, John Singer Sargent, Sorolla…