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domingo, 19 de abril de 2020

LOS RITOS NUPCIALES EN "CUATRO BODAS Y UN FUNERAL" (1994)



Transcurrido un cuarto de siglo desde el arrollador éxito que siguió al estreno de la película de Mike Newell es buen momento para volver a disfrutar con las aventuras de Charlie y sus amigos, ahora, desde la perspectiva de la Antropología. Aprovecharemos las cuatro ceremonias nupciales que se desarrollan ante el espectador y que servirán para establecer sus elementos comunes y, de paso, para estudiar los orígenes de un rito que puede servir de ejemplo de cómo el paso del tiempo varía el significante  sin llegar a perder un significado que se remonta en muchos casos a la Antigüedad clásica. Es lo que Martine Segalen llama “el margen de maniobra de los rituales”. 

En una entrada anterior, la dedicada a las denominadas Noches de Tobías (https://anthropotopia.blogspot.com/2020/03/las-noches-de-tobias-antropologia-en-la.html), aludíamos al libro de Xosé Ramón Mariño Ferro “Imágenes de la mujer y del hombre. Símbolos de sexo, seducción, matrimonio y género”. Gracias a la amplia información que ofrece y a las referencias culturales que nos aportarán, según los casos, el cine, la pintura y la literatura, recorreremos multitud de detalles que hemos presenciado en numerosas ocasiones sin pararnos a indagar en el concreto mensaje que encierran. Gran parte de ellos serán ilustrados con imágenes de la película. Por razones sistemáticas, el orden en el que se colocan no se corresponde con el argumento. Se trata de animar al lector a volver a verla, no de hacer un resumen que lo impida.


En la actualidad  el matrimonio se celebra en un solo acto. Pero no siempre fue así. Los esponsales tenían por finalidad publicar el compromiso de los futuros cónyuges. En Roma se utilizaba una fórmula de la que el término deriva etimológicamente (“spondesme? espondeo”); también solían intercambiarse regalos. No significaba que hubiera de celebrarse la boda necesariamente ni tampoco permitía las relaciones sexuales. Con la posterior obligatoriedad del matrimonio eclesiástico perdió su importancia simbólica. Sin embargo, permanece la petición o pedida de mano que se sigue realizando en la actualidad. Se mantiene el intercambio de regalos entre los futuros contrayentes y se hace intervenir a las familias, pues suelen acompañar al novio los familiares o amigos que actúan en su representación. Es obvio que el padre de la novia ha de consentir para que pueda esta casarse y es significativo que sea el novio el que ha tomar la iniciativa y no al contrario.


En la película no aparece ningún acto de este tipo. Por eso recurrimos al momento en el que Bernard y Lydia dan el primer paso en una relación que terminará en la segunda boda en la pantalla. Como dama de honor en el enlace entre Angus y Laura, ella había pensado que tenía el “ligue” asegurado y se viene abajo cuando comprueba que no es así. Afirma sin embargo que no está tan desesperada como para aceptar el remedio que le ofrece él. No sabe que los banquetes de boda suelen alargarse mucho.

En la Antigüedad Clásica los novios realizaban un baño ritual de purificación antes de desposarse. En la Edad Media se mantuvo esta costumbre que, por otra parte, era común a determinados actos importantes, como por ejemplo el de armarse caballero. En la carta a los Efesios San  Pablo aporta la visión de la Iglesia: “como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla. Él la purificó con el bautismo del agua y la palabra, porque quiso para sí una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ningún defecto, sino santa e inmaculada. Del mismo modo, los maridos deben amar a su mujer como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo”.
Que como en otros casos se trata de una acomodación a la doctrina de costumbres anteriores lo demuestra Mariño Ferro con la cita de varios autores latinos que presentan la purificación con el fuego y la limpieza con agua de la esposa como símbolo de su pureza y castidad.



Si algo caracteriza a Charlie es su incapacidad para llegar puntual. Sus amigos, con un plan sibilino, consiguen que la única boda a la que no llegue tarde sea la suya. En la imagen se ven hasta seis despertadores y al bueno de Tom, que se quedó  a dormir con él. No contentos con eso, añaden a su plan una mentira sobre la hora. Resultado, el novio no se baña y se acicala a la carrera, pero llega con mucha antelación a la iglesia.


Un detalle importante que merecería una reflexión aparte es que la carga simbólica parece decantarse claramente en el lado femenino. El aliño indumentario (en palabras de Antonio Machado) es un claro ejemplo. Nos centraremos en la corona, el velo, el ramo, el cinturón y el traje. Por si el lector supone que se trata de usos recientes, transcribiremos unos hermosos versos de Catulo:

“Cinge tempora floribus
suaue olentis amarace
flammeum cape laetus, huc,
huc veni, niveo gerens
luteum pede soccum”.

(Ciñe tus sienes con las flores
de la suavemente perfumada mejorana
toma alegre el velo rojo, aquí,
ven aquí trayendo en tu pie de nieve
la bota amarilla).

En otro lugar, llevado por la pasión hacía su amada de la que resulta inocente partícipe un gorrión, dice:

“tam gratum es mihi quam ferunt puellae
pernici aureolum fuisse malum
quod zonam soluit diu ligatam”.

(me es tan grato como dicen
que fue la manzana de oro para la doncella
que desató la cintura largo tiempo anudada).

Las coronas de flores eran utilizadas por las novias romanas y se mantuvieron con el cristianismo con un doble significado. Por un lado simboliza la victoria sobre el deseo carnal y, por otro, la virginidad. Solían hacerse de azahar, siemprevivas, rosas o mirto y de su fuerza significativa da idea la costumbre recogida en Borgoña en el siglo de XIX de conservarla durante años, hasta que se convertía en polvo. Solamente el esposo estaba autorizado a quitarla.


Llegado el día de una boda largamente ansiada, Hen ("Duckface") no dejó ningún detalle al azar. Antes de salir para la iglesia comprueba ante el espejo que su corona había "aterrizado" correctamente.


La misma referencia a la virginidad encontramos en el ramo de flores aromáticas, uno de los elementos insustituibles en toda ceremonia nupcial que se precie. Mariño Ferro nos refiere que en Portugal es costumbre que sean las amigas de la novia las que se encarguen de prepararlo. Probablemente de ahí deriva la costumbre de que, una vez concluida la boda, sea arrojado al aire de manera que aquella muchacha en cuyas manos caiga será la próxima en casarse. En la boda de Laura, se cumple este presagio porque es Lydia la que, con gran alborozo, se hace con él.


Además de en el ramo, las flores están presentes en los adornos de la iglesia, las solapas del novio y el padrino y en el coche que los transporta hasta el altar. En Grecia y Roma se usaban para engalanar las puertas de las casas de los esposos, tanto las de sus padres como de la futura residencia común.


La costumbre de que la novia portase un cinturón, nuevamente, como indicativo de su virginidad, no está muy en boga en la actualidad, si bien ya hemos visto en los versos de Catulo que en Roma sí lo estaba. Se llamaba “lazo de Venus” a un cordón o cinta de lana que llevaba anudada la novia. Siempre se ha atribuido al esposo la prerrogativa de desatarlo, en referencia a uno de los trabajos de Hércules, que despojó a la reina de las Amazonas del suyo.



En el cuadro de Van Eyck “El matrimonio Arnolfini” vemos como la esposa lo lleva, aunque para algunos estudiosos, que no están conformes con que sea la imagen de una boda, denota su embarazo.


En la actualidad el término “enlace” o la imagen de dos anillos entrelazados que aparece en muchas invitaciones de boda nos recuerda esa costumbre.
Al contrario de lo que ocurre con el cinturón, el velo es utilizado como uno de los elementos característicos de la indumentaria nupcial actual. Esta última palabra, deriva del término latino “nubo” que significa cubrir o velar, lo cual da idea de la importancia que se concedía a este aditamento. Ello es así porque simbolizaba el paso de soltera a casada y, para demostrarlo, estamos acostumbrados a ver cómo se alza tras la prestación del consentimiento.


En Grecia y Roma también se utilizaba. El de las novias romanas se llamaba “flammeum” y era de color rojo o anaranjado (recuerde el lector el verso de Catulo copiado al principio). El paso de los siglos no le restó relevancia. En la Edad Media seguía utilizándose con la misma función. En el Cantar del Mío Cid se narra cómo el rey Alfonso, al salir de misa, pidió a Rodrigo Díaz las manos de sus hijas Doña Elvira y Doña Sol para los Infantes de Carrión. Lo de que pidiera es un decir: “ellos los piden y os lo mando yo”. El padre acepta, pese a la corta edad de sus hijas,- “no tienen mucha edad y de pocos años son”,- movido por la lealtad que siente hacia su monarca, que presenta los enlaces como honrados y muy provechosos. Entonces el rey pronuncia unas palabras muy significativas, pues utiliza el término “velar” como sinónimo de matrimonio o, al menos, de compromiso. Reproducimos seguidamente el fragmento del manuscrito con la palabra subrayada (la imagen ha sido obtenida en la web www.cervantesvirtual.com).


En las versiones modernas del poema (por ejemplo, en la de Alberto Montaner Frutos, que puede consultarse en la web www.caminodelcid.org) se aproxima al uso moderno del castellano y se cambia la expresión “dolas por veladas” por “las doy por esposas”:

“Desde aquí las cojo con mis manos a doña Elvira y a doña Sol
y las doy por esposas a los infantes de Carrión”.

Quédese el lector con la frase “las cojo con mis manos”, pues más adelante se hará referencia al intenso significado de la unión de manos en el matrimonio. Por exceder de los límites de esta entrada, omito cualquier mención a lo que ocurrió después con Dª Elvira, Dª Sol, los Infantes de Carrión, el Rey Alfonso y la lealtad que  le tenía  D. Rodrigo. Pero, desde luego, nada bueno.

Hay constancia de que, en algunos lugares, el velo se colocaba durante la ceremonia a ambos cónyuges. Incluso el origen de esta última palabra está relacionado porque el yugo, además de ser lo que todos estamos pensando, es el velo que se pone en la velación a los que se casan (según el diccionario de esa auténtica reina de las Amazonas que se llamó María Moliner). Con esta imagen se quiere poner de relieve que los casados compartirán las cargas del matrimonio, como si quedasen uncidos al mismo yugo.


En la película todas las novias van de blanco. No solamente en las cuatro bodas que se desarrollan ante el espectador; también en las que aparecen en los títulos finales. Incluso, cuando Carrie convence a Charlie para que la acompañe a elegir su traje de novia para casarse con Amish, son blancos todos los trajes que le muestra en un improvisado desfile de modelos, cada uno más rompedor que el anterior. Curiosamente, el más disparatado, el que parecía sacado de “La casa de la pradera”, será el  elegido en el futuro por la esposa de Tom.


No obstante, sin duda alguna todos recordamos  antiguas fotografías de boda en las que la novia vestía de negro y en Roma la novia llevaba una túnica de color azafrán. 


Mariño Ferro nos enseña que hasta el siglo XIX no era costumbre que la mujer se casase con un traje especial y que la dualidad blanco/negro en el color obedecía a la clase social. Así, el blanco empezó a utilizarse por las novias de familia adinerada urbana, mientras que el negro lo era en las familias más humildes y en los entornos rurales.


El blanco se utiliza para significar la pureza de la novia. Otro uso del color para encarnar elevados ideales lo encontramos en el Caballero Blanco que busca el Santo Grial. Una aproximación al concepto aparece en la siguiente entrada de Encarna Lorenzo:


Antes de entrar en el templo Lydia se para, se alza el velo y recibe el beso de su padre. Claramente evoca su gesto el consentimiento paterno al que tanta importancia se otorgaba en el pasado. Podía recibirse por el novio solamente o por ambos contrayentes, de rodillas o de pie, ante la familia e invitados o en privado y antes de salir de casa, en el banquete o ya en la alcoba, pero siempre está presente este gesto de los progenitores.

Mariño Ferro recoge la costumbre de que el novio o la novia reciban un golpe  tras la bendición; en otros casos es la mujer la que lo recibe en la cara antes de ser despedida. No debe extrañarnos porque el rito es idéntico a otros como el del sacramento de la confirmación. En el capítulo 3 de la primera parte del Quijote, el que trata de la graciosa manera en la que fue armado caballero, el ventero dice que lo fundamental no es que carezca de capilla en su establecimiento (que el hidalgo consideraba un castillo), sino “en la pescozada y en el espaldarazo”. La primera expresión aparece también en Las Partidas de Alfonso x (2ª, título XX1, ley XIV); se propina al nuevo caballero tras ceñir las armas y prestar juramento y su finalidad es que todo ello “le venga en miente”.


Si algún día regreso a Florencia y visito la iglesia de Santa María Novella me detendré en el fresco de Ghirlandaio que representa los desposorios de la Virgen. Especialmente en el personaje que está detrás de San José y se dispone a propinarle un golpe mientras sus manos están a punto de ser unidas a las de María.
Para que no quede ninguna duda, ampliamos la imagen.


A través de Rabelais nos llega noticia de la extraña costumbre consistente en que los novios se golpeasen mutuamente durante la ceremonia. Algo similar sucede en la boda de Charlie, que es dejado fuera de combate por Hen “Duckface” cuando expone en público sus dudas.


En la ceremonia propiamente dicha nos detendremos en el significado de la unión de las manos de los novios, los anillos, las arras y el beso nupcial.


Esta imagen corresponde a la boda de Bernard y Lydia. Delante del oficiante ambos unen sus manos. Antiguamente era el sacerdote el que aproximaba las de los contrayentes, como hemos visto en el fresco de Ghirlandaio. También esto tiene un significado muy concreto. Mariño Ferro distingue hasta nueve modalidades de este símbolo del compromiso recíproco que asumen los esposos; y atribuye a cada uno consecuencias relativas al régimen de igualdad o supeditación que se establecen. En concreto, la que muestra la fotografía se corresponde con la dependencia de la mujer respecto al hombre.


En el cuadro de Van Eyck “El matrimonio Arnolfini” vemos un ejemplo similar en el que la mujer posa su mano sobre la del hombre.
La unión de manos tiene cierta relación con el vasallaje, en cuya constitución se incluía la “inmixtio manum” en la cual el vasallo ofrece sus manos al señor, que las encierra entre las suyas.
Sin embargo, en esta otra, tomada de la película de J. Ford “El hombre tranquilo”, Sean y Mary Kate entrelazan sus manos de manera que la idea de sometimiento femenino parece excluida.


Esta costumbre ya existía en Roma y Grecia. Los esposos estrechaban sus manos en la denominada “dextrarum iunctio”. La vemos representada en el bajorrelieve que adorna el “Sarcofago degli Sposi” (ca. 160-170 d.C.) custodiado en el “Palazzo Ducale” de Mantua. Puede apreciarse el contrato nupcial en manos del marido y la presencia de Iuno Pronuba, personificación del matrimonio, Himeneo, dios del matrimonio, con la antorcha nupcial, y Suada, personificación de la armonía de la vida matrimonial y las buenas intenciones de la pareja. Detrás del novio está el testigo de la unión.


En “Cuatro bodas y un funeral” no aparecen las arras. La entrega de las trece monedas aparece en la liturgia católica desde el siglo XII y es muestra de que el matrimonio, entre otras cosas, participa también de la naturaleza de los contratos en cuya celebración ya desde el derecho romano aparecían con una doble finalidad: como confirmación de su celebración o posibilidad de que uno de los contratantes desista del negocio, perdiéndolas o restituyéndolas dobladas. En las bodas cumplen la primera función. Suelen ser de plata (aunque la costumbre en algunos lugares era que una de ellas fuese de otro metal).

 Sí intervienen los anillos en la película; como las monedas, también se usaban en la Antigüedad como prueba de los negocios jurídicos. En Roma eran de hierro bañado en oro o de este último metal y significaban la promesa de fidelidad entre los esposos. De ahí viene la palabra “alianza” y el término italiano “fede”.  Desde la Edad Media la bendición de los anillos forma parte del rito religioso del matrimonio. Curiosamente, hasta el siglo XVI no se estableció que los contrayentes lo llevasen en el dedo anular. Si volvemos a la ampliación del cuadro de Van Eyck usada para ilustrar la costumbre relativa al cinturón, observaremos que la señora Arnolfini llevaba anillos situados hacia la mitad de dos de sus dedos. Conociendo la minuciosidad del artista, sin duda alguna no era un detalle casual.



Además de llegar por los pelos a la boda de Angus y Laura, Charlie olvidó los anillos. Tras pedir con gestos desesperados ayuda a sus amigos, tuvo que conformarse con dos de los que portaba su hermana Scarlett. Una imagen vale más que mil palabras.
En el enlace de Bernard y Lydia, Tom no comete el mismo descuido y se encarga de mostrarlos con cierto descaro. De su actuación posterior, incluido el discurso, mejor no hablar.


Las formas de los anillos “de casados” han variado a lo largo del tiempo como también lo han hecho sus inscripciones (en la actualidad solamente se graban la fecha y el nombre del otro contrayente), pero pocas costumbres nupciales han resistido mejor el paso de los siglos.


¡Que se besen! Los invitados a una boda suelen pedirlo a los novios. Aunque haya perdido gran parte del significado que tenía en Roma y en la Edad Media, el beso es una parte esencial de este rito al igual que en otros sacramentos. Curiosamente, en el Concilio de Trento se prohibió (lo mismo que el banquete). Para dar idea de la categoría que tenía como proclamación pública del matrimonio e incluso dentro de las relaciones entre el  hombre y la mujer, transcribimos la estrofa 685 de “El libro del Buen Amor” del Arcipreste de Hita.

Esto dixo don' Endrina: "Es cosa muy provada
"Que por sus besos la dueña finca muy engañada:
"Encendemiento grande pon' abracar al amada,
"Toda muger es vencida, desqu' esta joya es dada.


Además, el beso tenía importancia desde el punto de vista jurídico. En Roma se utilizaba como prueba de la conclusión de los contratos y en el libro III del Fuero Juzgo aparece la siguiente ley:
“Si algún esposo muriese por ventura fechas las esposaias, y el beso dado, e las arras dadas, estonze la esposa que finca deve aver la mitad de todas las cosas quel diea el esposo…”.
El resto de las normas sobre el matrimonio no resiste una lectura con perspectiva de género.

Aunque desde una visión actual pudiera resultar hilarante la mención a las muestras de resistencia de la novia al matrimonio de las que se ya se dio noticia en la entrada dedicada a las noches de Tobías, deben interpretarse como una muestra de respeto hacia la autoridad familiar que a partir de ese momento se abandonaba. Sin llegar a los excesos que se narraron en la otra ocasión, se rastrean en determinados eventos consuetudinarios que acontecen en las nupcias (como diría Juan de Mairena). Nos referimos a la tardanza de la novia en llegar a la iglesia  y a que esperase unos momentos antes de pronunciar el “Sí quiero”. Quizá la clave está en que, no mostrándose especialmente deseosa, demuestra que tampoco lo está de abandonar la casa de sus padres.


En la boda de Bernard y Lydia la prestación del consentimiento se dilata y adquiere tintes de película de suspense, pero no es por su causa, sino por la inexperiencia del sacerdote, magistralmente interpretado por Rowan Atkinson, que lo convierte en algo interminable y lleno de obstáculos.


En cambio, Angus y Laura no tuvieron ese problema. No obstante, en la escena en la que ella, algo bebida, se despide de los invitados entre lágrimas (“no te conozco, pero te quiero mucho”) podría incluirse en esta categoría, y también en la de las trabas, esta vez involuntarias, a la consumación del matrimonio, de lo que hablaremos pronto.


En esta boda, al salir de los contrayentes del templo, son recibidos por una lluvia de arroz. Detrás de este gesto, que seguramente todos nosotros hemos hecho alguna vez, se esconden los deseos de prosperidad de los invitados y familiares; los mismos que adornaban las bodas en Roma, aunque en ese caso se lanzaban otros frutos. Por ejemplo, en la continuación del poema de Catulo del que antes se transcribieron unos versos se alude a las nueces, pero podrían ser trigo, dátiles u otros.


Del significado simbólico de que los esposos se reúnan para comer juntos da cuenta que la separación matrimonial se describa en el Derecho Canónico haciendo referencia al "lecho, techo y mesa". En Roma, la “confarreatio” era una de las formas del matrimonio, la reservada para las clases altas; el término deriva de una torta de cereal (panis farreus) que los contrayentes compartían simbólicamente.

En la actualidad los banquetes de boda, comunes a las ceremonias civiles y religiosas, concitan numerosos gestos llenos de significado: entrada triunfal de los novios, beber de la misma copa, brindis, corte conjunto de la tarta nupcial y baile iniciado por los recién casados.


En todos los casos se quiere significar de manera solemne y pública que a partir de ese momento sus pasos seguirán el mismo camino. Curiosamente, la palabra "divorcio", significa lo contrario, que cada uno seguirá el suyo propio.



En la boda escocesa de Amish y Carrie los invitados les siguen formando un cortejo iluminado por antorchas. De la misma manera ocurría en las bodas en Roma, si bien en ese caso  el destino de la marcha era la casa de los esposos. La utilización del fuego es recurrente; anteriormente se hizo referencia a su función purificadora antes de la ceremonia. En este caso, una vez que ha tenido lugar, parece estar más relacionada con la próxima consumación del matrimonio. Como signo de buen agüero se evitaba pisar el umbral de la casa y relacionada con ello está la costumbre de que el esposo lleve en brazos a su esposa. La esposa portaba tres monedas, destinadas respectivamente dos de ellas para el esposo y para los lares o divinidades familiares.


En “El hombre tranquilo” encontramos una modalidad de esta comitiva. Tras la tempestuosa boda de Sean y Mary Kate, los invitados, bastante beodos, llegan a la mañana siguiente con los muebles y ajuar de la novia cargados en un carro. En la costumbre hay  elementos de proclamación de la nueva vida y  ostentación de la dote de la novia; también de la función de la esposa. Mariño Ferro da cuenta de esta costumbre, mantenida hasta el siglo XX en zonas rurales de España, y señala que en lugar destacado del carro estaban la rueca, el huso y la cama del matrimonio.

Paradójicamente, las trabas a la consumación siguen a todos estos buenos deseos de los invitados. Nuevamente se hace conveniente la lectura del texto dedicado a las noches de Tobías, en el que se daba cumplida explicación del término “cencerrada”. Cuando Angus y Laura abandonan la carpa en la que tuvo lugar el banquete, comprueban que su coche, además de estar pintado para la ocasión, contiene una muñeca hinchable y un carnero, cuya fugaz aparición en la película no impidió que figurase en el cartel publicitario.



En “Cuatro bodas y un funeral” no sabemos lo que le ocurre a las parejas en su vida matrimonial. Los protagonistas de las dos primeras bodas asisten como invitados a las siguientes (Angus y Laura como padres de gemelos) y al funeral de Gareth. De Amish solamente sabemos lo que ocurrió tras la primavera desastrosa que precedió a la ruptura de su matrimonio con Carrie. De ella sabemos por los títulos finales que tuvo un hijo con Charlie. El resto del grupo de amigos también se empareja, incluida Hen, muy feliz el día de su boda con un militar. Los guionistas incluyen al príncipe Charles en un más que probable montaje fotográfico junto a Fiona. Que permanezcan así en nuestra memoria.


  

lunes, 19 de marzo de 2018

LOS SALVOCONDUCTOS EN "CASABLANCA" (1942). MAGIA Y MISTERIO EN EL CAMINO HACIA LA LIBERTAD

 En 1983 Casablanca fue elegida por el British Film Institute como la mejor película de todos los tiempos. Aunque estas listas que tanto nos apasionan son un tanto variables, puesto arriba o abajo Casablanca tiene siempre garantizada una posición de preeminencia. Y ello a pesar de no tener la consideración de obra maestra ni de haber realizado una aportación artística realmente innovadora. Los actores vivieron el rodaje como una pesadilla y pensaban que el argumento era absurdo. Creo que quien mejor define la cuestión es el sagaz Billy Wilder, quien decía que Casablanca es un disparate que funciona divinamente aunque la emitan en televisión y la hayamos visto ya 500 veces. Y es que la película nos sigue encantando con todos sus defectos y contradicciones. Y quizá la mayor de las inconsecuencias de su guión sean los célebres salvoconductos, un elemento que esconde incesantes sorpresas, como os invitamos a descubrir.
La teoría del MacGuffin.
Los salvoconductos con los que el héroe de la resistencia checa Victor Laszlo y su esposa Ilsa Lund consiguen escapar de los nazis son un elemento omnipresente en la película, del comienzo al final. La fórmula cinematográfica con la que los comentaristas suelen explicar su función en Casablanca es la del Macguffin, un término inventado por el genial Alfred Hitchcock para denominar todo aquel aspecto narrativo que precipita el avance de la trama pero que, en puridad, no resulta esencial para la misma. Un ejemplo serían las botellas en las que los nazis huidos a Sudamérica tras la Segunda Guerra Mundial esconden el uranio radioactivo en Encadenados (1946), o el collar de Carlota en Vértigo (1958). Se dice que el MacGuffin interesa no tanto al espectador, que no lo necesita para comprender lo que está sucediendo en la pantalla, sino al guionista. Este debe justificar con diversos datos y repeticiones la presencia de ese motor narrativo. Pero, sin dejar de reconocer que los salvoconductos en Casablanca tienen algo de excusa argumental, en realidad van mucho más allá en la medida en que resultan nucleares para la construcción de la trama. No está de más recordar que el guión gira casi enteramente en torno a dos tipos distintos de documentos que no deben confundirse, aunque ambos permiten a los refugiados abandonar el territorio francés, cuyas fronteras controlan los nazis, para lograr la ansiada libertad en América. Unos son los visados, unos documentos oficiales ordinarios que expide el prefecto de la policía francesa, el corrupto pero simpático capitán Renault, quien explota la desesperación de los refugiados exigiéndoles fuertes sumas de dinero o favores sexuales, como sucede con la joven pareja búlgara. Ugarte aprovecha las migajas que caen de la mesa, al vender a un precio menor que el exigido por el prefecto las visas que consigue por medio de sobornos. Por eso Rick Blaine le llama parásito y desprecia sus negocios.
Ugarte entrega a Rick los salvoconductos
Una segunda clase de documentos, la que más nos interesa aquí, son los salvoconductos, unas cartas de tránsito en blanco extraordinarias, porque solo se han emitido para una concreta ocasión. Ugarte explica a Rick, cuando se los entrega, que son algo que nadie ha visto antes, ni siquiera el propio Rick, que está de vuelta de todo. Por eso Victor Laszlo necesita imperiosamente adquirir esta visa irrevocable, porque los nazis no consentirían, ni siquiera sobornando a Renault con una suma astronómica, que el gobierno títere de Vichy autorizase su salida de los dominios franceses, dentro de los cuales se encuentra virtualmente prisionero.

El filme se abre con una especie de noticiario que describe el avance imparable de los alemanes, ante los cuales huye una riada humana procedente de todos los rincones de Europa. Se dan cita en Marsella, donde embarcan hacia Orán, de allí a Casablanca y, con mucha suerte, llegan a Estados Unidos vía Lisboa. Ese documental es un instrumento con el que pretende rodearse de verosimilitud histórica al relato de la película, entremezclando sus peripecias con los acontecimientos bélicos que habían tenido lugar en fechas muy recientes. También en las salas cinematográficas se iniciaban las sesiones, como durante tantos años sucedió en España con el No-Do, proyectando noticiarios que informaban de la actualidad de la contienda. Acto seguido, ese esfuerzo por envolver al espectador en un verismo histórico continúa con un comunicado de radio- entonces sobresaltaban constantemente a los ciudadanos norteamericanos con las noticias de última hora-, advirtiendo a las fuerzas policiales del Protectorado francés en Marruecos del asesinato de dos correos alemanes, portadores de unos salvoconductos, y de la sospecha de que el autor se dirige a Casablanca. Allí se encamina también el mayor Strasser, al objeto de impedir que las peligrosas cartas en blanco lleguen a manos del archienemigo del III Reich, Victor Laszlo. Llegamos a saber que Ugarte, hasta entonces un estraperlista de poca monta, es el autor del crimen cuando pide a Rick Blaine, el cínico dueño del célebre Cafe Americain, que le esconda los preciados documentos mientras llegan unos clientes con los que ha concertado su entrega a cambio de una fabulosa suma… Y, de momento, hasta aquí puedo contar, como suele decirse.
Por tanto, aunque es cierto que los salvoconductos no son ni simbolizan los grandes temas que laten en la película: el compromiso, el sacrificio, el amor redentor…, no constituyen tampoco un simple recurso dramático efectista ni un aspecto más entre los indudables rasgos noir de la película.

La teoría de los objetos mágicos.
En un ensayo esencial, "Casablanca: Cult Movies and Intertextual Collage" (1985), Umberto Eco califica a los salvoconductos como un elemento mágico, idea en la que coincido plenamente si bien hay que desarrollarla, en la medida en que el gran semiólogo italiano no se detiene a justificar en qué sentido lo son. Tales documentos pueden considerarse como la irrupción de lo maravilloso en la realidad. Me parece muy estimable la opinión de José Losada en Casablanca (1942) en la memoria, que considera que son un correlato del Santo Grial, algo que todo el mundo en Casablanca necesita y busca (https://anthropocinema.blogspot.com.es/2018/03/casablanca-1942-en-la-memoria.html ). Y, efectivamente, el ciclo artúrico inspiró buena parte de la literatura norteamericana posterior a la Primera Guerra Mundial, de Thomas Stearns Eliot a Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway o John Steinbeck. Se trataba de una metáfora de la búsqueda de valores imperecederos en un mundo en que se habían derrumbado todas las viejas seguridades y el humanismo resultaba ya incapaz de explicar el caos moral subsecuente a la Gran Guerra. José Losada también pone el acento en que ese carácter mágico de los salvoconductos se refiere a que ni siquiera los todopoderosos alemanes podían anularlos. Así, como la Marsellesa, capaz de desatar la pasión nacionalista adormecida en los franceses de la Francia colaboracionista, sólo las cosas simbólicas logran escapar al control de los dominadores, de ahí su importancia en el filme.
Por mi parte, me gustaría poner de relieve que la naturaleza mágica de los salvoconductos se ajusta al modelo del viaje del héroe descrito por Joseph Campbell, que puede considerarse la biblia de los guionistas de Hollywood. Pero tiene un encaje aún mejor en la estructura de los relatos maravillosos que desarrolla Vladimir Propp en Morfología de los cuentos (1928).  Ya hemos tratado la cuestión más ampliamente en http://anthropotopia.blogspot.com.es/2013/02/los-machado-antropologia-y-folclore-en.html

Basta aquí con recordar que hay una serie de personajes estereotipados que se repiten sistemáticamente en estas historias: el héroe verdadero (Rick), la princesa (Ilsa), el villano (Strasser), el auxiliar (el pianista Sam), el comitente, que es quien envía al héroe al encuentro con su destino (Laszlo) y, muy importante en nuestra investigación, el donante, un personaje que entrega al héroe (o al que se le arrebata), un objeto mágico necesario para el éxito de su misión. Con un ejemplo extremo veremos muy claro el papel del objeto mágico en cuentos, mitos y leyendas: el héroe griego Perseo solo logra cortar la cabeza de la temible Medusa, que petrifica todo lo que mira, gracias al escudo de Atenea, el casco de invisibilidad que le proporciona Hades, las sandalias aladas que le presta Hermes, el saco para guardar la cabeza del monstruo que le entregan las Ninfas, la espada de Hefesto con la que asesta el tajo mortal y el manual de uso condensado en los sabios consejos de Atenea (si os interesa este mito, tenéis una buena explicación del mismo en este enlace: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2014/12/lecturas-antropologicas-del-mito-de.html). Pues bien, en Casablanca el objeto mágico son los salvoconductos que entrega Ugarte, como donante, al héroe indeciso Rick. Este aspecto de los salvoconductos como don lo resalta Eco-aunque sin citar la obra seminal del antropólogo Marcel Mauss, El Don (1925)-, cuando apunta a que, aunque todo mundo piensa que los salvoconductos pueden comprarse, sólo circulan como una entrega generosa.

 Rick también facilita a la joven pareja búlgara los fondos precisos para adquirir su visado. El héroe amargado, en trance de superar su crisis de valores, deja que Jan gane a la ruleta en su casino para impedir que Annina tenga que degradarse moralmente y arruinar su matrimonio.

Los salvoconductos y La carta  robada (1844) de Poe.
 Recordemos que Ugarte, mientras llegan sus compradores, pide a Rick que se los guarde y este los esconde bajo las partituras de Sam, a la vista del público del café, mientras todos corean entusiasmados "Knock on Wood", invocando la ayuda de la fortuna que tanto necesitan los refugiados. Pero, antes de que lleguen los Laszlo, Ugarte es detenido por la policía francesa. Es llamativo que no se haya señalado la evidente conexión entre La carta robada de Edgar Alan Poe y esta historia de cartas blancas a la vista de cualquiera mientras las buscan desesperadamente Renault, los nazis, Laszlo e Ilsa (esta incluso intenta obtenerlas a punta de pistola cuando le falla el recurso al patriotismo de Rick). En el cuento de Poe la policía busca de manera frenética un documento comprometedor que permanece todo el tiempo delante de sus ojos pero, paradójicamente, invisible. En la película Rick abandona el café para permitir a la policía que busque a fondo a sabiendas de que, en su ceguera, no los encontrarán. El paralelismo con el relato de Poe no puede ser mayor. Antes del desenlace, Renault quiere averiguar dónde estaban escondidos y, al saber que era el piano, reconoce su derrota con gran sentido del humor: "Eso me pasa por no ser musical". 
Ya abordamos el análisis que hizo Jacques Lacan de esta narración, desde el punto de vista del psicoanálisis, en un famoso seminario muy relacionado con el Mayo francés de 1968 (aquí tenéis el enlace: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2017/06/la-carta-robada-poe-y-lacan-descifran.html).
Lágrimas y pistola expresan el conflicto psicológico de Ilsa

 Lacan utilizaba el relato detectivesco de Poe para explicar el funcionamiento del inconsciente y, en ese esquema, la carta robada era el emblema del deseo circulante. También es muy perceptible esa función en Casablanca: los salvoconductos pasan de su autor (cuestión enigmática e importantísima de la que luego hablaremos), a los portadores (los correos alemanes), a los que se los arrebata Ugarte, quien a su vez los entrega a Rick. A este se los solicita Victor Laszlo, después Ilsa, apelando a su amor en París (en la obra de teatro de Burnett y Alison que sirvió de base al filme, el personaje femenino, la pérfida Lois Meredith, los "compraba" con una noche de amor, elemento férreamente censurado en la película aunque todavía afloran restos de ello en varios momentos). Rick engaña a Renault diciéndole que los va a utilizar para marcharse de Casablanca con Ilsa e interesando que detenga a Laszlo para que este no lo impida, Con esa estratagema, consigue facilitar la huida del héroe de la resistencia checa y de su esposa, a los que dona el objeto mágico que les permite abandonar Casablanca volando, como en el mejor de los cuentos de las 1001 Noches.
 

Es importante advertir, como lo hace Lacan, que el objeto circulante del deseo cambia de valor en cada transmisión y así sucede igualmente con los salvoconductos, hasta llegar a ejemplificar el autosacrificio máximo en manos de verdadero héroe, Rick, cuando realiza el don a Laszlo e Ilsa. 
Foto promocional con el salvoconducto en manos de Ferrari

Por cierto que la circulación del deseo es un leitmotiv omnipresente en la estructura narrativa del film. No sólo lo vemos en los salvoconductos, el auténtico paradigma, sino también con Sam y el café de Rick, que Ferrari, propietario del negocio rival, The Blue Parrot, intenta desesperadamente comprar para dominar por completo el mercado negro en la ciudad. También pasa de mano en mano Ilsa, oscilando en el triángulo amoroso que forman Rick y Laszlo, e igualmente circula la canción tabú, As Time Goes By. Primero la pide Ilsa y Sam se niega a interpretarla por la prohibición de recordar el pasado reprimido pero, con su dulzura, la “princesa” consigue que el “ayudante” toque la añorada melodía.
Este esquema del no y del sí se repite más tarde cuando Rick, borracho y psicológicamente hundido, insiste a Sam para que la interprete para él: “La tocaste para ella, tócala para mí. Si ella pudo resistirlo, yo también podré. ¡Tócala, Sam! ¡Tócala!” El fiel Sam actua aquí como un Orfeo, como un mago, al ser capaz de revivir con su música las emociones pasadas de Rick, de cuya llave, la canción, es el guardián.
Otra idea muy relacionada con la del deseo circulante es la del robo, que resulta central en el cuento de Poe: los alemanes secuestran el Viejo Continente, como en el mito griego del rapto de Europa; Ugarte roba los salvoconductos; los nazis intentan robar a Laszlo su fortuna (en la obra de teatro); y Renault roba la decencia y el dinero a los refugiados.

El misterioso autor de los salvoconductos.
Muy en consonancia con su carácter mágico y misterioso se encuentra la enorme controversia existente en relación a la identidad del autor de los salvoconductos. Ugarte, poco antes de su detención, explica a Rick que no pueden anularse ni rescindirse pero, en cuanto al emisor, hay una gran polémica acerca de cuál es el nombre que pronuncia. En los subtítulos en inglés de la versión original (añadidos muchos años después del rodaje, cuando se editó el DVD y que, por tanto, no poseen la necesaria fiabilidad) se reseña como firmante al general De Gaulle. 


En cambio, en la versión gala aparece el nombre del general Weygand. En el doblaje que se realizó para el estreno en nuestro país en 1946 se escucha ese nombre aunque se pone tan poco énfasis que, en los subtítulos, aparece De Gaulle, al igual que en alemán, probablemente por simple mimetismo con la versión inglesa. El hecho de que Peter Lorre fuera un actor austriaco interpretando a un personaje italiano, que habla en inglés y pronuncia un nombre francés de origen belga, no facilita precisamente la solución del enigma partiendo de la versión original. En cualquier caso, deberíamos advertir que los franceses conocen mucho mejor su propia historia, y dar prioridad por ello a su interpretación. Sin embargo, para ser rigurosos, es obligado recurrir a las fuentes históricas para clarificar la cuestión. De Gaulle, que había sido Vice-ministro de Defensa de la III República francesa y entonces era el líder de la Francia libre en Brazzaville (Congo), mal podía haber emitido unos documentos irrevocables que vinculasen a los nazis y al gobierno de Vichy. Tiene mucho más sentido que el emisor fuese el General Maxime Weygand (1867-1965), entonces Comandante General y gobernador de los dominios franceses en el norte de África. 

Para eliminar todas las dudas, hemos echado mano del laboratorio de imagen. Así, hemos ampliado la imagen en que Rick, fugazmente, revisa la validez de los salvoconductos antes de ejecutar el plan con el que pretende dejar fuera de juego a la policía francesa para facilitar la huida de Laszlo e Ilsa. Allí se ve claramente que es un documento oficial emitido por el Etat Français. Esta es la forma de gobierno correspondiente al Régimen de Vichy, que supuso una interrupción del sistema republicano, el cual desapareció tras la ocupación alemana de Francia en junio de 1940. 



No obstante, tengo que confesar que, durante esta apasionante investigación acerca del “whodunit”, mis (casi) certezas se tambalearon muy seriamente cuando encontré la fotografía de un facsímil de los salvoconductos, en el que aparece como firmante De Gaulle. La evidencia de tal documento, la "prueba reina", hizo que pensase que el caso estaba definitivamente resuelto en un sentido contrario al que esperaba. Pero tal solución seguía sin convencerme, por lo que revisé detalladamente sus datos. Primera incongruencia, la firma data de septiembre de 1940, mientras que los hechos narrados en la película suceden en los primeros días de diciembre de 1941. Segunda: en el sello que acompaña la firma de De Gaulle figura sentada la Marianne, que personifica a la República, con la balanza de la justicia en una mano. Esa figura no coincide con el perfil que se adivina en el fotograma capturado de la película. Ciertamente la escasa nitidez de la ampliación solo permite descifrar con mucha dificultad algunas partes del documento, por lo que no facilita la solución directa del misterio. Solo proporciona unas pocas pistas. 
Dispuesta a seguirlas, busqué imágenes de los sellos utilizados en los documentos oficiales de la época por uno y otro gobierno-Vichy y la resistencia-, y descubrí que el supuesto facsímil era, en realidad,  un ingenioso ejemplo de photoshop para el que se había partido de un documento policial del gobierno gaullista (en la fotografía superior). Pero seguía sin tener información segura acerca de quién era el autor de los salvoconductos. 
Por suerte, encontré otro documento (abajo, a la izda.) en el que resulta perfectamente visible el sello de “le General Gouverneur de la Region Militaire Nord-Africaine”, cuyas formas sí coinciden totalmente con las que se aprecian en el fotograma de contraste. 
En el centro, el sello que aparece en los salvoconductos
También aplicamos al fotograma con el salvoconducto diversos filtros para intentar hacer más legible el texto y el resultado fue, por una parte, identificar el trayecto autorizado (Casablanca a Lisbonne, Portugal) y la fecha ( ¿ 4 ? de diciembre de 1941) y, por otra, los cargos del emisor, “Le Général D´Armée Commandant en Chef”. Estos eran los que en aquel momento ostentaba Weygand, quien el 5 de septiembre de aquel año había sido nombrado Delegado general del gobierno de Vichy en África. Enigma solucionado, pero es fácil suponer que el carisma de De Gaulle seguirá atribuyéndole, contra toda lógica, el poder de emitir documentos mágicos.
Weygand versus De Gaulle
La lógica del pensamiento mágico.
Y, al fin y al cabo, ¿con qué fin y para quién se habrían emitido estos mágicos salvoconductos por el gobierno colaboracionista y por qué fueron entregados para su custodia y transporte a los nazis (quienes, por cierto, nunca estuvieron instalados en las posesiones francesas en África)? ¿Y cómo es que Ugarte, un tipejillo de los bajos fondos de Casablanca, al que Rick desprecia, tuvo conocimiento de que los maravillosos salvoconductos existían y quiénes y a dónde los llevaban? Otro misterio aún más insondable. Al final, quizá convenga volver a la teoría del MacGuffin: mirado el prisma desde otra óptica no incompatible con el aspecto mágico, los salvoconductos actúan como un detonante narrativo para centrar la atención del espectador en la apasionante trama policíaca. Si elaboramos un poco las posibilidades de la idea, como hace José Losada en el texto antes mencionado, llegaremos a la conclusión de que quizá habrían podido tener como destinatarios a los servicios secretos para facilitar las operaciones bélicas en el norte de África. La espléndida paradoja es que un pasaporte irrevocable, emitido en beneficio de los nazis o de sus socios, acaba convirtiéndose en la puerta de escape para el héroe de la resistencia. 

La idea de los salvoconductos se le ocurrió a Joan Alison, la coautora de la obra de teatro con Murray Burnett. Este esperaba que alguien dijese que esos visados que no podían cancelarse eran completamente absurdos pero, curiosamente, nadie lo hizo. Y es que la magia está mucho más presente en nuestros esquemas mentales cotidianos de lo que estaríamos dispuestos a admitir. Seguramente es el poso de los cuentos maravillosos de nuestra infancia (que vendrían a ser un sustituto de los ritos de paso de la infancia a la adolescencia, como mantuvo Vladimir Propp), y de la necesidad que tenemos de creer en que algún recurso inesperado nos ayudará a salir adelante en las situaciones imposibles.

Quisiera dedicar este trabajo a mis queridas y admiradas Josefina Buendía Maturana y María Laso González, amigas y maestras.

By JosedaVinci https://www.instagram.com/joseda_vinci/


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