Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de agosto de 2015

PASIÓN POR ANIMAR. VAMPIROS, GATOS Y FLORES CARNÍVORAS EN LA OBRA FÍLMICA DE MARÍA LORENZO

Hace unos días dedicábamos una entrada a charlar con la directora de animación María Lorenzo. La propuesta era conocer mejor la personalidad de esta artista polifacética y versátil a través de sus propias palabras. Pero esa semblanza quedaría incompleta sin una visión, siquiera panorámica, de su trayectoria como dibujante, pintora, animadora y miembro de la comunidad académica y, sobre todo, sin revelar las líneas de fuerza que recorren sus cortometrajes y también su producción teórica. Espero que estas reflexiones nos permitan explorar con cierta profundidad su obra, para degustar aún más sus sorprendentes hallazgos.

AMAR EL ARTE
María Lorenzo Hernández nace en Alicante el 29 de octubre de 1977. Desde su más temprana infancia ya resultaba evidente aquello  para lo que estaba especialmente dotada por naturaleza: el dibujo, la pintura, el modelado, el diseño…Comienza sus estudios artísticos en la Escuela Municipal de Dibujo y Pintura de Torrevieja, de la mano del pintor alicantino Manuel Balaguer, hacia quien siente una deuda especial de gratitud. Experimenta la técnica del óleo copiando incansablemente a los grandes maestros, para desentrañar sus secretos: sobre todo  Leonardo y Velázquez pero también Vermeer, Ghirlandaio, John Singer Sargent, Sorolla…

"MONDO CANE" (1961), ESTE PERRO MUNDO


Durante mucho tiempo asocié  la película Mondo Cane a su tema principal, una de las más bellas melodías que jamás se han escrito para el cineHace poco tuve la oportunidad de ver el film, que no tenía demasiada idea de qué podía tratar. Lo que nunca me habría imaginado es que se tratara de una especie de documental antropológico. Indudablemente es una película criticable, imperfecta, ahora ya bastante pasada de moda, aunque en el año de su estreno, 1961, resultara absolutamente rompedora. A pesar de esos defectos, me parece interesante hablar aquí de este controvertido documental por la utilidad que pueda tener el heterogéneo collage de costumbres que recoge para el estudio de la antropología.

lunes, 17 de agosto de 2015

EL CEBO, UN CUENTO INFANTIL PARA ADULTOS

   Por Miguel Florián
Existen películas que dejan una impronta perdurable en el hondón de la memoria infantil. La infancia es un sustrato muy generoso en donde fácilmente prenden y se desarrollan las semillas primeras de la experiencia. Territorio habitado por mitos y leyendas, abierto siempre a lo inaudito. Yo podría, como cualquier otro, mencionar varias películas iniciales; de entre todas ellas entresaco ahora una: El cebo (Es geschah am hellichten Tag, ‘Ocurrió a plena luz del día’). No recuerdo con exactitud cuando la vi por vez primera. Seguramente en uno de aquellos cines de sesión continua a los que los niños madrileños íbamos las tardes de domingo para aliviar a nuestros padres. O, tal vez, en las proyecciones que a muy bajo precio se organizaban en La Casa de la Moneda, en la calle Doctor Esquerdo. También pude verla en aquellas salas de cine improvisadas donde se exhibían filmes esporádicamente y los espectadores debíamos ir acompañados de una silla. ¿Tal vez fuera una de las películas que nos proyectaban los domingos por la mañana en el colegio? Pero lo dudo, los curas solían preferir películas como Molokai, Fray Escoba, o El beso de Judas. La verdad, no lo sé con seguridad. Pero lo cierto es que El cebo me impresionó. Lo que allí se contaba cifraba en gran medida los oscuros temores que acechan a los niños asustadizos, aquellos niños que vivíamos atemorizados por ‘el hombre del saco’, o el ‘sacamantecas’. Y es que eso era lo que se contaba en la película: la historia de un asesino de niñas, de un ‘asesino en serie’ que nos gusta decir ahora. Mi madre me repetía (como les recomienda en el filme el policía a los escolares) lo que solían decir las madres entonces: ‘no hables con un desconocido’, ‘no aceptes caramelos ni ningún otro regalo de nadie que desconozcas’.

sábado, 1 de agosto de 2015

SERENDIPIAS DE VIDEOCLUB


He elegido una extraña palabra para el título de esta entrada: “serendipia”, que no sólo se asocia con las casualidades, sino también con el hallazgo o reconocimiento de un tesoro escondido y a la vez a la vista de todos, listo para causar una revelación.

Mi serendipia de este fin de semana ha sido, pues, seleccionar del videoclub dos títulos que por azar presentaban temas afines; y en concreto uno de ellos, sobre el que me extenderé más, ha supuesto todo un descubrimiento. Me refiero al dúo que inopinadamente componen dos películas pertenecientes a esferas tan diferentes como “El curioso caso de Benjamin Button” (David Fincher, 2008), basada en un relato corto de F. Scott Fitzgerald, protagonizado por Brad Pitt y su doble de animación —que causó sensación en las taquillas y en los Oscar®—; y en segundo lugar,  la obra escasamente conocida de Francis Ford Coppola “El hombre sin edad” (Youth Without Youth, 2007), con Tim Roth a la cabeza del reparto, basada en una novela del filósofo e hinduista rumano Mircea Eliade. Este filme fue prácticamente contemporáneo al primero pero, al contrario que aquel, pasó discretamente por la cartelera.

LA COLECCIÓN DE WERNER NEKES Y LA PREHISTORIA DEL CINE

1_ El maravilloso gabinete de curiosidades de Werner Nekes



Los Cuartos de Maravillas, Cabinets de Curiosités, Wonder Chambers o Wunderkammern, eran, como es sabido, los aposentos donde se coleccionaban y mostraban multitud de objetos extravagantes, procedentes de la naturaleza o bien de factura humana, como obras de arte o instrumentos científicos. Fue famoso, por ejemplo, el gabinete de arte y curiosidades del emperador Rodolfo II de Habsburgo, en el Castillo de Praga, que sirvió de inspiración al brillante Arcimboldo. Tras su apogeo entre los siglos XVI y XVII, muchas de estas colecciones fueron desmanteladas para formar parte de los emergentes museos del s. XIX.



En los Cuartos de Maravillas, las colecciones podían organizarse en cuatro categorías, denominadas por sus nombres en latín: artificialia, que reunía los objetos creados o modificados por la mano humana (como antigüedades u obras artísticas); naturalia, que recopilaba criaturas y objetos naturales; exotica, que agrupaba plantas y animales exóticos; y scientifica, que concentraba instrumentos científicos. Esta clasificación intuitiva respondía a la mentalidad universalista de la época, y de cierta forma, aún reverbera su eco en algunas colecciones modernas.