lunes, 13 de junio de 2016

LA SOMBRA DE LAS MUJERES PANTERA. Reflexiones antropológicas en torno a "Cat People" (1942) de Jacques Tourneur

Los mitos son uno de los elementos constitutivos básicos de nuestro imaginario colectivo. Frente a aquellas historias heredadas de un pasado muy remoto, otras han sido creadas de nuevo cuño por Hollywood, la fábrica de los sueños, pero recombinando para ello elementos preexistentes en nuestro acervo cultural. Así sucede con la leyenda de las mujeres pantera en la película de Jacques Tourneur, Cat People (1942). En esta entrada podremos descubrir cómo se forja un producto cultural para el consumo de masas, usando para ello símbolos compartidos y reconocibles, y cuáles son los factores que aseguran su amplia circulación hasta convertirse, a su vez, en un referente clásico para nuevas imágenes colectivas. Examinaremos también la ambigüedad y polisemia de estos símbolos, que pueden dar lugar a interpretaciones abiertamente contradictorias de su significado.

Un poco de teratología
A lo largo de la historia de los distintos pueblos los monstruos siempre han servido para construir un concepto del "nosotros" dentro del canon de la normalidad, de lo que se considera aceptable en cada lugar y momento históricos. Lo distinto, lo "otro", es un espejo en el que necesariamente debemos mirarnos para averiguar, por vía negativa, cómo deberíamos ser. El Diccionario de uso del español de María Moliner destaca la etimología de “monstruo”, una palabra que proviene del latín “monstruum"-en griego es "teratos”-, y que, a su vez, deriva de “monere”, que significa anunciar, pues se consideraba que estos seres extraños eran un aviso de los dioses. Su aparición generalmente provocaba temor, porque para el pensamiento supersticioso representaban el pronostico de grandes desgracias. Por ello, desvíos de la naturaleza como los hermanos siameses eran rápidamente suprimidos en aras del bien común. Así se explica el terrible suceso relatado en 1611 por el lexicógrafo Covarrubias: en Cervera (Lérida) nació un niño con dos cabezas y cuatro pies, y sus padres se apresuraron a enterrarlo todavía vivo para evitar el mal que pensaban que atraería a su familia y a la ciudad. Pero, contradictoriamente, durante el periodo barroco, con su gusto manierista, su obsesión por lo irregular, lo extraño y hasta lo deforme, los monstruos atrajeron también la curiosidad más morbosa. 
Caliban, un especímen de hombre salvaje según Roger Bartra
En La tempestad (1611), la última obra de Shakespeare, se repite en varias ocasiones que el monstruo Caliban permitiría a su dueño ganar una fortuna si lo exhibiese en Londres, lo que es un buen índice de la popularidad que podían llegar a alcanzar los seres situados en los límites de lo humano. Por otra parte, es bien sabido que, para solaz y diversión de los poderosos,  las cortes europeas albergan un cortejo de enanos, figuras contrahechas y locos bufones. Los más insignes pintores, como Velázquez, Zurbarán o Carreño de Miranda, nos dejaron un fiel reflejo de estas rarezas de la naturaleza, con sus rasgos monstruosos pero también con toda su digna humanidad.
Magdalena Ventura, La mujer barbuda (1631), de Francisco de Ribera

Eugenia Martínez Vallejo, La "Monstrua", de Carreño Miranda (1680), en el reinado de Carlos II
En el siglo XIX los monstruos acabaron por democratizarse completamente. Dejaron de ser una diversión de los ambientes cortesanos, un deleite de la aristocracia, para a exhibirse en la plaza pública, a la vista del ciudadano corriente, ávido de nuevas emociones, a la par que aquejado de un sentimentalismo hipócrita de corte muy burgués.

 Así se explica que se pusieran de moda los zoos humanos, en los que se exhibían una enorme diversidad de especímenes: indígenas de tribus remotas, seres de género ambiguo, extraños o con poderes casi sobrenaturales.
Los monstruos humanos eran una atracción de barraca que pronto atrajo la atención del mundo del cine. Freaks (1932), de Tod Browning, es un perfecto ejemplo de la sórdida crueldad que pudo habitar en aquellos circos humanos. 

Pero, al mismo tiempo, mediante sus efectos especiales, el séptimo arte permitió también dar vida a otros monstruos imaginarios. Ya lo había hecho la pujante cinematografía alemana en El Golem (1920) de Carl Boese y Paul Wegener; El gabinete del Doctor Caligari, de Robert Wiene, del mismo año, con el sonámbulo Cesare que el siniestro doctor presentaba como atracción en las ferias de pueblo; o Nosferatu (1922) de Murnau, una versión inconfesa del Drácula de Bram Stoker. 


Pero la verdadera vuelta de tuerca la constituyeron los monstruos recreados por la Universal Pictures: Dr. Jekyll y Mr. Hyde, El jorobado de Notre Dame, El fantasma de la ópera y, sobre, sobre todo, Drácula y Frankenstein (ambas de 1931), La momia (1932) o King Kong (1933). El éxito de estas películas fue verdaderamente sensacional pero, hacia finales de la década de 1930, después de incontables combinaciones de monstruos cada vez más monótonas e inverosímiles, la fórmula ya daba muestras de un franco agotamiento. El hombre lobo, en un filme de 1941, fue el último de los monstruos clásicos de la Universal. Pero vamos a detenernos un poco a examinar las características que presentaba este tipo de cine tan peculiar.
De cómo la serie B salvó a la industria cinematográfica durante la Gran Depresión
El Crack del 29, que supuso una terrible miseria para los estratos inferiores de la sociedad norteamericana, vació de público las salas de cine. Por ello, hubo que inventar nuevas fórmulas para arrastrar de nuevo a las masas hacia el consumo cinematográfico. Lo que se les ocurrió fue rodar películas de muy bajo presupuesto para así poder presentar a los espectadores una oferta irresistible: dos películas al precio de una. El plato principal consistía en una producción más cara y vistosa, completando la sesión doble una de esas películas baratas de la serie de B. Los requisitos que debían cumplir estos filmes eran no superar un metraje de 75 minutos y que su presupuesto no rebasara los 150.000 dólares. Sus actores distaban de ser grandes estrellas, y se rodaban a un ritmo frenético, ahorrando costes mediante el reaprovechamiento de los escenarios de otras producciones más solventes.
Sin embargo, toda esa rigurosa preceptiva para la producción de filmes en cadena no dio lugar a películas de baja calidad. Antes al contrario, los productores supieron hacer de la necesidad virtud y, por ello, algunas de estas películas son joyas irrepetibles, como la fascinante Cat People, de 1942. Ese mismo año Val Lewton, que había sido asistente de rodaje de David O´Selznick, fue nombrado jefe de departamento de las películas de terror de Serie B en la RKO. Esta compañía estaba virtualmente en quiebra tras el mal resultado económico de las dos películas rodadas por Orson Welles. La compañía había firmado un contrato millonario con el niño prodigio tras su apoteosis radiofónica de 1939, pensando en que rentabilizarían fácilmente en taquilla el fenomenal talento del joven director. Pero este no estaba tan interesado como los estudios en los resultados financieros de su trabajo sino en llegar allí donde nadie antes había estado. Así que, entre la incomprensión hacia sus audacias fílmicas y las zancadillas de William Randolph Hearst y sus plumíferos a sueldo, tanto Ciudadano Kane (1941) como El esplendor de los Amberson (1942), acabaron siendo un fiasco en términos financieros. Afortunadamente, Cat People, la primera película de Val Lewton en colaboración con el director francés Jacques Tourneur, salvó a la RKO de la ruina. Pero, ¿qué tenía esta película de segundo orden para convertirse en un taquillazo y humillar así los resultados de la que siempre ha sido considerada la mejor película en la historia del cine?
El terror psicológico
Los monstruos de la Universal habían sido adaptaciones de referentes literarios, basados en historias que se remontaban al siglo XIX. El aspecto y las transformaciones de los monstruos se conseguían gracias al maquillaje, y al talento y a la inquietante presencia física de actores como Lon Chaney Jr., Boris Karloff o Bela Lugosi. En cambio, los psicothrillers rodados por la RKO en los años 40 se basaron en elementos más sutiles, como la insinuación, la ambigüedad, los juegos de sombras… Por otro lado, el escenario del miedo se trasladó a un entorno urbano contemporáneo. Los monstruos, las amenazas de otros mundos, invadieron las calles y las casas de los espectadores de aquel mismo momento. Fritz Lang afirmó que no hay nada que atemorice más que lo que la mente es capaz de imaginar por sí misma, y Jacques Tourneur, que hizo suya esta fórmula, estaba convencido de que el cine de terror de la década anterior había cavado su propia tumba al alejarse de la realidad cercana al espectador. Para él, lo sobrenatural debía ser sólo insinuado, no exhibido abiertamente. “El verdadero terror consiste en mostrar que, inconscientemente, todos vivimos en el miedo. Cuando el público, en la oscuridad de la sala, reconoce su propia inseguridad en la de los personajes de la película, entonces es posible mostrar situaciones increíbles y estar seguro de que el público participará“. Y La mujer pantera bien que lo demostró: frente a los 550.000 dólares de recaudación de Ciudadano Kane, obtuvo 4 millones de dólares en los dos primeros años de exhibición, rentabilizando al máximo su magro presupuesto de 141.000 dólares gracias a su economía de medios expresivos y la reutilización de escenarios y otros elementos (el zoo de Central Park, del set de un musical de Fred Astaire; la escalera en la vivienda de Irena, de The Magnificent Ambersons; la oficina, de una película de Jean Arthur; un café sirvió tanto para la cafetería, el restaurante Belgrade y la tienda de animales; la partitura era un pastiche de otras de Max Steiner… ¿Alguien da más por menos?)
La mujer pantera. El argumento (SPOILER)
El argumento de la película es muy sencillo, aunque incorpora ideas complejas con muchas aristas. La solitaria Irena Dubrovna, una figurinista serbia, pasa muchas horas en el zoo dibujando a la pantera, un animal que la obsesiona. Oliver Reed, ingeniero naval, traba amistad con ella en ese lugar. Ya en ese primer encuentro la misteriosa joven le invita a tomar el té en su casa y le relata una vieja leyenda de su país, al que el rey Juan liberó de los adoradores de Satán. Pero los más perversos brujos escaparon a las montañas y consiguieron sobrevivir. Pese a estas historias siniestras y otras rarezas de Irena, Oliver se enamora de ella y, finalmente, se casan. Mientras se encuentran celebrando el convite de bodas en un restaurante yugoslavo, aparece una extraña mujer, de rasgos marcadamente felinos, que insistentemente llama a Irena “mi hermana”. Ella está llena de miedos y se siente incapaz de consumar su unión, por lo que pide a su marido que le conceda un tiempo para acostumbrase al matrimonio. 


Entre tanto, la ayudante de su esposo, Alice Cooper, una mujer llena de recursos, se va entrometiendo poco a poco en esa enfermiza relación marital hasta que se atreve a confesar a su jefe que está enamorada de él. Para ayudar a Irena a curarse de sus trastornos psicológicos, sugiere que acuda a la consulta de un conocido suyo, el doctor Judd, que en realidad es un don Juan impenitente. Como era de esperar, el médico trata a la atractiva Irena más como una conquista que como paciente. Rechaza, como una total superchería, la historia de las mujeres felinas que Irena confiesa bajo hipnosis. Durante ese tiempo de espera, se va forjando una relación de gran confianza entre Oliver y Alice, confidente de su desastroso matrimonio, y ambos marginan a Irena cada vez con menos disimulo, lo que despierta sus celos. Transformada por fin en pantera, en una memorable escena por su belleza visual y el poder de sugestión de las luces y las sombras, Irena acecha a una indefensa Alice mientras esta nada en la piscina. 

Irena está tan aterrorizada con el desdoblamiento que está experimentando, que acepta seguir el tratamiento que antes había rechazado.El Dr. Judd le aconseja que se deshaga de toda la parafernalia felina que la obsesiona y, cuando ella está decidida firmemente a cambiar de actitud, resulta demasiado tarde para salvar su matrimonio: Oliver le revela que ya no la ama y que le va a conceder el divorcio.


 Irena se transforma entonces nuevamente en pantera para atacar a Oliver y a su rival. El Dr. Judd, que la espera en su casa para internarla en un psiquiátrico, aprovecha para acosarla sexualmente, pero ella lo hiere mortalmente a la vez que también resulta gravemente herida. Presintiendo próximo su fin, Irena libera a su doble, la pantera del zoo. El animal la ataca y, mientras escapa, la fiera resulta atropellada por un coche, por lo que ambas mueren simultáneamente.

La condensación narrativa y el abundante simbolismo de la cinta impiden resumir fácilmente la historia. Toda ella está plagada de detalles que evocan falsas leyendas, tradiciones y creencias antiguas. La película se abre con una cita de un libro (apócrifo) del doctor Judd, Anatomía del atavismo: “Al igual que la niebla se asienta en los valles, las supersticiones se aferran a lo más recóndito del alma, creando las depresiones del mundo".Sin embargo, la historia de la mujer pantera-muy lejos del personaje incluido en la adaptación fílmica de La isla del doctor Moreau de H.G.Wells-, no procede de ningún mito ni de ninguna concreta obra literaria, sino que teje sus hilos en torno a elementos procedentes de algunos textos y tradiciones históricas y hasta curiosas anécdotas experimentadas por sus creadores.

La construcción de un mito. Los referentes literarios
Al principio, la película solo disponía de un título, Cat people, sin ningún concreto argumento en torno al mismo. Por ello, el productor Val Lewton y el guionista Witt Bodeen se embarcaron en un estudio muy meticuloso acerca de los gatos en la literatura. 
Olalla (1885), de R.L. Stevenson, cuenta una historia de ambientación española, la de un felino humano. Olalla cree que está contaminada por un mal que transmitirá si llega a casarse. La joven se siente incapaz de dominar el pánico a las reacciones de su cuerpo cuando se enamora .
En Los ojos de la pantera (1897), del escritor norteamericano Ambrose Bierce, la protagonista Irene rechaza la proposición de un matrimonio de un abogado por miedo a la locura y a las leyendas locales.
La princesa tigre (1961), del belga Jean Ray, narra la historia de una bella princesa de Malasia que se metamorfosea en el cuerpo moreno y escultural de una pantera.
El gato de Brasil, de Arthur Conan Doyle, plasma la relación de una extraña y exótica mujer con un hermoso felino traído del Brasil.
En Ancient Sorceries and Other Tales (1927), Algernon Blackwood contaba la historia de una raza de brujos felinos en Francia.
Y, finalmente, el propio Val Lewton, escritor pulp, en 1931 había publicado, en la revista Weird Tales, la historia The Bagueeta. Se trataba de la leyenda de una pantera capaz de transformarse en mujer para seducir a los hombres en una aldea de Ucrania, país del que procedía Lewton. Sólo el héroe Kolya resiste sus encantos y es capaz de internarse en el bosque para matar a la pantera con su espada.
Sin embargo, con independencia de todos esos posibles referentes, el productor y el guionista de la película optaron por crear un texto ad hoc para la película, el cual se modeló a medida de la actriz francesa Simone Simon, que tenía un contrato firmado con la RKO . Eso quiere decir que, para justificar su acento exótico, su personaje necesariamente debía ser una extranjera en Estados Unidos.

En la primera versión del guión, una división Panzer de los nazis ocupaba un pueblo en los Balcanes. Los habitantes, descendientes de estirpe ancestral de hombres felinos, no desplegaban ninguna resistencia contra sus ocupantes pero los despedazaban al caer la noche. Pero, al final, se decidió trasladar la historia al Nueva York contemporáneo, con el objetivo de acercarla al público norteamericano. Lewton se inspiró, para el personaje de Irena, en un desfile de moda francesa en el que las modelos lucían cabezas de gato. El director Tourneur aportó su claustrofóbica experiencia en una piscina, en la que fue asediado por dos guepardos. Y la mujer gato, una auténtica serendipia, partió del encuentro en una fiesta con una actriz dotada de un sorprendente físico, la actriz Elizabeth Russell. Todo un mosaico de pequeños detalles que cristalizaron en una obra maestra que, a la vez, es un mito perdurable.
La leyenda de la pantera
Además de estas anécdotas y de los ejemplos literarios indicados, el filme incorpora múltiples elementos tomados de las leyendas que rodeaban la figura de la pantera desde la antigüedad. El barrendero del zoo recuerda a Irena, que la considera el animal más bello que, en cambio, el libro del Apocalipsis lo califica como el más malvado de todos. Es el cazador por antonomasia. Según una leyenda medieval, que arranca de la descripción de Plinio en la Historia Natural (VIII, xxiii, 62), después de saciarse la pantera se retira a su guarida para dormir durante tres días, al término de los cuales se despierta y, con un rugido perfumado, dulce, hipnótico, es capaz de atraer allí a nuevas presas. Una irónica evocación de este singular rasgo del aliento perfumado de la pantera la encontramos en Volpone; o el zorro (1606) de Ben Jonson, un autor teatral, coetáneo a Shakespeare, muy versado en la cultura clásica. Ese perfume vivo y cálido, como de un animal salvaje, es el mismo que impregna el apartamento de Irena y que hace que tanto Oliver como el psiquiatra queden atrapados en las redes de sus encantos.
La pantera se consideraba también entre los griegos como un animal dionisíaco. En las representaciones visuales puede verse cómo Dioniso-Baco cabalgaba sobre este animal y también que las ménades de su cortejo vestían con pieles de leopardo. Se creía que estas mujeres, en pleno frenesí por la embriaguez y la pasión sexual, podían convertirse en panteras, un animal que siempre se ha asociado al género femenino. Lo que late aquí es la zooantropía, una creencia, compartida por múltiples culturas, acerca del poder de transformación de los humanos en animales para apropiarse de sus poderes. En el caso de la pantera, los del mal y de la muerte.
Un ser escindido
La historia de Cat People también evoca las mutaciones del hombre lobo, y el combate interior entre el Doctor Jekyll y Mister Hyde en la obra de R.L. Stevenson (1898), quien exploró magistralmente en esta novela la lucha con el lado animal, bestial, siempre al acecho en la naturaleza humana. La parte emocional que Irena intenta reprimir son los celos, la ira o el deseo, que despiertan la pantera escondida en su interior. Se trata de una metáfora de la represión de los instintos que amenazan con alterar el orden civilizado. La pantera representa las fuerzas del mal que habitan en el interior de cada persona. Como Mister Hyde, es el lado oscuro escindido que la cultura represora intenta sin éxito suprimir. Irena trata por todos los medios de acabar con esa parte incontrolada de su ser. Al comienzo de la película la vemos, como en un ritual de magia simpática, dibujando frenéticamente panteras atravesadas por una enorme espada, que a su vez es un evidente símbolo fálico. 


También en su casa guarda, a modo de santo protector, la figura del buen rey Juan masacrando a los perversos hombres felinos. Pero, al mismo tiempo, de manera contradictoria, Irena se rodea de toda suerte de elementos que la atan a su lado oculto, como el biombo con el dibujo de una pantera, o un detalle alusivo muy curioso, como el cuadro de Goya que cuelga en su lujoso apartamento. En él, tres gatos contemplan, con aviesas intenciones, la urraca que lleva atada un niño.

Los animales perciben, mucho antes que las personas, que Irena es, en realidad, un poderoso depredador y no la inocente joven que aparenta ser. Así lo advierte el gatito que le regala Oliver, los animales de la tienda de mascotas, que se alborotan escandalosamente cuando ella entra, y el pobre canario que muere de miedo cuando Irena intenta cogerlo para jugar con él . Este suceso le revela, ya sin género de dudas, quién es en realidad, y la mueve, como en un ritual sacrificial, a arrojar el cadáver del canario a las fauces de su doble ferina, la pantera del zoológico. Después de una larga represión de su lado bestial, maléfico, Irena se atreve a robar la llave de la jaula de la pantera, a la que finalmente libera.

Hay también en la película una constante evocación del pecado de Adán y Eva, de una creación impía, que se resume en los versos finales del poeta metafísico inglés John Donne (1572- 1631): “Pero el negro pecado traicionó a la oscuridad infinita/a mi mundo, a ambas partes/y ambas partes deben morir” (Holy Sonnets). Todo un detalle de muy alta cultura, pues este autor extraordinario, moralmente tan escindido como Irena, permaneció olvidado durante trescientos años. En 1921 fue rescatado de su silencio centenario por el premio Nobel T. S. Eliot.
Un monstruo inmigrante
Irena es un nombre de origen griego que significa paz, pero sólo genera caos y conflicto. Pero ¿quién es Irena Dubrovna en realidad? La película sólo cuenta que procede de Serbia y que trabaja como figurinista de moda. Es elegante y sofisticada. Le gusta la soledad y el silencio; la oscuridad para ella resulta amigable. Si se reflexiona un instante, podemos ver que estos rasgos, tomados en su conjunto, son netamente antisociales, propios de un estadio animal, porque el lenguaje y la socialidad son lo que nos caracteriza como seres humanos. Irena conoce a muchas personas del mundo de la moda pero no tiene a ningún amigo. En el zoo, un oasis de naturaleza en el seno de la gran ciudad, su ser animal se siente cómodo, como también le calma el rugido de los leones, que ella encuentra sedante, a diferencia del grito femenino y atormentado de la pantera, su alter ego. Irena dispone de un estupendo piso en Central Park, uno de los lugares más caros de Nueva York, a un tiro de piedra de la Quinta Avenida. ¿Qué ha ido a buscar esta chica serbia a los Estados Unidos? No lo sabemos, nunca lo cuenta. No forma parte de aquellas hornadas de míseros inmigrantes eslavos del siglo XIX y principios de XX. Por el contrario, goza de un buen estatus profesional. Quizá podría ser una refugiada de guerra, dado que los nazis invadieron su país de origen en 1941. Pero siendo así, ¿cómo pudo haber obtenido un trabajo tan lucrativo en tan poco tiempo? Todo en ella es un misterio, el de la seducción de la pantera, porque nada cuadra con sus modestos orígenes familiares que relata bajo hipnosis al doctor Judd: los niños de la aldea llamaban a su madre "la bruja de las mujeres gato". También cuenta al doctor la leyenda de que, cuando el rey Juan liberó Serbia de los mamelucos, descubrió horrorizado que el pueblo había abandonado el culto cristiano y algunos se habían convertido en brujos adoradores de Satán. Para liberar a su reino de semejante plaga, el monarca trató de exterminarlos pero los más taimados y peligrosos se refugiaron en las montañas, consiguiendo perpetuar su estirpe maléfica. Se trata de un episodio completamente inventado pero que se proyecta sobre una realidad histórica real de contacto cultural prolongado: en el siglo XIII, el reino de Serbia fue invadido por los mogoles y después, a lo largo de 400 años, lo gobernaron los turcos, con la consiguiente preeminencia de la religión musulmana. Ello justificaría ese mundo mágico, atávico y tan alejado de la racionalidad occidental al que se adscribe a Irena.
Feminismo en La mujer pantera
Los descendientes de esa raza de felinos se convierten en letales panteras ante la furia o el deseo sexual. Y aquí aparece muy claramente por qué la película ha despertado tanto interés en la crítica feminista: por la capacidad de oponerse ferozmente al deseo masculino. Irena es una mujer que intenta vivir de forma libre, no tiene miedo a vagar sola por las noches en la gran ciudad y hasta se atreve a rechazar el débito conyugal, imponiendo sus condiciones para el matrimonio. El director José Luis Garci acierta plenamente cuando señala una paradoja: en la época en la que la película se estrenó, a los espectadores les parecía más monstruoso en la protagonista el rechazo a consumar su matrimonio que su doble naturaleza humana y felina. Un buen ejemplo, en suma, de la modernidad de la historia, algo que puede pasar un tanto desapercibido desde nuestra libertad de costumbres actual. 


Otro rasgo más de su carácter vanguardista es el tratamiento psiquiátrico de las enfermedades femeninas, en un momento histórico en el que las teorías de Freud hacían furor en Norteamérica. Esa efervescencia es excusa para escenas inolvidables como la de la fantasía onírica con la pantera, la de Irena hipnotizada, rodeada por las sombras del inconsciente y un intenso foco de luz sobre parte de su rostro atormentado... No deberíamos olvidar que, en todo ello, la película se adelantó a Recuerda (1945), de Alfred Hitchcock.
Hay también en Cat people una visión muy sugestiva de la sororidad, en la inquietante escena de la mujer gato, que llama repetidamente a Irena "moia sestra", "hermana mía". Algunos han interpretado ese gesto como un signo encubierto de lesbianismo, aunque parece que ello no estaba en el ánimo de los productores y casa mal con los celos de Irena por la infidelidad de su marido, aunque es un ejemplo más de la ambivalencia de la película. Lo que sí podemos afirmar es que fue pionera en presentar el problema de la frigidez femenina, un tema insólito para el cine de aquella etapa. Como en The Female Malady (1985), el célebre ensayo de Elaine Showalter, también aparece La mujer pantera la locura subversiva como una enfermedad típica de las mujeres creadoras. Irena es una artista atrapada en una jaula simbólica. Su estado mental inestable encarna igualmente todo su poder transgresor. La teórica feminista francesa Hélène Cixous declara que sólo es capaz de imaginar a la mujer creadora como una histérica, como resultado de que acepta y rechaza simultáneamente la organización sexual impuesta por el patriarcado. La romantización de la locura femenina como forma de resistencia frente a la agresión falocrática alcanzó su cenit en la década de 1970/1980. Pero, en realidad, la alienación mental, pese a todo su halo poético tan decimonónico, es un paradigma pernicioso para definir la condición de la mujer artista. Quizá no sea casualidad que también en esta película juegue un papel tan importante el canario, un pájaro enjaulado que aparece en múltiples obras literarias como emblema del atrapamiento femenino en la jaula del patriarcado ( Triffles de Susan Glaspell, The Awakening de Kate Chopin, The New Dress de Virginia Woolf, Casa de muñecas de Ibsen, el color de las paredes que encierran a la protagonista en The Yellow Wall Paper de Charlotte Perkins Gilman…)


Efecto gestáltico ¿hombre o mujer?
Sin embargo, el film está lleno de ambigüedades. Pese a ese interés para la causa feminista, también existe una lectura totalmente contraria. Pilar Pedraza, en su estupendo estudio sobre la película, intenta restar importancia a esta segunda opción interpretativa indicando que sólo aparecería a un nivel meramente secundario. Por el contrario, en mi opinión actúa como una forma gestáltica en el mismo plano, es decir, mutable dependiendo del punto de mira por lo que, de manera alternativa, podemos ver todos esos aspectos feministas o bien otros profundamente misóginos. Así, a Irena nunca la vemos en su lugar de trabajo. Sólo podemos contemplarla una vez dibujando en su propio piso. No tiene horarios laborales, mientras que su rival Alice, la chica buena de la historia, está constantemente en la oficina, disponible y atenta a las órdenes de su jefe, haciendo siempre horas extras. El elemento natural de Irena es el zoo, mientras que su esposo y su ayudante pasan la mayor parte del tiempo en el despacho, el lugar del conocimiento científico, de la racionalidad, de la precisión matemática, del logos frente al mythos. Hasta la iniciativa sexual de Irena, invitando a Oliver a su piso nada más conocerlo, es un ejemplo de agencia por su parte pero también de dudosas costumbres, como insinúa el ingeniero, sorprendido por la subversión del ritual del cortejo por parte de la bella desconocida.
Pero en el plano ideológico podemos encontrar en la película un subtexto más perturbador: Irena es una extranjera, portadora de costumbres atávicas y nocivas para la sociedad norteamericana. La lejana Europa, en plena guerra mundial contra las fuerzas del mal, debía de aparecer a los ojos de los norteamericanos como el territorio del miedo. Más aún, era una pesadilla que, desde el otro lado de la Atlántico, preferían condenar a las simas del subconsciente histórico. 

Inmigrante serbia en USA fotografiada por Lewis W. Hine
Por otra parte, en 1942 todavía estaba vivo el recuerdo de aquellos inmigrantes eslavos que llegaron masivamente a Estados Unidos entre 1881 y 1914 procedentes de un mundo agrario, el de los Balcanes, que se veía como arcaico, con costumbres y lenguas irreductibles al modelo uniformizante impuesto por la civilización anglosajona. La glamourosa Irena no formaba parte de aquellos grupos misérrimos que, contra la ilusión del sueño americano, apenas consiguieron avanzar en la escala social. Pero la película la presenta también como parte de ellos: no observa la preceptiva del orden y la limpieza, que le tiene que recordar Oliver, pues tira descuidadamente sus bocetos al suelo. Seduce a un buen ciudadano con su apariencia encantadora que esconde a una loca y a una fiera. La conclusión que fácilmente se desprende al final de la historia es el error de casarse con una extranjera desconocida, por seductora e inocente que parezca, y que es preferible buscar a una buena esposa americana, dócil y dispuesta a respaldar a su marido en todas sus decisiones. En el nivel paradigmático, pues, lo que encontramos es una reafirmación del patriarcado que desmiente o, al menos, pone irónicamente en cuestión la afirmación simultánea de los postulados feministas.

En 1993 la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos designó a Cat People como un bien digno de ser preservado como cultural, histórica o estéticamente significativo. Lo mismo que sucede con Metrópolis de Fritz Lang-que, al narrar una historia de conflictos sociales en el convulso periodo de la República de Weimar, anticipa de alguna manera rasgos propios del ominoso nazismo-, podemos concluir que el cine fructífero debe tener algún aspecto contradictorio, como lo es la propia naturaleza humana, de la que es metáfora extrema La mujer pantera, envuelta en el misterio inquietante de las sombras más sugestivas.
Para terminar, os dejo el enlace a un corto de animación (1.35 min.) de otra gran creadora, María Lorenzo, que con los versos de Rilke nos habla del sino trágico de la pantera enjaulada, que es el de todo ser humano. No dejéis de verlo.

La pantera de Rilke_ Rilke's Panther from Maria Lorenzo on Vimeo.

Fuentes consultadas:
-Álvarez, Cristina: La mujer pantera. DVD . 2009. Notorius Ediciones S.L.
-Bouza, Fernando y Beltrán, J.L.: Enanos, bufones, monstruos, brujas y hechiceros. De Bolsillo, 2005.
- Godman, Lizbeth: Literature and Gender. Routledge, 1996
- Higueras Flores, Rubén: Jacques Tourneur. Editorial Cátedra, 2016.
-Pedraza, Pilar: La mujer pantera. Guía para ver y analizar. Editorial Octaedro, 2002.
-Pedraza, Pilar: Venus barbuda y el eslabón perdido. Siruela, 2009.
-Bansak, Edmund G.: Fearing the Dark. The Val Lewton Career. 1995. Web. 19 de abril de 2016.
-Ebert, Roger: Cat People. 12-3-2006. Web.19 de abril de 2016.
-Everson, William K. Classic of the Horror Film. 1974. Web. 19 de abril de 2016.
-Ferrer, Esteve: La mujer pantera. El encantador poder de la sugestión. Web. 19 de abril de 2016.
-Grost, Michael E: The Films of Jacques Tourneur. Web. 19 de abril de 2016.
-Sarris, Andrew: Val Lewton: RKO´s Prince of Darkness. 1994. Web. 19 de abril de 2016.
-Schneider, Dan: DVD Review: Cat People. 16 mayo 2007.Web. 19 de abril de 2016.
-The Cult. La mujer pantera (Jacques Tourneur). Web. 19 de abril de 2016.
-Cat People (1942). Wikipedia. Web. 19 de abril de 2016.

Fotomontaje de Wanda Wulz

domingo, 10 de abril de 2016

HEDY LAMARR. Una vida de leyenda entre el "Extasis" y la telefonía móvil

El Día Internacional del Inventor se celebra cada 9 de noviembre en homenaje a la inventora Hedwig Eva Maria Kiesler, más conocida por su nombre artístico Hedy Lamarr. Ya convertida en un mito hollywoodiense, durante la Segunda Guerra Mundial diseñó un sistema de tecnología inalámbrica tan innovador que, aunque no llegó a utilizarse durante la contienda, pronto sirvió de base en el desarrollo de las comunicaciones inalámbricas para móviles, sistemas GPS y Wi-Fi. La fecha del 9 de noviembre como Día Internacional del Inventor fue proclamada por Gerhard Muthenthaler, un inventor y empresario alemán, para recordar no solo a Hedy, que nació ese día, sino también a todos aquellos que abren camino con sus descubrimientos creadores para hacernos la vida más fácil.


Hedwig Kiesler nació en 1914 en Viena, que entonces todavía era el corazón del proteico Imperio austro-húngaro, en el seno de una familia judía de la alta burguesía. Su padre, un próspero banquero, era de origen ucraniano, mientras que su madre era una pianista húngara que se había convertido al cristianismo. El ambiente cultural en el que Hedwig creció marcó hondamente su trayectoria vital. Fue una niña prodigio, políglota y dotada con un desacostumbrado talento para las matemáticas. A pesar de ello, su familia no orientó su educación hacia la ciencia sino a lograr un matrimonio apropiado a su rango social. Para ello la enviaron a estudiar a un aristocrático internado para señoritas en Suiza, donde compartió pupitre con las herederas de la más rancia nobleza europea. Hedwig descubriría en esa época su fascinación por el cine y el teatro. Eso explica que, cuando en 1929 retornó a Viena para cursar estudios de Ingeniería, no dudó en presentarse en probar suerte como actriz. Al principio solo consiguió un papel como extra pero tras él llegaron oportunidades cada vez mejores. Ante ese relativo éxito, decidió marcharse a Berlín para estudiar arte dramático con el célebre Max Reinhardt. Este proclamó a su alumna, una incomparable beldad de ojos azules y sedoso pelo negro, como “la mujer más bella de Europa”, y sin duda tenía razón.


La película que catapultó a la sensual Hedwig hacia la fama mundial, cuando sólo tenía 18 años, fue Extasis (1933), del director checo Gustav Machaty. Ese fue el año del estreno de King Kong, con una apabullante recaudación en taquilla, pero indudablemente la gran noticia cinematográfica llegaría desde el otro lado del Atlántico. Dos momentos claves de Extasis justificaban semejante revuelo: podía verse a la protagonista experimentar un orgasmo y después bañarse y correr sin ropa entre los árboles en el primer desnudo frontal que apareció en la gran pantalla. La película fue premiada en el festival de Venecia de 1934 pero ello no impidió que fuese prohibida en numerosos países, recibiendo las condenas del sector más tradicionalista, encabezado por el Papa Pío XII. Ello no hizo sino acrecentar el morbo en torno a la cinta y la fama de la actriz.

Tras el rodaje, Hedwig encarnó en las tablas el personaje de Sissi, con cuya obra obtuvo excelentes críticas. Durante las representaciones conoció al fabricante de armamento Frederick Mandl, uno de los hombres más ricos y poderosos de Austria, con el que se casó en 1933. El industrial deseaba un “mujer- florero” con la que presumir ante los ilustres invitados que frecuentaban su mansión, pero seguramente no se percató que se había casado con una indómita. En el estreno de Extasis se quedó horrorizado al ver a su esposa corriendo completamente desnuda en presencia de los magnates de su círculo de amistades que asistieron al acto. Mandl intentó adquirir a cualquier precio todas las copias que existían de la película pero no lo consiguió. De hecho, Mussolini, un visitante habitual de su casa, se negó a vender la copia de que disponía.
Víctima de los obsesivos celos de su esposo, Hedwig tuvo que abandonar la escena y vivía virtualmente recluida entre los muros del castillo de Schloss Schwarzenau. A pesar de tener sangre judía, Mandl mantenía estrechos vínculos sociales y de negocios con los gobiernos fascistas de Italia y Alemania, vendiendo municiones y aviones de combate a Mussolini, que los utilizó para invadir Abisinia. Pero algo bueno tuvo aquel periodo en la vida de Hedwig. En las cenas y reuniones que se celebraban en casa de su marido pudo escuchar a los mejores científicos y expertos en armamento explicar los detalles de la tecnología militar más sofisticada de la época. Aunque la bella prisionera aprovechó aquel periodo para retomar sus estudios de Ingeniería de telecomunicaciones, la clausura matrimonial se le hizo tan insoportable que acabó huyendo a París. 

Escapó a tiempo de los nazis, que poco después anexionaron Austria y enviaron a la muerte a cualquier judío sin la menor consideración por su fama o fortuna. Hedwig consiguió anular su matrimonio y después marchó a Londres. Allí se entrevistó con Louis B. Mayer, el mandamás de la Metro Goldwin Mayer. Al principio intentaron contratarla por poco dinero, pretextando la mala fama que le había reportado Extasis en Estados Unidos, donde la película había sido prohibida. De hecho, Mayer le sugirió que debía cambiar su nombre para no ser reconocida, proponiéndole el de Hedy Lamarr. Este era el apellido de su ex amante, una actriz de cine mudo y guionista que también había sido coronada como “la mujer más guapa del mundo” pero que murió víctima del alcohol y las drogas duras. Hedy consiguió firmar un ventajoso contrato y se convirtió en una gran diva tras el sensacional éxito de Argel (1938), con Charles Boyer. Encarnaba a la perfección el arquetipo de seductora de aspecto exótico, aunque ella era muy crítica con ese glamour que obligaba a las mujeres, para ser aceptadas, a fingir que eran tan tontas como hermosas.


Pero Hedy no era una actriz al uso sino que dedicaba su tiempo libre a diseñar artefactos. Su biógrafo Richard Rhodes asegura que odiaba las fiestas, no bebía y su principal hobby eran los inventos. Como judía, además, comprendía el peligro que representaban para ella los nazis, por lo que no es extraño que dedicara sus esfuerzos a conseguir su derrota a manos de los aliados. En 1942, año en que por fin Estados Unidos entró en guerra, Hedy se encontraba en la cima de su fama. Junto con el compositor vanguardista George Antheil registró una patente a la que llamaron el “sistema secreto de comunicaciones” y cuyo uso cedieron gratuitamente al gobierno de los Estados Unidos para colaborar al esfuerzo bélico. Pero merece la pena detenerse en los detalles de cómo estos dos genios, cada uno con sus aportaciones respectivas, abrieron el camino a los sistemas de comunicación inalámbrica que han revolucionado por completo nuestro modo de vida.
Durante aquella época las comunicaciones por radio tenían escasas garantías de seguridad, puesto que el enemigo podía localizar fácilmente los canales utilizados. Además de enterarse del contenido del mensaje, era posible localizar al emisor y anular las transmisiones. Por ello, aunque era conocida la tecnología para teledirigir bombas y torpedos, resultaba muy sencillo bloquearlos de esa manera. Hedy, que por aquel entonces tenía 26 años, trabajó el problema planteándose el modo en que podría evitarse tal manipulación. Se le ocurrió entonces el salto aleatorio de frecuencias entre distintos canales, pero no sabía cómo sincronizar los cambios de frecuencia entre el receptor y el transmisor, y es aquí donde entra en escena George Antheil. 

Este había conseguido sincronizar 12 pianolas para producír sonidos estereofónicos absolutamente inéditos. El compositor escandalizó al todo París, a pesar de ser una ciudad siempre de vuelta de todas las novedades, con su polémica partitura para el Ballet mecánico (1924). Compuso esta obra para la película abstracta de Fernand Léger , en la que el compositor hacía alarde de una fusión de sonidos procedentes de pianolas, martillos y hélices de avión, sincronizándolos sin cables. Al escuchar aquella algarabía, espectadores tan rupturistas como Picasso, James Joyce, Satie, Man Ray o Joan Miró se lanzaron a gritar, arrancaron las butacas de su sitio y las lanzaron al foso de la orquesta. Un auténtico alboroto que también encerraría la clave para una de las mayores revoluciones tecnológicas de la historia.

En 1941 Hedy conoció en una fiesta en Hollywood a George Antheil y, durante los seis meses siguientes, ambos trabajaron mano a mano en el proyecto de la actriz, aprovechando la experiencia lograda por el compositor en la conexión de las pianolas. Entre los dos perfeccionaron el sistema para teledirigir eficazmente torpedos, con el fin de que no fueran detectados y lograran impactar en los objetivos enemigos. El sistema secreto de comunicaciones que diseñaron los inventores permitía proteger las señales cambiando su frecuencia de transmisión continuamente. La señal que guiaba el torpedo saltaba de una frecuencia a otra de forma tal que resultaba imposible detectarlo y bloquearlo. Para ello utilizaron un sistema similar al de los rollos de las pianolas con que el compositor ya había experimentado. Concretamente, el rollo de la pianola cambiaba aleatoriamente la señal enviada entre un centro de control y el torpedo en un rango de 88 frecuencias en el espectro de radiofrecuencia, que se correspondía con las 88 teclas blancas y negras del teclado de un piano. El código específico para la secuencia de las frecuencias sería idéntico para el banco de control y para el torpedo, de manera que al enemigo le resultaría imposible descifrar las 88 frecuencias porque ello requeriría un sistema extremadamente costoso y complejo.

Hedy Lamarr quiso unirse al Consejo Nacional de Inventores pero sus miembros, la mayoría hombres, no la aceptaron y le sugirieron que podría ayudar mejor al esfuerzo bélico usando su fama y belleza para vender bonos de guerra. La actriz se había convertido en una pin-up muy solicitada, igual que Rita Hayworth, Betty Grable, Dorothy Lamour o Jane Russell. y su imagen aparecía en pósters propagandísticos. El comprador de 25.000 dólares en bonos de guerra recibiría en premio un beso de la actriz, que en una sola noche consiguió vender 7 millones de dólares. Ello nos da idea de su enorme popularidad en aquellas fechas.

La patente 2,292,387 fue concedida a George Antheil y Hedy Kiesler Markey, el apellido de su esposo en aquel momento, el 11 de agosto de 1942 y la cedieron desinteresadamente al Ejército de los Estados Unidos, que la mantuvo en secreto y solo posteriormente desarrolló programas de investigación sobre la idea. La armada no confió demasiado en este mecanismo, seguramente porque no acabó de entender el sistema de las pianolas. Los militares estaban más preocupados en solucionar el problema del lanzamiento de los torpedos, que sólo obtenían un 40% de aciertos. Podemos imaginar la impotencia de Hedy y George Antheil sabiendo que no se estaba poniendo en práctica su invento, que podía colaborar de manera muy efectiva a la derrota de los enemigos.
La patente resurgió en la década de los 50, cuando algunas empresas comenzaron a desarrollar una tecnología inalámbrica conocida con el nombre de CDMA. En 1954 la idea se utilizó en el sonobuoy, un minisónar integrado en una boya portátil. En 1962 los barcos militares estadounidenses la emplearon durante el bloqueo a Cuba, una vez que la patente ya había expirado. En los años 90 los ingenieros que desarrollaban las redes inalámbricas se enfrentaban al mismo problema de evitar que los equipos de comunicaciones se interfirieran mutuamente en el mismo canal y que las emisiones simultáneas fueran posibles. Para ello se rescató la idea de Hedy y George de que los equipos, en lugar de un único canal, se movieran por un rango de diferentes canales de radio, cambiando la frecuencia al azar. El inconveniente de que varios emitieran por el mismo canal en un mismo momento era real, pero la probabilidad de que ello sucediese era mínima, por lo que el sistema resultaba útil. Los rollos de pianola se sustituyeron por sistemas electrónicos que establecían el salto aleatorio de frecuencia entre dispositivos, permitiendo minimizar las interferencias o su interceptación no autorizada. Cuando la tecnología se abarató lo suficiente para que el sistema de cambio aleatorio de frecuencia se pudiera utilizar en equipos comerciales, se lanzó al mercado. Se trata de los denominados sistemas de espectro ensanchado por salto de frecuencia. En 1998 la Wi-LAN Inc. adquirió el 49% de los derechos de la patente, que se utiliza para la tecnología Bluetooth, COFDM (conexiones de red Wi-Fi ) y CDMA, usada en las comunicaciones de teléfonos inalámbricos. Las ideas de Hedy y George también están en la base de la cuarta generación de tecnología inalámbrica, teléfonos móviles capaces de tremendos avances en la calidad de las comunicaciones, lanzando las señales a través del total espectro disponible.

Hedy Lamarr fue una de las mayores estrellas del edad dorada del star system en Hollywood, aunque desaprovechó su talento en películas en las que sólo mostraba su aspecto sensual, con su melena negra que le daba un toque muy oriental. Cecil B. de Mille la convirtió en paradigma de la mujer fatal en Sansón y Dalila (1949), su último gran éxito cinematográfico.
No estuvo muy acertada rechazando películas que resultaron ser bombazos de taquilla, como Casablanca, Laura o Duelo al sol. Debido a los abusos de la Metro, fundó su propia productora pero resultó un fracaso. A finales de la década de los 50 comenzó su declive físico y profesional. La prensa sensacionalista publicó que había sido detenida por robar en grandes almacenes.
El caso de Hedy Lamarr es especialmente ilustrativo de los problemas que tuvieron que afrontar las mujeres con talento suficiente para hacer aportaciones al campo de la ciencia y la tecnología. Nada hay más elocuente que su rechazo por el Consejo Nacional de Inventores estadounidense, cuyos miembros le señalaron como camino poner en venta su belleza. Por otro lado, la patente no estaba a su nombre sino al de su entonces marido, lo que dificultó que se identificara como autora a la estrella hollywoodiense. Hedy se lamentaba del olvido en el que se encontraba:“Si se utiliza en todo el mundo, ¿por qué no he recibido ni una carta?”
Otras aportaciones de la inventora fueron la Coca-Cola instantánea, una pastilla que se disolvía en agua para conseguir el refresco, aunque finalmente no funcionó; el collar fluorescente para perros, un nuevo tipo de semáforos o mejoras en el diseño del Concorde.


A Hedy le llegó muy tarde el reconocimiento público, y para entonces George Antheil había fallecido. Muchos años atrás En 1998 la Electronic Frontier Foundation les concedió el Premio Pionero por su enorme contribución al desarrollo de la técnica de conmutación de frecuencias, una tecnología esencial para los sistemas inalámbricos. La anciana Hedy no acudió a recoger ese premio tan extemporáneo. Moriría con 85 años en el 2000.
Google le dedicó el pasado noviembre un estupendo Doodle animado que comparto aquí. No os lo perdáis:


Fuentes consultadas:
-Hedy Lamarr y el Sistema Secreto de Comunicaciones. Espacio Fundación Telefónica. 2013.Web.
-Hedy Lamarr. Wikipedia.en. Web.
-Brown, Simon: From a skin flick to bluetooth. One woman ´s amazing life. Web.
-Garrido Courel, Maite: Hedy Lamarr: la estrella de cine que inventó la tecnología precursora del wifi. 3-2-2014.Web.
-Hedy Lamarr, la precursora de la telefonía 3G. 15-1-2007.Web.
-¿Qué pinta Hedy Lamarr en tu wifi? El País. 7-1-12. Web.
-Las estrellas. Ed.Urbión, 1980.



miércoles, 9 de marzo de 2016

"SUFRAGISTAS" (2015). La gran batalla por el voto de las mujeres en la primera ola del feminismo

La película Sufragistas (2015) es un estupendo referente para conocer más de cerca las denodadas luchas de las mujeres en el Reino Unido para conseguir la igualdad política, y para descubrir cómo, en el curso de esas batallas, el sistema patriarcal violentó de manera intolerable los cuerpos y mentes de las activistas que le plantaron cara durante la primera ola del feminismo. En la entrada anterior María Ángeles Boix examinaba la pugna por los derechos civiles en Estados Unidos en torno a la figura de Shirley Chisholm en una fase ulterior del movimiento (http://anthropotopia.blogspot.com.es/2016/03/chisholm-y-la-lucha-por-los-derechos.html ). Ahora vamos a retroceder casi 60 años para fijar nuestra mirada en la Vieja Europa, en el período verdaderamente agitado que precedió a la Primera Guerra Mundial.
Sufragistas, la película

El filme narra la historia de Maud Watts, una humilde trabajadora de una lavandería industrial. El relato comienza en Londres en 1912, un año clave en la evolución del feminismo temprano en Inglaterra. Mientras sale de la fábrica a hacer un recado, Maud presencia cómo, en medio de una algarada callejera, una de sus compañeras de trabajo, Violet Miller, rompe cristales en protesta por las condiciones políticas y sociales de las mujeres. Poco después tiene lugar una investigación en el Parlamento sobre la situación laboral de las trabajadoras, como trámite previo a la decisión sobre el derecho al voto femenino. Cuando Violet, que debía acudir a testificar, no puede hacerlo porque su marido la maltrata para impedírselo, Maud saca fuerzas de flaqueza y decide presentarse ella misma. Su testimonio resulta realmente conmovedor. Gracias a esa experiencia, descubre dentro de sí una fuerza y una rebeldía contra su situación de las que antes no había sido consciente. Al final, el Parlamento se muestra insensible a las declaraciones que habían puesto de relieve unos tremendos abusos sociolaborales sobre las clases trabajadoras. Cuando las mujeres congregadas en Parliament Square se enteran de la injusta negativa del legislador, organizan una protesta masiva durante la cual son golpeadas y arrestadas por la policía. Maud pasa una semana entre rejas y allí conoce a Emily Davison, una activista próxima a la líder del movimiento, Emmeline Pankhurst.

Emmeline Pankhurst en una alocución
Durante su encierro tiene también ocasión de conocer más de cerca la lucha heroica que se está llevando a cabo, y crece su adhesión a la causa. Sin embargo, cuando retorna a su casa, su esposo Sony le reprocha duramente la vergüenza que su detención ha acarreado a la familia, así como haber dejado abandonado a su pequeño hijo. Maud le promete que no se meterá en nuevos líos pero, cuando la invitan a una reunión secreta con la carismática Emmeline, no duda en acudir al lugar. A la salida los policías se encuentran apostados para atraparlas. A modo de escarnio, conducen de vuelta a Maud en el furgón, mientras los vecinos, escandalizados, atisban la escena a través de las persianas. Esta vez el marido la echa de casa sin contemplaciones.

Una portada satirizando a las sufragetes
 Aunque intenta seguir viendo a su hijo a escondidas, y en el trabajo pretende que nada ha sucedido, el supervisor la despide nada más ver su foto en los periódicos etiquetada como sufragista. Movida por un súbito arrebato, Maud quema a su jefe con la plancha. Es su forma de desahogarse por todos los años de continuos abusos sexuales que ha tenido que soportar. A pesar de la gravedad de los hechos, el inspector de la policía le ofrece la libertad a cambio de información sobre los movimientos de la célula terrorista, acuerdo que Maud simula aceptar. Sony continúa prohibiéndole que vea a su hijo, invocando en su respaldo la ley. Ello hace que Maud sea aún más consciente de la necesidad de actuar para conseguir cambiar esa injusta legislación. Al final, como Sony no puede ocuparse del hijo, lo entrega en adopción, lo que destroza el corazón de Maud. Sin lazos familiares que la aten, se lanza al activismo más radical, colocando bombas en buzones e interviniendo en el cable de telégrafos. Nuevamente es encarcelada junto con sus compañeras tras colocar una bomba en la residencia de verano del Primer Ministro Lloyd George. En protesta por la falta de reconocimiento de su condición de presas políticas, Maud inicia una huelga de hambre, y la institución carcelaria reacciona sometiéndola a una brutal alimentación forzada. Cuando la policía presiona a la prensa para que no informen sobre estas acciones violentas de las sufragistas, con el fin de evitar proporcionarles la publicidad que éstas buscan, la organización planea actuaciones aún más drásticas para atraer la atención a la causa. Así, acuden al derby de Epsom, al que asiste el rey Jorge V, pero sólo logran entrar al recinto Maud y Emily Davison. Esta decide actuar por su cuenta y se lanza a la pista de carreras, donde es arrollada por los caballos.

La película finaliza con escenas reales de su funeral, una larguísima comitiva de mujeres engalanadas con los signos de su militancia, y después, una relación de las fechas en que se consiguió el voto para las mujeres en los distintos países,entre las que se pueden señalar:
- Nueva Zelanda, en 1893
- Australia, en 1895
- Finlandia, en 1906
- Estados Unidos: en 1869 en el estado de Wyoming, en 1870 en el estado de Utah y, en los estados del sur, en 1919
-en el Reino Unido, en 1918

-en España, en la Constitución de 1931
El voto femenino en Francia aún tendría que esperar hasta 1944, en los últimos coletazos de la Segunda Guerra Mundial.

Suffragettes y Suffragists
El título de la película en inglés, Suffragette, ofrece una pista muy importante acerca del concreto tipo de sufragismo al que se refiere. En castellano se pierde fácilmente esa referencia porque no disponemos de dos palabras diferentes para traducir esos dos conceptos distintos. Aunque el objetivo de ambos sufragismos era el mismo, empoderar a las mujeres gracias al derecho al voto, como trampolín hacia la igualdad política, los métodos de una y otra organización fueron muy diferentes. Con el término sufragetes nos referimos a un grupo de activistas que usaban medios violentos para conseguir el derecho al voto femenino, mientras que las sufragistas trabajaban dentro de la legalidad y en el marco de los partidos políticos.


Para comprender plenamente los motivos de escisión entre ambos grupos, debemos remontarnos unas décadas antes de 1912. En 1876 se fundó la sociedad “Los Derechos de las Mujeres”, que en 1883 se transformó en la “Sociedad para el Sufragio de las Mujeres”. Millicent Fawcett, que llegaría a ser la principal líder del movimiento sufragista, constituyó en 1897 una organización con el mismo fin, la Unión Nacional de Sociedades de Sufragio Femenino (en siglas, NUWSS), que pretendía actuar con medios pacíficos para obtener el voto para las mujeres. Ante la falta de avances en su programa de actuación, en 1903 Emmeline Pankhurst (1858-1928), oponente de Fawcett, fundó una nueva organización, la Unión Social y Política de las Mujeres (Women’s Social and Political Union, en siglas WSPU). Su objetivo era luchar por la igualdad entre hombres y mujeres mediante el derecho al voto y, a través del mismo, alcanzar una efectiva paridad en materia de derechos de la persona, familia y propiedad (divorcio, derechos hereditarios…) A diferencia de la NUWSS de Fawcett, sólo admitía entre sus filas a mujeres y, además, sentó como principio la actuación al margen de los partidos políticos, porque consideraba que solo las utilizaba para respaldar las propuestas de los parlamentarios, sin hacer un esfuerzo real para otorgarles el derecho al voto. Al principio, las tácticas de la WSPU fueron pacíficas, a través de mítines y concentraciones ante el Parlamento, pero su postura se radicalizó ante el fracaso de las sucesivas propuestas legislativas dirigidas a reconocer el sufragio femenino. En 1905 diversas sufragistas fueron arrestadas por gritar consignas a su favor. Ello desencadenó una riada de detenciones en protesta, porque las detenidas preferían ser encarceladas antes que pagar la multa que se les exigía. Éste es el origen del término “suffragette”, que utilizó por primera vez el Daily Mail en 1906 para menospreciar a estas activistas. Sin embargo, estas aceptaron gustosamente el calificativo, que les permitía diferenciarse de las “suffragists”, que actuaban integradas dentro del sistema que les negaba sus derechos. Siempre ingeniosas, hasta hicieron un juego de palabras con el término, “suffraGETtes”, para resaltar no sólo que querían el sufragio sino que lo iban a conseguir (GET).

Un ejército de sufragistas
Emmeline deseaba dirigir “un ejército sufragista en el campo de batalla” y así lo demostró en 1908, cuando 500.000 activistas se reunieron en Hyde Park para asistir a uno de sus mítines. Ante la indiferente respuesta del Parlamento, 12 sufragetes se personaron en su sede con la intención de pronunciar allí un discurso pero la policía las expulsó. Tras ello, Edith New y Mary Leigh se dirigieron a la residencia del Primer Ministro en el número 10 de Downing Street y no dudaron en arrojar piedras a las ventanas, por cuyo delito fueron condenadas a dos meses de prisión. En el juicio, Emmeline recordó a los jueces cómo los agitadores políticos varones también habían tenido que romper muchas ventanas en el pasado antes de conseguir derechos civiles que entonces se consideraban ya incuestionables.

Tras la derrota del Partido Liberal en 1910, de la que la izquierda culpó a la WSPU por su falta de apoyo, se presentó una propuesta de ley favorable al voto femenino, la Conciliation Bill. Durante su tramitación, la WSUP acordó suspender los actos violentos pero, ante el fracaso de las negociaciones, el 18 de noviembre de 1910, 300 mujeres se manifestaron en Parliament Square, enfrentándose a la policía. El grupo estaba dirigido por Emmeline y por la princesa india Sophia Duleep Sigh, que era una de las activistas más encendidas de la época. El primer ministro Lord Asquith se negó a recibirlas. Por orden de Churchill, a la sazón secretario de Estado, la policía agredió a las manifestantes, resultando arrestadas 119 personas. El escándalo se conoció como el Black Friday, aunque ahora el mercado se ha apropiado de ese nombre para estimular las ventas de temporada.

A causa de la debilidad física de las mujeres a la hora de hacer frente a los asaltos de las fuerzas del orden, Emmeline decidió que debían recibir clases de defensa personal. Para ello contó con la ayuda de Edith Garrud, una extraordinaria mujer experta en áreas artes marciales que, ya desde 1908, venía actuando como entrenadora de las sufragistas.
Huelgas de hambre


Los hechos narrados en la película se refieren a una nueva propuesta legislativa, la que se realizó en marzo de 1912, un año crucial en la lucha por que se produjo un viraje hacia tácticas más agresivas: las sufragetes se encadenaron a rejas, incendiaron buzones, pusieron bombas…. En efecto, cuando la propuesta fracasó, como tantas veces antes, Emmeline ordenó que se retomasen las protestas violentas. En respuesta, la policía realizó una redada en las oficinas de la WSUP y Emmeline fue detenida y condenada. En la prisión de Holloway llevó a cabo su primera huelga de hambre, una vía de protesta que ya había puesto en práctica en 1909 Marion Wallace Dunlop. La intención de esta fue conseguir que se reconociese a las sufragtes la condición de presas políticas. La cuestión no era baladí para los fines de su lucha. Si se las situaba en la segunda o tercera división penitenciaria, no podían disfrutar de las ventajas de que gozaban los presos políticos de la primera división, como recibir visitas o tener a su disposición medios para escribir libros o artículos. Pero no existía un criterio uniforme entre los tribunales sentenciadores a la hora de conceder un determinado nivel penitenciario a las sufragetes, de manera que no siempre se las ubicaba en la primera división. La WSPU realizó una campaña con ese fin pero el gobierno británico no estaba dispuesto a que la organización utilizase las prisiones como escaparate para su programa reivindicatorio. El caso es que, después de 91 horas de huelga y ante el temor de que Marion Dunlop se convirtiera en una mártir para el movimiento, además de obligar al Estado a abonar una indemnización por su muerte, el Secretario de Estado ordenó su liberación por motivos médicos.

Ante ello, las demás prisioneras se apresuraron a forzar su situación poniéndose igualmente en huelga de hambre, lo que se convirtió en una respuesta generalizada entre las sufragetes encarceladas. Además de publicidad, conseguían volver mucho antes a la línea de combate. El gobierno ordenó entonces que las huelguistas fuesen alimentadas a la fuerza. Pankhurst escribió que la prisión "se convirtió en un lugar de horrores y tormentos. Escenas repugnantes de violencia tenían lugar a cada hora del día, mientras los doctores iban de celda en celda efectuando su horrible trabajo”. Éste consistía en alimentar a las huelguistas por vía nasal u oral, utilizando para ello unas mordazas de acero que conseguían mantenerlas con la boca abierta. Atadas a sillas y sometidas a una fuerza considerable, el proceso debía de resultar dolorosísimo. Emmeline escribió en su diario que nunca conseguiría olvidar el sufrimiento de las mujeres, con los gritos que taladraban sus oídos. Muchas sufrían a corto plazo daños en los sistemas circulatorio, digestivo y nervioso, e incluso pleuritis o neumonía por defectuosa colocación del tubo y, a largo plazo, arrastraban unos sufrimientos físicos y psíquicos perdurables, como puede verse en la película que le sucede a Maud Watts, que también hace huelga de hambre.

La ley del gato y el ratón
Después de un amplio debate sobre los aspectos implicados en la cuestión, en 1910 Churchill corrigió las reglas relativas a las divisiones carcelarias, permitiendo a las presas sufragistas de la segunda y tercera división disfrutar de ciertos privilegios de la primera, habida cuenta que no se encontraban encerradas por crímenes graves. Ello puso fin a las huelgas de hambre durante dos años. Sin embargo, tras la detención de Pankhurst en 1913, a la vuelta de una gira de conferencias por Estados Unidos, volvieron a recrudecerse los incidentes. Entonces el gobierno respondió con la Prisoners Act, con arreglo a la cual las huelguistas de hambre eran liberadas de manera temporal en el momento en que su estado de salud se resentía de manera grave, volviendo a ser encarceladas cuando se habían recuperado.

Esta norma, que también exculpaba al ejecutivo por las eventuales muertes de las huelguistas, fue conocida popularmente con el nombre de "la ley del gato y el ratón". Es cierto, el gobierno jugaba con las prisioneras forzándolas a que abandonaran su protesta. Muchas volvían hacer huelga de hambre en cuanto las reintegraban a la cárcel. Pero la nueva ley limitó los casos de alimentación forzada a quienes habían cometido delitos muy graves. Por otro lado, las autoridades se aseguraban de que las sufragetes estuvieran tan débiles y enfermas que no pudieran asistir a mítines y otros actos mientras se hallaban fuera de su custodia.

Pero a las astucias del gobierno la WSPU respondió con no menos inteligencia. Emmeline encargó la formación de un cuerpo de élite compuesto por 30 integrantes, que fue conocido con los nombres de Bodyguard (las "guardaespaldas"), las "Jiujitsuffragettes" o las "Amazonas". Su objetivo era impedir que las sufragetes fugitivas fueran nuevamente arrestadas y conducidas a prisión. Escondidas en lugares secretos, Edith Garrud las entrenaba en técnicas de jiujitsu y en el uso de los bastones indios para golpear a los policías asaltantes. Las Bodyguard mantuvieron una serie de singulares combates cuerpo cuerpo con la policía que fueron muy comentados por la prensa. También protagonizaron espectaculares fugas bajo disfraz. Para ellas, los periodistas acuñaron otro término, las "suffrajitsu", por sus técnicas de autodefensa, sabotaje y subterfugio.

No obstante, su militancia se suspendió durante la Primera Guerra Mundial, pues en el Emmeline decidió que, por razones patrióticas, debían apoyar al gobierno británico en la contienda contra Alemania. Su apoyo fue premiado con la inmediata liberación de todas las sufragetes.
Por fin, el derecho al voto
Ya casi al término de la contienda mundial, en 1918, se aprobó la Representation of the People Act, que reconoció el derecho de voto a las mujeres mayores de 30 años que cumplieran unas determinadas condiciones de riqueza (propietarias o arrendatarios con una renta anual mínima) o que contaran con una educación superior (diplomadas en universidades). Gracias a esa ley, pudieron votar 8.400.000 mujeres, solo las pertenecientes a las clases media y alta. La razón para la asimetría de voto entre mujeres (30 años) y hombres (21 años) residió en el temor que tenía el Parlamento de que el voto femenino desestabilizase el sistema político. Debido a la Gran Guerra, se había producido una elevada mortandad entre los varones militarizados, de manera que las mujeres habrían podido convertirse en la mayoría de los votantes de no existir esa restricción.

Finalmente, 10 años después, en 1928, se aprobó el voto incondicionado para hombres y mujeres ingleses de 21 años. Emmeline había muerto sólo unos meses antes y no pudo presenciar este gran triunfo para el esfuerzo de toda su vida. Siempre nos quedará la duda de si las tácticas violentas de las sufragetes aceleraron o en realidad ralentizaron este proceso histórico. Las conexiones causales entre los fenómenos políticos y sociales de este largo y convulso período son tan complejas que nunca lo sabremos.
Personajes de la historia


Maud Watts, la protagonista a la que interpreta magistralmente Carey Mulligan, es una figura totalmente inventada, aunque resulta totalmente verosímil como resumen de muchas vidas reales. Maud es una joven que toma conciencia progresiva de las injusticias sociopolíticas y económicas que soportan las mujeres de su época y que un poco de manera accidental se ve envuelta en el devenir de los acontecimientos. Finalmente encuentra su refugio en la hermandad solidaria de las sufragetes y sigue con ellas su trágico destino.
Edith Ellyn, la activista encarnada por Helena Bonham-Carter, esta inspirada en parte en dos figuras reales: Edith Garrud, la instructora de artes marciales, y Edith New, otra sufragete a la que hemos hecho alusión más arriba. La actriz presionó para que, en homenaje a estas mujeres, se cambiara el nombre inicialmente pensado para su personaje, Caroline, la farmacéutica fabricante de bombas, por el de Edith.
El personaje que interpreta Natalie Press, Emily Davison, es históricamente fidedigno. El 4 de junio de 1913 se convirtió en una de las principales mártires de la causa sufragista cuando quizá intentaba colocar la banderola con el lema "Voto para las mujeres" en el caballo del rey Jorge, que participaba en la carrera y se encontraba presente en el evento. En la película se deja abierta la pregunta acerca de si Emily, en realidad, se suicidó para atraer publicidad hacia la causa.

Aunque Meryl Streep tiene una corta intervención en la película, su papel como la carismática en Emmeline Pankhurst es verdaderamente sensacional, como es costumbre en esta fabulosa actriz. La película refleja bien el modo de vida nómada que la líder de las activistas se vio obligada a adoptar desde 1907, cuando vendió su casa en Manchester y pasó a vivir en la clandestinidad, alojada en hoteles y en casas de simpatizantes, dando conferencias y alentando en la lucha a las sufragetes. En esa tarea la acompañó su hija Christabel, mientras que Adele y Sylvia se distanciaron de los planteamientos violentos y militaristas de su madre. El fervor que despertaba Emmeline entre sus seguidoras era tal que, en 1914, en protesta por su encarcelamiento, Mary Richardson acuchilló La Venus del espejo de Velázquez en la National Gallery de Londres.
Una crítica que se ha hecho a la película escrita por Abi Morgan y dirigida por Sara Gavron, aunque en general ha sido muy aplaudida, es que se limita a reflejar el activismo de las mujeres burguesas y blancas, sin incluir a las de otras razas. Las autoras se han defendido argumentando que la emigración femenina en el período 1911 a 1913 fue escasa en el Reino Unido y que no tenían una implicación tan clara en las luchas por los derechos civiles. Pero lo cierto es que hay una excepción muy importante, la de la princesa india Sophia Duleep Sigh (1876-1948), hija de un maharaja del Punjab y ahijada de la reina Victoria. Seguramente gracias a estos importantes vínculos nunca fue detenida pero estuvo presente en el Black Friday, mano a mano con Emmeline, vendió ejemplares del periódico Suffragette y participó muy activamente en acciones políticas en pro del derecho al voto tanto en Gran Bretaña como en su país de origen.

En Mary Poppins, la madre de los niños, Winifred Banks, es una alegre y entregada sufragista que deja el cuidado del hogar y sus hijos a cargo de la maravillosa niñera, la cual se convierte en una madre sustituta para Jane y Michael.Nada de esto estaba presente en el relato de P.M. Travers, a la que le hizo poca gracia el cambio introducido por los guionistas, sobre todo porque ella era una feminista convencida. En la película Winifred viste glamourosamente al estilo eduardiano de 1910, portando la característica banda cruzada para pedir el voto femenino, y entona la canción Sister Suffragette con el programa más edulcorado del movimiento. Hasta menciona a Emmeline Pankhurst, aunque esa cita se pierde en la versión en castellano de la canción, Socia sufragista.



Con esa idílica y musical visión del sufragismo en mente, la película Suffragette puede llegar a producir un auténtico shock, porque la  historia que cuenta es indudablemente muy dura. Nos habla de un pasado de lucha dolorosa en el que no se suelen detener los manuales de Historia. Me parece un filme necesario para aprender qué camino tan dificultoso tuvo que recorrerse para llegar a donde hoy estamos. Estos nombres, Emmeline Pankhurst, Millicent Fawcett, Emily Davison, Edith Garrud, Edith New, la princesa Sigh, merecen un hueco en nuestro almacén de conocimientos. Muchas mujeres anónimas tuvieron que pagar un precio altísimo para que nosotros podamos disfrutar de una igualdad siquiera relativa. A las que se atrevieron a protestar las tildaron inmediatamente de locas, una estrategia para silenciar sus voces, como pone de relieve Elaine Showalter en The Female Malady: Women, Madness, and English Culture, 1830-1980. Sus cuerpos fueron también violentados, para impedirles ejercer su libertad de expresión, cuando pretendieron hacer huelga de hambre. Nunca deberíamos olvidar la deuda de gratitud que tenemos contraída con su entrega.

La insignia indicaba el número de veces que las sufragetes habían sido encarceladas
Fuentes consultadas:
-Goodman, Lizbeth: Literature and Gender. Routledge, 1996

-Truffaut-Wong, Olivia: Is Edith in "Suffragette" based on a real person?.22-10-2015. Web. 4-3-2016. 
-Emmeline Pankhurst.Wikipedia.Web.4-3-2016
-Black Friday.Wikipedia.Web.7-3-2016
- Sophia Duleep Sigh.Wikipedia.Web.7-3-2016
-Sufragete.Wikipedia.Web.4-3-2016
-Suffragette.Wikipedia.Web.4-3-2016
-Suffragette (film).Wikipedia.Web.4-3-2016