domingo, 10 de diciembre de 2023

EL PALACIO IDEAL

 


"El Palacio Ideal" o "La Increíble historia del cartero Cheval" es una preciosa película basada en hechos reales, redonda como una esfera sin huecos, libre de vanidades y banalidades, escrita y dirigida por Nils Tavernier, hijo del famoso director Bertrand Tavernier. En este caso bien puede decirse que "de casta le viene al galgo". El hijo aprendió el oficio con su padre interviniendo en sus películas y también con Claude Chabrol (Une affaire de femmes, 1988) y con Milos Forman (Valmont, 1988). Nils Tavernier ha servido de reputado documentalista para el cine y la televisión.

No quiero reventarle la película a quienes no la hayan visto, pero sí animar al público sensible (que no sensiblero) a su visionado, lo mismo que comunicar algunas reflexiones y noticias después del mismo, porque L'incroyable histoire du facteur Cheval (2018) me ha devuelto cierta confianza en nuestra especie, que pierdo todos los días con los informes de las atrocidades que el género humano comete contra el género humano en todas partes y no sólo en los Orientes próximos, medios y remotos.

Corrían los duros años de finales del XIX en un pequeño pueblo francés, en el que un hombre sencillo y taciturno, próximo al "autismo severo" -diríamos hoy-, eleva su alma espontáneamente con la belleza natural que le rodea y esa emoción estética -como corresponde a las emociones, pues su nombre indica que sirven para eso, para estimular nuestra acción-, la mueve y la motiva, mezclada, la admiración de la naturaleza, con el cariño que siente por su hijo, su hija y su esposa (cariño que no sabe comunicar con palabras ni con abrazos). De pronto se pone en marcha con el fin de construir una nave ideal y asombrosa, un "palacio ideal" con el que viajar al firmamento de sus estelares fantasías.



A la perfección de la fotografía en la peli de Nils Tavernier, se añaden la justeza del guion y una interpretación fenomenal, magistral, tanto por parte del protagonista que revive la figura histórica de Joseph Ferdinand Cheval (1836-1924): Jacques Gamblin, como por la intervención de Laetitia Casta haciendo de Philomène, la cual, a su pericia como actriz une su extraordinaria belleza entre normanda y corsa, en la madurez de su encarnación. Por cierto, que Laetitia también ha hecho sus pinitos como directora de cine y hace en esta película honor a su nombre, entendiendo "la castidad" en un sentido nada fisiológico. Está en su papel como joven viuda campesina que casa (matrimonio de apaño pero bien avenido) con el también viudo cartero soñador. Laetitia Casta es hoy rostro oficial de L'Oréal y ha servido de modelo para el busto de Marianne, símbolo alegórico de la República Francesa. El de ella casi se ha hecho ya tan popular en el país vecino como el de Brigitte Bardot o Catherine Deneuve, pero su éxito como icono estético no le impide poder pasar perfectamente por una rústica de fines del siglo XIX y principios del XX en la película de Tavernier.



La película es capaz de resumir en sus secuencias de poco más de hora y media la proeza de treinta y tres años de trabajo tenaz y esforzadísimo de un solo hombre, que se inspira en lo que ve y sueña en sus largos paseos llevando cartas de un lado para otro. El palacio ideal del cartero Cheval se hizo famoso y todavía es visitable en Hauterives (Drôme), rodeado de jardines en la región Ródano-Alpes del sureste francés. 

Tal vez lo mejor de la peli sean sus silencios, trágicos silencios a veces, que Tavernier endulza lo justo. La obra de Cheval llamó la atención de André Breton, de Max Ernst, de Pablo Picasso. Es natural que interesase a los surrealistas, tan fascinados por el mundo onírico y los subterráneos del corazón humano. Se ha dicho con motivo que El Palacio Ideal -me refiero a la película- es una emocionante historia de obsesión, fe, devoción y familia. Algo tiene también Cheval de Quijote, a parte de su tipo enteco y su vocación andante, aunque le falte la facundia del hidalgo manchego. Como él, sufre el desprecio de su entorno, que no comprende su empeño en levantar de la nada un palacio de mortero y piedra que no casa con nada. Casi todos toman su afán por locura.



Aún cuando André Malraux, a la sazón ministro de cultura, declaró la obra del dichoso cartero "patrimonio cultural" y aseguró con ello su conservación, contó con la oposición del establishment cultural de la época, la gauche divine y los poderes de la Academia establecida, con sus títulos y reglas, las academias que olvidan que Sócrates filosofaba en la calle antes de que se inventase ninguna academia. André Malraux sentenció que la obra de Joseph Ferdinand Cheval era el único palacio naïf del mundo. Después se ha asociado su estilo al "Art brut" o al "Arte marginal" que no conecta con las técnicas reconocidas o de moda. Sus características principales son la espontaneidad y el autodidactismo.

Cheval recorría como cartero rural una media de 22 kilómetros al día. El tropiezo en su ruta con una piedra de forma caprichosa estuvo en el origen de todo. Digamos platónicamente que aquella forma le hizo recordar de pronto el origen esclarecido del alma, el origen misterioso de la vida y el sentido enigmático de sus destinos. Tal vez toda creación dependa de ese arrebato que transporta un espíritu y le obliga a la realización entusiasta de su capricho. 

Fotografía de la familia real del facteur Cheval

André Breton fundó la Compagnie d'Art Brut con la aspiración de recoger estas expresiones artísticas incalificables, o de aquellos que sufren algún tipo de desadaptación. Recordemos la fascinación que sintió el Surrealismo por las formas comunicativas de la locura. Quizá sea posible reconocer en toda creación genial algún tipo de desarreglo; no hay ingenio grande sin una chispa de locura, cum granum salis. Algunas obras de Picasso o Kandinsky pueden adscribirse a este concepto de Arte Bruto y en 1967 se expusieron cinco mil obras inclusas en este estilo en el Museo de Artes Decorativas de París. Lo que hace constar al cartero serrano como un pionero.



Su Palacio es a la vez imaginario y real, celestial y terrenal. Y lo más importante: una prueba de lo que puede hacer la Voluntad humana -llamémosle por su nombre antiguo, "espíritu"- unida a una inteligencia vasta y basta, aún en circunstancias penosas y condiciones duras, asociada a una imaginación creativa y hasta a una fantasía desbordada, pero que tiene que contar y habérselas con las exigencias de la gravedad y la resistencia de la materia.

Hoy es el Palacio construido por Cheval un incentivo turístico rodeado de jardines exuberantes y bien cuidados. Las esculturas de su extravagante edificio representan monumentos exóticos, sobre todo orientales, de los que el artista no tenía más noticia que las rústicas tarjetas que coleccionaba; personajes mitológicos y animales de todo el mundo. La sombra de un templo hindú armoniza allí gracias a las manos del artesano con la geometría de una tumba egipcia, las almenas de un castillo medieval, la cúpula bizantina de una mezquita o la simpleza de una cabaña suiza. Las manos modeladoras de Cheval lo concertaban todo; elegía con todo cuidado las piedras que iban a servirle de elementos. Adornaba también sus paredes con citas y poemas. Con ello liberaba su taciturnia, mostraba agradecimiento y daba sentido a sus intenciones amorosas.


martes, 15 de noviembre de 2022

PERSUASIÓN AMISTOSA

 


Se llama cuáqueros a los cristianos de la Sociedad Religiosa de los Amigos o Iglesia de los Amigos fundada en Inglaterra por George Fox (1624-1691) a partir de los legatinos-arianos, también llamados seekers o buscadores, disidentes del protestantismo anglicano oficial. La palabra "cuáqueros" viene del inglés "quakers", tembladores, aunque no sabemos bien si porque -como Kierkegaard- sentían temor y temblor cuando se sentían sacudidos por el Espíritu Santo, o por la instrucción de "temblad en el nombre del Señor" dada por Jorge Fox, o como término despectivo referente al pacifismo de los fieles de la Iglesia de los Amigos. 

Los antiguos cuáqueros vestían una indumentaria llana y sencilla; abstemios, se negaban a jurar, pero fueron conocidos sobre todo por su pacifismo, por ser contrarios a cualquier forma de esclavitud y por su esfuerzo para recuperar un cristianismo primitivo o protoevangélico, al margen de cualquier jerarquía eclesiástica y ayuno de sacramentos y pompas.

Las ideas de George Fox seguramente no hubieran tenido ancho ni largo predicamento sin la ayuda de Margaret Fell, de soltera Margaret Askew (1614-1702) llamada "madre del cuaquerismo", que patrocinó a Fox y se desposó con él después de haber estado casada con Thomas Fell como señora de la mansión Swarthmoon Hall. Fell era juez de paz de Lancashire y miembro del Parlamento, del que cesó por desacuerdo con la autoridad de Oliverio Cromwell. 

En 1652 su esposa Margaret oyó los testimonios de Fox, abrazó su fe a la que se convirtió junto con muchos de su casa. Durante seis años la mansión Swarthmoor se convirtió en el centro de difusión de la fe, las ideas y las actitudes cuáqueras. Allí predicaban sus principales líderes, mujeres y hombres. Tras la muerte de su primer marido en 1658, la casa fue allanada por las fuerzas del gobierno.

Mary Dyer fue ahorcada en 1660, uno de los "mártires de Boston"

En 1659 miles de mujeres cuáqueras, las "Siete mil siervas", firmaron una petición al Parlamento inglés para que se revocara la obligación del diezmo que se pagaba al sacerdote de la iglesia oficial, pastor anglicano que solía ser nombrado a dedo por el aristócrata de turno. La petición describía lo sufrimientos de los Amigos encarcelados por su religión. El pago del diezmo violaba su fe y conciencia cristiana. El texto Al Lector aparece firmado por la Amiga Mary Forster. En el panfleto, las signatarias consideran apóstatas a quienes no siguen la austera interpretación del cristianismo que consideran genuino, y tratan del diezmo como una inaceptable opresión contra su libertad de conciencia.

La persecución inglesa de los cuáqueros no cesó hasta la Ley de Tolerancia de 1689. A través de una espiritualización de las relaciones humanas redefinieron su congregación secular como tribu santa, familia y hogar de Dios. 

Como una de las pocas fundadoras perteneciente a la alta sociedad, Margaret Fox intercedió por los miembros perseguidos o arrestados de la nueva iglesia y viajó a Londres, a petición del rey Carlos II, para defender en 1660 la libertad de conciencia ante el Parlamento. No le valió de mucho porque en 1664 fue encarcelada en Lancaster. Se la condenó a cadena perpetua y se le confiscaron sus bienes. 

Permaneció en prisión hasta 1668, entre rejas escribió epístolas y textos religiosos, así como su trabajo más famoso: Women's Speaking Justified, en el que justificaba el ministerio de las mujeres y su liderazgo religioso, argumentando a favor de la igualdad espiritual de sexos, premisa básica de los cuáqueros. Ambos, hombres y mujeres son capaces no sólo de poseer la Luz Interior, sino también la capacidad profética, atentas a esa voz que oyen en su conciencia como "susurro de una brisa suave". Margaret fundamenta en esta obra el papel religioso activo de la mujer aduciendo ejemplos de la historia bíblica, nombrando a cada mujer que ha profetizado, hablado o razonado en el Antiguo o el Nuevo Testamento.




Tras ser amnistiada por el rey, casó con George Fox en 1669, pero fue encarcelada de nuevo durante un año. Fox viajó de misión evangelizadora a América y también fue encarcelado a su regreso en 1673. Margaret marchó a Londres para interceder por él, que al fin fue liberado en 1675. Sobrevivió a su marido hasta 1702 en que falleció con 87 años.

La Iglesia de los Amigos se extendió en Norteamérica, especialmente por Pensilvania. Los cuáqueros no tienen un credo dogmático, pero confían en la capacidad de cada ser humano para vivenciar y testimoniar la Luz Interior como presencia de Dios en la conciencia de cada persona. Cada creyente es sacerdote según la Epístola de Pedro (1ª 2:9). Incluso existen cuáqueros liberales, favorables a la colaboración con otros cristianos, y no teístas. En todas partes, evitan estructuras jerárquicas. Una parte relevante de su comunidad practica el culto a la espera o culto no programado en reuniones domingueras.

Fotograma de Friendly Persuasion de Eilliam Wyler (1956)

Todo esto lo retrató magistralmente William Wyler en su comedia-drama Friendly Persuasion (1956) con Gary Cooper, Dorothy MacGuire y Anthony Perkins, en sus papeles principales. La traducción española La gran prueba, y la chilena La gran tentación, no hacen justicia al sentido del título original. "Friendly" refiere adverbialmente al nombre genuino del movimiento protoevangélico de la Iglesia de los Amigos (Friends) que enfatiza la relación directa con Dios a través del ejemplo de Jesucristo y la lectura y el estudio personal de la Biblia, buscando la pureza emocional y la luz divina con el objetivo de alcanzar la perfección cristiana.

La película de W. Wyler centra su motivo en el incómodo voto de pacifismo de una familia cuáquera con el telón de fondo de la amenaza de los rebeldes sudistas al final de la guerra civil norteamericana. El término "persuasión" y la expresión "amistosa persuasión" resultan pues muy apropiados como interpretación de una comunidad que hacía hincapié en la "conversación santa", con el fin de que habla y conducta reflejasen piedad, fe y amor fraterno, una comunidad que ofrecía nuevos roles a las mujeres haciendo de la madre cuáquera figura esencial en la educación de los hijos, en la regulación del matrimonio y en el comportamiento doméstico.

Wyler representa admirablemente esta forma de persuasión irenista y cordial en su película. Puede verse en ella un momento estelar en que Eliza (Dorothy McGuire), estricta esposa cuáquera, prohíbe a su marido Jess (Gary Cooper), al que le gusta la música, que introduzca en su casa el armonio que ha comprado en una feria. El granjero le dice entonces a la rígida esposa con toda tranquilidad: 

"Cuando ruegas o sugieres, soy como mantequilla [o masa] en tus manos, pero cuando prohíbes es tanto como ladrarle a la luna."

El ejército sureño ya ha quemado alguna granja de cuáquero, y uno de ellos, que no quería levantar espada contra el prójimo según su radical voto pacifista, insta a Jess a armarse contra el enemigo común y hacerle frente. Este se mantiene fiel a sus principios: "ningún hombre es mi enemigo", pero no puede evitar que su hijo Josh (un jovencísimo Anthony Perkins) tome el fusil y marche al frente para salvar lo propio. La madre no quiere, se opone, presiona al padre para que lo evite, pero Jess le dice: 

"Yo sólo soy su padre, no su conciencia. La vida de un hombre no vale nada si no vive de acuerdo con su conciencia". 

La historia acaba bien, todo armonía en la idílica granja de los cuáqueros, pero Wyles deja clara la inevitabilidad de la ira como emoción humana y reacción defensiva, y también matiza la diferencia entre decir siempre la verdad (imperativo cuáquero) y callarla, cosa que resulta conveniente en aras de la convivencia y no tiene por qué contradecir aquel imperativo. Esta mezcla de comedia y drama de Wyles encantó a los públicos y la película ganó la Palma de Oro del festival de Cannes en 1959.

Una familia cuáquera amante de la paz.
¿Se mantienen al margen o se involucran en el conflicto?

Según la Wikipedia,  en 2017 vivían en el planeta 377.557 cuáqueros adultos, el 49% de ellos en África, el 89% pertenecen a las ramas "evangélicas" y "programadas", que celebran servicios con cantos y un mensaje bíblico preparado o coordinado por un pastor. Un 11% practica el culto en espera o culto no programado (la oración silente recuerda a Erasmo), llamado Reunión para Culto, donde el orden no planificado del servicio es principalmente silencioso y puede incluir un ministerio vocal no preparado de los presentes, tal y como aparece en la película de Wyles. 

Hacia 1660 numerosos cuáqueros se establecieron en el noreste de los EEUU para fundar comunidades de "conversación sagrada", donde fueron los primeros en condenar la esclavitud. Fueron perseguidos, pero en Rhode Island, 36 gobernadores en los primeros 100 años fueron cuáqueros. La endogamia y los cismas han limitado la extensión de sus comunidades. En Kenia los cuáqueros son más de cien mil. En 1947 se otorgó a la sociedad de amigos el Premio Nobel de la Paz, recibiéndolo en representación del movimiento la Friends Service Council (Londres) y American Friends Service Committee (Filadelfia).

Instituciones financieras mundialmente conocidas como Barclays y Lloyds fueron fundadas por cuáqueros. El enorme poeta Walt Whitman fue cuáquero, así como la actriz y escritora Judi Dench, oscarizada en 1999. También lo fue la cantante Joan Baez. Frederick Winslow Taylor (1856-1915), procedente de una rígida familia de cuáqueros, es considerado el padre de la Administración Científica. El pacifismo cuáquero ha jugado también su papel en la fundación de organizaciones no gubernamentales con fines filantrópicos y sociales, como Amnistía Internacional o Greenpeace.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

¡SILENCIO, SE RUEDA! PARÍS-BERLÍN-HOLLYWOOD, 1910-1939.


Silence, on tourne! es una maravillosa exposición que puede verse en el Palacio de Festivales de Cannes hasta el 26 de agosto de 2018. Producida por la Cinemateca francesa, traza la historia del cine en su segunda etapa, tras la fase de los pioneros iniciada en 1895. Hacia 1910 el cine ya había alcanzado un grado muy notable de sofisticación técnica y se pobló de rutilantes estrellas para dar vida a costosos largometrajes.
La muestra se estructura en torno a diez temas que, a su vez, cabe agrupar en diferentes bloques, como el técnico (iluminación, decorados, sonido...), el trabajo de realización y dirección de actores, la vida cotidiana en el plató, la fotografía de grupos y las fotos de broma (burlesque). Además de ello, se dedican secciones a los más destacados cineastas de aquel momento: Erich von Stroheim, David W. Griffith, Abel Gance, Jean Renoir, Ernst Lubistch, King Vidor, Fritz Lang, Friedrich W. Murnau, Cecil B. DeMille y René Clair.
La exposición se centra así en el período de esplendor que vivió la cinematografía hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en tres ejes espaciales, París, Berlín y Hollywood, que rivalizaban entre sí por dominar la ya potentísima industria del cine. También ilustra el tránsito de cineastas, técnicos y actores desde Europa hasta Hollywood, con frecuencia motivado por el avance del opresor nazismo. Y, por supuesto, no falta la deslumbrante presencia de las grandes divas de la época: Greta Garbo, Marlene Dietrich, Jeanette MacDonald, Claudette Colbert, Mary Pickford, Pola Negri...
La amplia selección de fotografías, aparatos de rodaje y vestuario evoca la atmósfera de los estudios en el paso del cine mudo a las películas habladas. La presencia de fotógrafos de rodaje en los platós, habitual desde 1900, como testigos de un momento de vertiginoso desarrollo técnico y estético, nos trae de vuelta el cine tras la cámara, un ambiente fascinante, divertido, innovador y que ilustra aspectos desconocidos de esta época legendaria, en la que se forjó el star system. 

De Pathé a Mitchell
Uno de los aspectos más interesantes del tránsito del cine mudo al sonoro son las razones para el abandono de la famosa cámara Pathé, que se impuso en el mercado porque resultaba fácil de manipular y de trasladar. Fue rápidamente sustituida por la cámara Mitchell, que tenía un mecanismo silencioso y que triunfó cuando comenzaron las películas sonoras en 1927, pues el ruido de la manivela de la cámara Pathé resultaba incompatible con las nuevas exigencias de grabación. Ello acarreó que los estudios franceses Pathé y Gaumont, antes entre los más competitivos, se viesen desfasados con el advenimiento de la era sonora. Por cierto, las películas "mudas" empezaron a denominarse así cuando se rodaron las "talkies", pues solo entonces existió un elemento de contraste que justificara una etiqueta propia de identificación.
Las películas sonoras impusieron una renovación absoluta del modo de trabajo en cuanto a estética y a técnicas de actuación y dicción más naturales. No podía faltar en la exposición el genial y divertidísimo homenaje a esa revolución cinematográfica que es Cantando bajo la lluvia ( 1952) de Stanley Donen.

Otra parte estupenda es Estrellas y aparatos, con fotografías de los más carismáticos actores asumiendo funciones de rodaje, como Maurice Chevalier examinando un rollo como si se tratase de un montador; una diminuta Mary Pickford (arriba) encaramada a la cámara en La pequeña Annie (1925); John Wayne mirando el visor de una Mitchell como reportero de guerra en Cover the War (1937); o la espléndida fotografía de Clark Gable y Mirna Loy, "el Rey" y "la Reina" de Hollywood, en Sucedió en China (1938) de Jack Conway, situados ante una cámara de reportero capaz de grabar imagen y sonido, imagen que sirve de cartel a la muestra.
En el apartado Luces vemos a Ingrid Bergman ante un proyector Mole-Richardson con ampolla incandescente en el set de rodaje de Intermezzo (1939), de Gregory Ratoff, un remake de la película del mismo nombre que ya había rodado en Suecia bajo las órdenes de Gustav Molander y que la había lanzado a la fama en 1936. También podemos ver a Johnny Weismuller y Maureen O ´Sullivan mirando muy sonrientes, a través del mismo aparato, en el plató de Tarzán, dirigida por W. S. Van Dyke en 1932. Estado de naturaleza y tecnología avanzada en un ingenioso contraste.

En Decors aprendemos que los primeros decorados procedían del teatro, de la ópera, o del music hall. pero también se hacía ilusionismo con las perspectivas en trampantojo. Sobre todo Georges Méliès, en su estudio de Montreuil, pero también los estudios Pathé, Gaumont y Film d ´Art, fueron pioneros en un arte difícil y tremendamente artesanal. Fue la monumental Cabiria, del italiano Giovanni Pastrone, en 1913, la que supuso el abandono de los diseños de trompe l'oeil en favor de gigantescos decorados, en lo que destacarían Griffith en Intolerancia (1916) y que sería el sello personal de Cecil B de Mille. La foto más sorprendente corresponde al decorado de Esposas frívolas (1921) de Von Stroheim, para la que se llevó a cabo la reconstrucción de lujoso casino de Montecarlo, lo que convirtió a esta película en la más cara hasta entonces rodada.
Entre los alemanes también destacan los decorados expresionistas de El gabinete del Doctor Caligari, Fausto, Nosferatu, Los Nibelungos y, por supuesto, ese prodigio inclasificable que es Metrópolis (1927) de Fritz Lang.


Frente al trabajo solitario de Méliès, un auténtico hombre orquesta que, a la postre, lamentablemente, se vio abocado a la ruina y al olvido temporal, la verdadera empresa cinematográfica se basa en un trabajo de Equipos -otro apartado de la muestra-, en los que cada talento realiza su aportación en su respectivo ámbito especializado.
En Dirección de actores se nos formula la tópica pregunta del huevo y la gallina: ¿Josef von Sternberg modeló a Marlene Dietrich o fue al contrario? Vemos igualmente fotos de John Ford rodando La mascota del regimiento (1937) con Shirley Temple, Howard Hawks con Cary Grant formando una carismática pareja con la incipiente estrella Rita Hayworth en Solo los ángeles tienen alas (1939), o la belleza atemporal de Marlene Dietrich en Deseo (1936), de Franz Borzage, una de mis películas favoritas.

Burlesque recoge los frecuentes momentos de relax durante los rodajes, una forma de desahogar las tensiones acumuladas por el intenso y prolongado trabajo de equipo. Algunos actores imitan al director, megáfono en mano, burlándose un tanto de sus severas instrucciones.

En Sonido aprendemos que las primeras palabras que se registraron fueron "Are the rest of you ready? Go ahead!", en 1894, fecha en que se rodó el primer film sonoro con el kinetoscopio de Edison. El cine mudo venía acompañado no solo de música sino también de ruidos alusivos a la acción y de comentarios que acentuaban su dramatismo para poner a los espectadores en situación. En América triunfó el Vitaphone sobre el Cronophone de los estudios Gaumont. La película El cantor de jazz de 1927 impuso el cine sonoro sin vuelta atrás, aunque aquel sistema fue sustituido, al cabo de pocos años, por el Photophone, que utilizaba una célula fotoelécctrica para registrar el sonido. Sin duda fue una época de acelerada investigación tecnológica (si os interesa el tema, aquí podéis acceder a amplia información: http://anthropocinema.blogspot.com/2018/05/dracula-y-mina-en-el-cinematografo.html). Las nuevas técnicas revolucionaron el rodaje, con la necesidad de sincronizar los micrófonos (recordemos la satírica escena de rodaje con sonido desacompasado entre Lina Lamont/Jean Hagen y Don Lockwood/Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia), y también el sistema de doblaje, con equipos de rodaje nocturno de otras nacionalidades cuando las grandes estrellas no podían ser sustituidas. Por ejemplo, El Gordo y El Flaco, Stan Laurel y Oliver Hardy, se doblaban a sí mismos a otros idiomas. El cine sonoro impuso igualmente importantes cambios en las salas de proyección. Grandes astros vieron declinar su carrera, como John Gilbert, como narran El crepúsculo de los dioses (1950) de Billy Wilder o The Artist (2011), de Michael Hazanavicius. Solo unas pocas estrellas, como Greta Garbo o Marlene Dietrich, fueron capaces de reciclarse y mantener su liderazgo en la industria del cine.
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Como nos cuenta Tournages, el espléndido catálogo de la exposición, cuya información (solo disponible en francés) estoy utilizando en gran parte para esta entrada, David W. Griffith (1875-1948) fue uno de los padres fundadores del lenguaje cinematográfico. Elaboró una nueva gramática técnica y artística en cuanto a producción, dirección de actores y montaje. Hizo del cine un gran espectáculo con El nacimiento de una nación, 1915, e Intolerancia, 1916. Pero también rodó dramas intimistas como Las dos hermanitas, con algunas de sus actrices predilectas, Lilian y Dorothy Gish. Después de su primer filme sonoro, en 1930, Abraham Lincoln, se retiró del cine.


Cecil B. DeMille (1881-1959), realizador, productor, escenógrafo, montador y actor, fue uno de los directores más eclécticos de su generación. Rodó westerns, películas históricas ( Las cruzadas, The Buccaneer, Cleopatra), o bíblicas (Los diez mandamientos, de 1923, o Rey de Reyes, 1927), comedias, dramas o parábolas inclasificables (Madam Satan), abordando todos los géneros cinematográficos. Fiel a sus actores y a sus técnicos, ya había realizado, en 1939, setenta y dos filmes del total de ochenta que dirigió a lo largo de su carrera.


La carrera de King Vidor (1894-1982) fue excepcionalmente longeva. Comenzó en 1913 y consiguió un gran triunfo con El gran desfile de 1925, película a la que seguirían otras obras maestras del cine mudo. Realizó su primer filme sonoro en 1929, un musical titulado Hallelujah! (en la fotografía de arriba) con un reparto enteramente de color.


Friedrich W. Murnau (1888-1931) puede ser considerado uno de los grandes maestros de las luces y sombras. Fue autor de grandes obras expresionistas como Nosferatu y Fausto, de películas humanistas como Amanecer y de documentales como Tabú. Realizó diecisiete filmes en Alemania entre 1919 y 1926, tras lo cual marchó a los Estados Unidos, donde solo cuatro de sus películas vieron finalmente la luz. Su fulgurante carrera fue interrumpida por un accidente de automóvil. Murió con solo 43 años. Sus exequias tuvieron lugar en Berlín, estando presentes el documentalista Robert Flaherty, que había sido su socio, el célebre actor Emil Jannings, Greta Garbo y Fritz Lang, quien pronunció el elogio fúnebre.

Rodaje de "Metrópolis"
Nacido en Viena, Fritz Lang (1890-1976) llevó a cabo grandes obras maestras en su periodo alemán (Las tres luces -que decantó la elección profesional de un Buñuel dubitativo con su futuro-, Mabuse, Los Nibelungos, Metrópolis, Una mujer en la luna, M el vampiro de Düsseldorf ). En Francia rodó Liliom en 1934 y el año siguiente comenzó su andadura en Estados Unidos, en donde se convirtió en uno de los realizadores fundamentales en las dos décadas siguientes, dirigiendo títulos clave en el cine noir. Huido del nazismo, Fritz Lang denunció toda clase de intolerancia y opresión, de manera muy versátil, a través de géneros tan diversos como el western, el cine policiaco o de aventuras.
Ernst Lubitsch (1892-1947) nació en Berlín. Fue escenógrafo, productor, actor y uno de los directores más talentosos y polifacéticos de su generación. Desde 1912 participó en una treintena de películas antes de pasar a la dirección con éxitos tales como El abanico de Lady Windermere o El príncipe estudiante. Dirigió a Pola Negri, su musa en Madame Dubarry, antes de marchar a Estados Unidos en 1923. Allí comenzó a dirigir a una pareja carismática, Jeanette MacDonald y Maurice Chevalier ( El desfile del amor, Una hora contigo, La viuda alegre, Montecarlo). También rodó con la Dietrich ( Ángel) y con la Garbo, que nunca estuvo más natural e inolvidable que en Ninotchka (1939). Junto con Hitchcock, Lubitsch es el director que más veces utilizo su propia imagen para publicitar sus películas.
Rodaje de J´Accuse. Abel Gance a la dcha.
Visionario realizador, escenógrafo, productor, actor y montador, Abel Gance (1889-1981) fue precursor en numerosos campos estéticos y técnicos, como atestigua su obra maestra Napoleón, de 1927. Después de su debut como actor, en 1909, en Molière, creó su propia productora y dirigió su primera película, La Digue, diez años más tarde. Después vendrían Mater Dolorosa, en 1917, y J´accuse, en 1919, obra antimilitarista de la que posteriormente realizaría una versión sonora, para abordar La Roue en 1923, una obra calificada como paroxística. En 1939 rodó Paradis perdu, un filme premonitorio de los momentos oscuros que se avecinaban.


René Clair (1898-1981), uno de los directores franceses más emblemáticos, debutó como actor en la compañía Gaumont. En 1924 rodó una obra vanguardista, Entr´acte, con la complicidad de Satie, Picabia, Duchamp Man Ray. Después dirigió una ensoñación poética, El viaje imaginario, en 1926. Pese a su renuencia inicial a aceptar el cine sonoro, consiguió grandes éxitos con Bajo los techos de París, Viva la libertad o El fantasma va al oeste. Marchó a Estados Unidos en 1940, donde continuó cosechando taquillazos.



Jean Renoir (1894-1979), hijo del pintor Pierre-Auguste Renoir, decidió pronto su dedicación al cine y se apropió de los géneros más diversos: obras históricas como La Marsellesa, adaptaciones de novelas como Nana, de Zola, o Madame Bovary, de Flaubert,  películas policíacas (La Chienne) y los rodajes en localizaciones exteriores (Toni, La gran ilusión, La regla del juego). Con la guerra, esta última fue prohibida en 1939, lo que determinó que Renoir se exiliase en Roma, donde colaboró brevemente en Tosca antes de marchar a Estados Unidos.


Erich von Stroheim (1885-1957) fue otro genio multitarea: director, escenógrafo, productor y destacadísimo actor. Fue el primer vienés que desembarcó en Hollywood, en 1909. Desde su primera película, en 1919, se hizo famoso por sus tensas relaciones con los productores. Firmó obras maestras como Esposas frívolas, Les Rapaces (cuyo metraje originario fue de ocho horas), Sinfonía nupcial o La Reina Kelly. Rodó su última película en 1933, consagrándose desde entonces, exclusivamente, a su carrera de actor.
La bellísima Gloria Swanson
En definitiva, Silence, on tourné! es una extraordinaria oportunidad para descubrir, con una reflexión metafílmica, los más diversos aspectos acerca de y detrás del rodaje, con bellísimas fotografías en blanco y negro,-que nunca defrauda-, y mediante una visión envolvente de los tres puntos de ebullición creativa más poderosos de la primera mitad del siglo XX. De manera nada casual la exposición se detiene justo en el momento en que el cine, durante seis de los más lamentables años en la historia de la humanidad, dejó el arte un tanto de lado para hacer propaganda de la causa aliada. Aún así, películas tan memorables como Casablanca (1941) alzarían un vuelo eterno, apartándose de lo que fue el acuciante día a día de aquella interminable guerra, para hablarnos de valores perennes y universales. También la guerra se llevó a Hollywood los mejores realizadores europeos. Ese exilio acabó con la pujanza de las cinematografías del Viejo Continente, que siguen haciendo esfuerzos para mantener un lenguaje y una estética propios frente al rodillo hollywoodiense.


Fuentes consultadas:
-Champion, Isabelle; Mannoni, Laurent: Tournages. Paris-Berlin-Hollywood 1910-1939. LePassage, 2018.

lunes, 25 de mayo de 2020

LA ANIMACIÓN SE VUELVE TELEVISIVA. Animation Gossip 18.


En esta ocasión María Lorenzo va a hablarnos de un estudio que uno de los estudios más decisivos para el desarrollo de la animación televisiva, Hanna-Barbera. Crearon tantos personajes inolvidables (Los Picapiedra, Tom y Jerry, Don Gato, El oso Yogui, Maguila Gorila, Los autos locos, Scooby-Doo…) que casi parece inverosímil su talento. Aquí os dejo el enlace al formato audiovisual de la entrada:  https://vimeo.com/359726837?fbclid=IwAR0ob_EdqbQAzQESuT4o2Etc6iY4KR0o80h5iEriF1SC21eCCuIJ_3irh4E


Hoy en día estamos acostumbrados a series de animación sit-com como Padre de Familia o Los Simpson, que llevan varias décadas en antena. Sin embargo, récords así fueron inconcebibles durante generaciones, siendo Los Picapiedra (1960-1966) la única sit-com animada anterior capaz de permanecer en antena, y en horario estelar, hasta 6 temporadas seguidas.
Los estudios Hanna-Barbera ejemplifican como pocos el paso de la animación para cine, a la animación para televisión. Casi podríamos resumir su historia en la expresión “reciclarse o morir”, porque sus principales artífices, William Hanna y Joseph Barbera, tuvieron que luchar muy duro para convencer a las televisiones de la viabilidad de su proyecto.
Pero, para empezar, os vamos a contar un poco de su recorrido en la meca del cine: Metro Goldwin Mayer. William Hanna (1910-2001) y Joseph Barbera (1911-2006) eran muy jóvenes cuando tuvo lugar la Gran Depresión, y esto les obligó a tomar trabajos que estaban lejos de sus inquietudes.


Por un lado, Bill Hanna era un americano de familia humilde que trabajaba con su padre en la construcción, pero un accidente lo hizo cambiar de empleo y terminó, casualmente, como conserje del estudio de animación del estudio que acababan de fundar Harman y Ising, para producir cartoons para la Warner. Bill Hanna hacía las típicas tareas de mantenimiento, hasta que un día le mandaron hacer uno de los trabajos más tediosos del estudio: lavar acetatos para su reutilización. A las pocas semanas estaba coloreando aquellos mismos acetatos, y más adelante, lo pusieron al frente del departamento de coloreado.


Pero Bill Hanna se interesó además en cómo contar historias y en la labor de los directores, de forma que en 1936 estaba dirigiendo su primer corto en solitario: A la primavera, que fue vendido a Metro Goldwin Mayer.
En 1937, la Metro decidió que no seguiría subcontratando otros estudios y decidió fundar el suyo propio, con el productor Fred Quimby al frente, y reclutó como directores a los antiguos animadores de Harman y Ising, empezando por William Hanna. Y allí fue donde conoció a Joe Barbera.
Joe Barbera era italoamericano, e inicialmente había trabajado en contabilidad. Al mismo tiempo, vendía sus dibujos a la prensa y estudiaba Artes, y finalmente empezó a trabajar como colorista para los hermanos Fleischer. Después de pasar por varios estudios, donde siempre se vendió a sí mismo como un animador experimentado, en 1937 llegó a Los Ángeles para trabajar en la Metro.


Bill Hanna y Joe Barbera empezaron a trabajar juntos en el departamento de guion. Tras realizar una serie de muy poco éxito, The Captain and the Kids, tuvieron carta blanca para realizar un corto propio, Puss Gets the Boot (1940), donde un gato y un ratón se chinchaban mutuamente. El estudio no creyó demasiado en el potencial de una premisa que estaba muy trillada, pero Hanna y Barbera aportaron un estilo de humor sin diálogos, basado únicamente en la gestualidad de los personajes, que convenció a la audiencia.


Tom y Jerry se convirtieron en serie gracias a dos factores: la demanda de los cines, y la nominación al Oscar de este primer cartoon. Ese sería el comienzo de un exitoso camino que llevó a la Metro a obtener siete Oscars gracias a Tom Jerry, aunque Bill Hanna y Joseph Barbera nunca los recibieron personalmente.


En 1944, el ratón Jerry hizo una aparición estelar, bailando junto a Gene Kelly en la película Levando anclas (George Sidney, 1944), en la que sería la secuencia más recordada de la película.

Hanna y Barbera produjeron 114 cartoons de Tom y Jerry entre 1940 y 1958, año en que Metro Goldwin Mayer cierra su estudio de animación. Esta decisión se debió a los cambios legislativos que regulaban la distribución cinematográfica: si antes, con una sola entrada, podías ver un noticiario, un corto de animación, un largometraje tipo A e incluso una película de serie B, ahora la entrada de cine solo servía para ver un largometraje. La venta de cortometrajes animados a cines era cada vez más restringida, y los costes que suponía su producción no compensaban.


Hay que sumar además la feroz competencia de la televisión al cine, que cambió el escenario de producción. Los grandes estudios aún podían vender sus antiguos cartoons para su emisión doméstica, lo que les garantizaba beneficios sin ningún gasto adicional. Por esta razón, el grueso de animadores de Hollywood se fue al paro.
Sin embargo, Hanna y Barbera ya habían trabajado para televisión, realizando anuncios de cigarrillos, y estaban convencidos de que la pequeña pantalla también podía servir para vender animación, aunque en primer lugar debían competir consigo mismos, con el trabajo realizado años atrás y que se estaba vendiendo sin reportarles ningún beneficio.

Los supersónicos
Por suerte, la televisión es un medio voraz que demanda muchas horas de programación, aunque deben realizarse por precios bajos. Esto generó la necesidad de adaptarse a sistemas de producción muy diferentes a los que se empleaban en cine. Un cartoon de Tom y Jerry duraba 7 minutos, costaba más de un mes de producción, y eran necesarios en torno a 25.000 dibujos: su coste podía ser de 4.000 dólares de la época, por minuto. Pero la televisión solo iba a pagarles 675 dólares por minuto. En otras palabras: había que hacer más con menos.


Por tanto, Hanna y Barbera abandonaron la animación completa, esto es, animar de 12 a 24 imágenes por segundo, dibujando al personaje entero en cada acetato, y en cambio empezaron a utilizar lo que ellos llamaban animación “planificada”, o limitada, que minimizaba el número de dibujos y desglosaba al personaje en varias capas de acetatos, diferenciando partes móviles y partes estáticas.
Además, en este nuevo modelo de productividad, el diálogo de los personajes cobraría inusual importancia, convirtiéndose casi en una radio con imágenes. Esto llevó al desarrollo de nuevas premisas y situaciones que eran nuevas en los dibujos animados, y que servían para atraer a una audiencia más amplia.

A pesar de la potencialidad del nuevo medio, Hanna y Barbera no solo tuvieron problemas para convencer a las televisiones de su proyecto, sino que además debían buscar patrocinadores, porque la televisión no deja de ser un larguísimo programa publicitario apenas interrumpido por algunos minutos de magazines y películas. Por ejemplo, cuando lanzaron Los Picapiedra, su patrocinador fue… una marca de cigarrillos. Irónicamente, antes la animación servía para vender cigarrillos, pero ahora los cigarrillos servían para vender animación.


Su primer programa para la televisión NBC fue la serie Ruff & Reddy (1957-1960), que tenía un argumento arco. A este siguieron otros shows como Huckleberry Hound (1958-1962), Tiroloco McGraw (1959-1962) y El oso Yogui (1961-1988), con estructura autoconclusiva y un formato de 7 minutos que servía para abrir o cerrar otros programas.


Los Picapiedra fue, sin embargo, una apuesta muy diferente, ya que tomaba ejemplo de las exitosas sit-com que se exhibían en Prime Time u horario de máxima audiencia. El formato del programa debía ser más extenso que los anteriores cartoons, y adaptarse a temporadas de 30 episodios anuales. La serie tenía un concepto poderoso, que se basaba en mostrar una familia de clase media que vivía el sueño americano… pero hace millones de años, en un mundo de trogloditas exquisitos que se sirven de los dinosaurios.
Sin embargo, Los Picapiedra estuvieron a punto de no producirse nunca. Joe Barbera se dedicó a hacer presentaciones durante meses. Los gags eran divertidos, pero la idea global no convencía a los clientes, hasta que la cadena de televisión de más reciente creación, la ABC, mostró interés en emitirla.


En un período de 6 años se realizaron 166 episodios, un récord que no fue superado por la animación americana hasta la creación de Los Simpson. Al comienzo, la crítica fue feroz con la serie, pero encantó al público, que se veía identificado con las situaciones. Los Picapiedra reflejaban la vida moderna, la realidad de los matrimonios que duermen en una cama grande (y no pudorosamente en camas separadas), e incluso Wilma fue la primera mujer embarazada de la televisión y dio a luz a un nuevo personaje: la niña Pebbles.

Ed Benedict
Curiosamente, todas estas series debieron su diseño de personajes a la misma persona: Ed Benedict (1912-2006), un veterano de la industria que anteriormente había trabajado con Tex Avery. La aportación de Benedict fue esencial para configurar el aspecto de los nuevos cartoons, basados en formas muy geometrizadas, con contornos de línea gruesa y facilitando siempre la posibilidad de dividir al personaje en partes. El aspecto visual de los nuevos cartoons era mucho más apropiado para la pantalla de televisión, por lo general pequeñas y aún en blanco y negro.


La compañía de Hanna-Barbera fue una verdadera fábrica de series durante los años siguientes, como Don Gato (1961-1962), Los Supersónicos (1962-1963), Maguila Gorila (1964-1967), Los Autos Locos (1968-1970), u otras series más orientadas al público juvenil, como Scooby Doo (1969-1970) y Johnny Quest (1964-1965), hasta tal punto que en 1970 el 80% de la franja de programación infantil de la televisión estadounidense eran producciones suyas.

Johnny Quest
Los personajes de Hanna-Barbera nunca se han retirado de la televisión. En 1986, Ted Turner, el dueño de cadenas de televisión como CNN y TNT, adquirió Metro Golwin Mayer y Universal, volviendo a lanzar a televisión todas sus producciones; pero además también compró los estudios de Hanna-Barbera, lo que dio lugar a todo un revival de la animación americana de los sesenta. Esta reactualización dio lugar a la cadena Cartoon Network, que se empezó a nutrir de nuevos proyectos con personajes de estilo retro-moderno, una dicción gráfica que eventualmente se adaptó muy bien a los nuevos medios de la animación 2D. Sin duda alguna, la animación actual no habría sido la misma sin el precedente de William Hanna y Joseph Barbera.


Referencias bibliográficas:
Amid Amidi (2006), Cartoon Modern. Style and Design in Fifties Animation.
Norman Rockwell Museum (2017), Hanna-Barbera: The Architects of Saturday Morning (https://www.youtube.com/watch?v=o8OVkUhr0W8).
Cruz Delgado Sánchez, Pedro Delgado Cavilla (2014), Hanna-Barbera. La animación en serie.
Mauricio-José Schwarz (2015), De Tom y Jerry a Las Supernenas. La aventura de Hanna-Barbera.
Carol A. Stabile y Mark Harrison (2003), Prime Time Animation. Television animation and American culture.