sábado, 21 de marzo de 2020

LA EDAD DORADA DEL CARTOON AMERICANO. Animation Gossip 15.





En este nuevo Animation Gossip, María Lorenzo nos hablará de uno de los estudios más influyentes de la historia de la animación, los estudios Warner. Recordaremos a los míticos Looney Tunes y las Merry Melodies que son el paisaje mental de fondo de unas cuantas generaciones de televidentes y a todos los inolvidables personajes que lo poblaban: Bugs Bunny, Elmer Gruñón, Porky, el Pato Lucas, Piolín y Silvestre...y asus geniales creadores. Hablaremos de la edad de oro del cartoon norteamericano.Aquí tenéis el enlace para ver el vídeo:https://vimeo.com/353630707?fbclid=IwAR34Dwc8vPjinY8nSGKWgdRYsbFQP0w3aOE_xA3CwWHp6pBls7yVpNfco8k


El origen de los estudios Warner se remonta a 1930, cuando dos animadores, Hugh Harman y Rudolph Ising, comenzaron a realizar las series Looney Tunes y Merrie Melodies para el productor Leon Schlesinger (1884-1949), y que serían distribuidas por Warner Bros. Los estudios de animación Warner, propiamente dichos, se fundaron en 1933 y, aunque cerraron y reabrieron sus puertas repetidas veces durante los años 50 y 60, la producción de dibujos animados Warner, en realidad, nunca se ha interrumpido.


La época dorada del estudio abarca desde los años 30 hasta bien entrados los 50. En estas décadas trabajaron como directores de animación figuras tan importantes como Tex Avery, Friz Freleng, Frank Tashlin, Bob Clampett, Robert McKimson o Chuck Jones, aunque el éxito de Warner no se debió tanto a sus talentos individuales como a la capacidad que tuvieron para componer los pequeños equipos que produjeron los cartoons más rápidos y baratos de Hollywood.


Los estudios de animación Warner deben principalmente su fama a la consolidación de su propio Star System: personajes como Bugs Bunny, Elmer Gruñón o el cerdito Porky estuvieron presentes prácticamente desde el origen del estudio, pero su diseño y personalidad evolucionaron con él, adaptándose a los nuevos tiempos conforme se iban haciendo cargo de ellos los diferentes directores de animación.

Es muy difícil afirmar con precisión qué personaje fue inventado por quién. Lo que sí es cierto es que todos son parte de una creación colectiva. Por ejemplo, cuando Tex Avery definió las personalidades de Bugs Bunny y del pato Lucas, ambos eran muy semejantes y tenían reacciones muy alocadas. Más adelante, en manos de otros directores y, especialmente, de Chuck Jones, sus personalidades se convierten en antagónicas: Bugs Bunny se convierte en esa persona ingeniosa y de reacciones calculadas que todos querríamos ser, mientras que el pato Lucas es ese tipo irritable, mezquino y fácil de provocar… que somos casi todos.


Uno de los directores más veteranos del estudio fue Friz Freleng (1906-1995), que fue también el más premiado, llegando a ganar cuatro Oscars. A él se debe la creación de personajes como Piolín, el gato Silvestre o el iracundo Sam Bigotes.


Friz Freleng era de Kansas, prácticamente paisano de Walt Disney, y de hecho dio sus primeros pasos en la animación con él, animando las comedias de Alice y las del conejo Oswald. Pronto fundó su propio estudio junto con Harman y Ising, y cuando éste cerró por disputas económicas con Leon Schlesinger, Freleng fue promocionado a director principal de los estudios de animación Warner.

Friz Freleng

Freleng definiría pronto la línea del estudio con el cartoon I Haven’t Got a Hat (1935), dándole una poderosa caracterización al personaje de Porky. A partir de los años 40, el acting de los personajes animados por Freleng y su equipo ya era equiparable a la calidad de Disney, y decidió centrarse en los cartoons de Bugs Bunny y en los de los personajes que él mismo había creado, dando lugar a cartoons como Tweety Pie (1947), el oscarizado Bird Anonymous (1957), y también la saga de Speedy González.
Pero la carrera de Friz Freleng no se limitó a Warner. Tras la bancarrota de los estudios en 1963, Freleng y su compañero David DePatie fundaron su propia empresa, con la que empezarían a producir el famoso programa de televisión The Pink Panther Show.

Bob Clapmett

El productor del estudio Warner, Leon Schlesinger, vigilaba mucho los presupuestos, pero daba libertad creativa a sus directores. Así se puede entender que Bob Clampett (1913-1984) realizara aportaciones tan singulares a la animación Warner, con un altísimo grado de surrealismo.
Bob Clampett fue el creador de los primeros muñecos de Mickey Mouse, aunque se inició en la animación gracias a Friz Freleng, con quien colaboró en numerosos cartoons. A él se debe el primer diseño de Porky, y en 1937 se convirtió en director de animación en Warner.


Durante los nueve años que siguió trabajando en Warner, Bob Clampett realizó los cartoons más violentos, alocados y transgresores de la compañía, no exentos, a menudo, de caricaturas étnicas (Coal Black and de Sebben Dwarfs, 1943; Russian Rapsody, 1944). La influencia de Clampett fue determinante para que la compañía Warner se alejara definitivamente de los caminos marcados por Disney y se distinguiera por su atrevido sentido del humor. (Porky in Wackyland, 1938)
Sin embargo, si pensamos en los cartoons de la Warner, probablemente los primeros que nos vengan a la cabeza sean los que dirigió Chuck Jones.

Chuck Jones

Chuck Jones (1912-2002) decía que se dedicó a la animación porque creció cerca de los estudios de Hollywood, y tenía un lápiz. Se inició en la animación como ayudante de Ub Iwerks, y en 1933 se introdujo en Warner. Su estilo evolucionó con los años, llegando a utilizar con frecuencia la animación selectiva (The Dover Boys, 1942) y un sentido del humor cada vez más sofisticado.
Además, a Chuck Jones le iba la marcha porque, aunque no era un empleado de Disney, en 1941 pasó mucho tiempo apoyando a los piquetes de huelga de la compañía.


En 1944, sin abandonar Warner, dirigió un corto para la United Productions of America, que promocionaba a la reelección del presidente Roosevelt (Hell-Bent for Election). Sin duda, Chuck Jones fue el director más abierto e intelectual que tuvo la Warner, y aunque creó personajes tan icónicos como Coyote y Correcaminos, Marvin el Marciano o Pepe Le Pew, no dudó en animar un buen número de cortometrajes que no formaban partes de series, sino que exploraban ciertas premisas de la manera más cómica posible, dejándonos escenas realmente memorables (Feed the Kitty, 1952; A Froggy Evening, 1955).

Maurice Noble

Chuck Jones compuso un potente dúo con Maurice Noble (1911-2001), un antiguo concept artist de Disney, y que se convertiría en su colaborador de por vida. Noble interpretaba visualmente los guiones de Jones, aportando todo tipo de gags, y también redefinió la dirección de arte de la compañía, adoptando la simplicidad del diseño moderno. 

What´s Opera, Doc?, 1957
Tras su salida de Warner Bros en 1962, Chuck Jones fundó Sib Tower 12 Productions, con el que produjo mediometrajes y series de televisión la Metro Goldwin Mayer, tales como Tom y Jerry y especiales como El Grinch (1966). En 1965 obtuvo un Oscar por su estilizado cortometraje The Dot and the Line (1965), y en 1996 recibió otro honorífico por su labor en la industria cinematográfica. Chuck Jones no se retiró nunca.

El Grinch 

 La influencia de los estudios Warner en la cultura popular es inconmensurable. Los estudios debieron su éxito a un buen número de comedias protagonizadas por personajes carismáticos, que gustaron a pequeños y mayores y que, gracias al imperio comercial del que forman parte, han seguido vivas tras muchas generaciones. Y ahora sí, esto es todo, amigos.



Referencias bibliográficas:
Michael Barrier (1999), Hollywood Cartoons: American Animation in Its Golden Age
Giannalberto Bendazzi (2003), 110 años de cine de animación.
Chuck Jones (1991), “What’s Up, Down Under? Chuck Jones Talks at The Illusion of Life Conference”, en Alan Cholodenko, The Illusion of Life. Essays on Animation.
Margaret Selby (2000), Chuck Jones extremes & inbetweens. A life in animation.




lunes, 16 de marzo de 2020

TEX AVERY, EL REY DEL CARTOON. ANIMATION GOSSIP 14


En este nuevo Animation Gossip María Lorenzo nos habla de uno de los autores más geniales e influyentes de la historia de la animación, Tex Avery, el rey del cartoon. Aquí teneéis el enlace para disfrutar de la versión audiovidual: https://vimeo.com/353627088?fbclid=IwAR2xsNxRkok9s2L-NK44m3-dgDGwlgMfi-mfrxNNoGLhbVH2_xYcxLWqKq0.


La obra de Tex Avery, como también su vida, solo puede definirse como una increíble montaña rusa de emociones, con todas sus subidas y bajadas. Tex Avery fue probablemente el animador más paradigmático de su tiempo en Hollywood y, sin embargo, durante la segunda mitad de su carrera conoció todas las miserias posibles.


            Frederick Bean Avery, más conocido como Tex, nació en Texas en 1908 y murió en 1980 en California. Siendo muy joven, cogió su coche junto con un puñado de amigos para visitar Los Ángeles y se quedó tan prendado del sitio que decidió dejar tirados a sus colegas y no volver jamás a Texas. Allí decidió subsistir realizando caricaturas para periódicos y, con frecuencia, dormía directamente sobre la arena de la playa.
            Hacia 1930, Tex Avery había empezado a trabajar como animador en el estudio de Walter Lantz, donde sufrió un desafortunado accidente: en medio de una pelea de bolas de papel mojado, le impactó en el ojo izquierdo una bola que llevaba en su interior un clip metálico. Como consecuencia, Tex Avery perdió permanentemente la visión en ese ojo.


            Algunos teóricos sugieren que el estilo visual de Tex Avery, donde es frecuente que nos presente un mundo artificioso e incluso bidimensional, se debe a la falta de visión en ese ojo. Otros argumentan que ese accidente inesperado sentó las bases de su humor, donde la falta de anticipación es fundamental para que se puedan producir equívocos cómicos.
            Lo que sí es seguro es que esta deficiencia física le acarreó toda su vida un enorme complejo de inferioridad, temiendo siempre ser despedido, de forma que durante toda su carrera tendió a una peligrosa adicción al trabajo.
            Al mismo tiempo, Tex Avery siempre fue optimista y ambicioso. En 1935 ingresó en un nuevo estudio que había creado Leon Schlesinger, la futura división de animación de la Warner, que se había instalado en un bungalow de madera al que llamaban cariñosamente “Terraza termita”.


            La labor de Tex Avery sería fundamental para dirigir los pasos futuros del estudio, siempre en la búsqueda de un humor irreverente, atrevido y, sobre todo, absolutamente contrario a los clichés de Disney. A su vez, contribuyó decisivamente a perfilar la personalidad de las principales estrellas del estudio, como Porky, Bugs Bunny o el pato Lucas.


            En tan solo seis años, Tex Avery dirigió o colaboró en la producción de 60 cartoons. Sin embargo, este período terminó cuando el productor de Warner no le permitió incluir una frase de Bugs Bunny que podía entenderse con un contenido sexual. Deseando desarrollar nuevas ideas que ya no tenían cabida en Warner, en 1941 Tex Avery abandona la compañía para ingresar primero en Paramount y, después, en Metro Goldwin Mayer.
 
The Blitz Wolf
            Su período en la Metro fue el más fructífero y recordado de su carrera, realizando cartoons con altísima calidad de animación, mejores presupuestos y mucho ingenio visual. En Metro Goldwin Mayer se habían propuesto destronar a Disney de la supremacía de los cortometrajes y el resultado no se hizo esperar: el primer corto de Avery en MGM, “The Blitz Wolf”, fue nominado a los Oscars de 1942. Sin embargo, esta situación aparentemente privilegiada tenía un reverso inquietante. Fred Quimby, el productor de cartoons de la Metro, tenía su dúo de animadores favoritos: William Hanna y Joseph Barbera, que en sus 15 años de recorrido con la serie de Tom y Jerry le granjearon a la compañía nada menos que 7 premios Oscar.


            La rivalidad con el dúo Hanna-Barbera ejerció una fuerte presión en Avery, que se veía obligado a competir a cualquier precio. La serie Tom y Jerry, aunque tenía una animación muy clásica, basaba sus gags en una inusitada violencia física. Tex Avery no solo replicó esta fórmula sino que imprimió a sus cartoons un ritmo frenético y, sobre todo, un sentido muy disruptivo del humor, fomentando unas expectativas en el público y defraudándolas acto seguido, para provocar la risa ante lo absurdo.
Lucky Ducky

            Tex Avery estaba obsesionado con la idea de que, en animación, todo es posible. Esta idea fundamenta el giro visual: cuando se desplaza nuestra atención desde la acción hacia la forma de la narración, para darnos cuenta de que lo que estamos viendo no es más que un dibujo animado. De esta manera, Tex Avery creó una original retórica de la imagen, ideando todo tipo de giros metalingüísticos y volviendo literales algunas figuras del lenguaje.
 
The Shooting of Dan McGoo

           El erotismo implícito también fue un elemento fundamental en la obra de Avery, y es realmente singular que durante dos décadas fuera capaz de escapar a la censura del código Hays.
Red Hot Riding Hood.

 Más adelante, el humor de Avery se volvió más sosegado y económico, jugando con temas contemporáneos y con un estilo muy selectivo de animación.

Symphony in Slang


            Sin embargo, en 1953, ante la inminente crisis de los cartoons para cine, Fred Quimby comenzó a desmantelar la unidad de animación de la Metro, y el primer director del que prescindió fue, precisamente, Tex Avery.
            Tras un breve período en Walter Lantz Productions, Avery se lanzó a hacer publicidad pero su irreverente estilo de humor no encajó con los nuevos tiempos.
 
Bandito Frito

Paralelamente, en el plano personal, Avery se enfrentó a dos catástrofes: la muerte de su hijo mayor por sobredosis y la ruptura de su matrimonio.
            Irónicamente, Avery pasó sus últimos años escribiendo guiones para sus antiguos rivales, el dúo Hanna Barbera. Por si le faltaba algo, Tex Avery enfermó de dos cánceres, de pulmón e hígado pero, como carecía de seguro médico, tuvo que seguir trabajando hasta días antes de su muerte.

            Tex Avery fue un artista natural y espontáneo que contribuyó de manera decisiva a construir el humor visual del siglo XX. No apostó por realizar series sino que concebía cada cortometraje como una obra acabada. Evitó todos los estereotipos posibles y fundamentó su puesta en escena en la sorpresa y la risa irónica. La obra de Avery conoció un importante renacer a finales de los 90, cuando Cartoon Network y Nickleodeon lo tomaron como ejemplo definitivo para configurar las series televisivas del siglo XXI.




Referencias bibliográficas:
Giannalberto Bendazzi (2003), 110 años de cine de animación.
John Canemaker (1996), Tex Avery: The MGM Years, 1942-1955.
David Flórez (1982), Caminando en círculos, “100 cortos animados” (encirculos.blogspot.com).
John Needham (1988), Portrait of Tex Avery (reportaje) (https://www.youtube.com/watch?v=CjeelKD_z3E).
Barrier, Michael (1999). Hollywood Cartoons: American Animation in Its Golden Age.
Adamson, Joe (1975). Tex Avery: King of Cartoons.

Red Hot Ridding Hood.

domingo, 16 de febrero de 2020

WALT DISNEY Y EL ESTUDIO DE ANIMACIÓN MAS FAMOSO DEL MUNDO. Animation Gossip 13.


En este nuevo Animation Gossip María Lorenzo nos va a hablar sobre el fundador del estudio de animación más famoso del mundo, Walt Disney. Aunque creamos que sabemos muchísimo sobre este popular personaje, estoy segura de que esta entrada os va a resultar muy reveladora para descubrir cómo creó un estilo de animación novedoso que ha cautivado a tantas generaciones han conectado. No os la perdáis. Y, para disfrutar del formato audiovisual, aquí tenéis el enlace:https://vimeo.com/359947328?fbclid=IwAR1SRFrspiW8HCf2RxiEa29i9vIO1bqeQozz_ABsO3MaAhF7bzc2PRQbkZ0


Walt Disney nació en Chicago en 1901 y murió en California en 1966. Sin embargo, se suele asociar su origen a otro lugar idílico, Marceline, en Missouri, donde crece rodeado de naturaleza; y a Kansas, donde fundó su primera productora.
Era el cuarto de cinco hermanos y creció soportando los malos tratos de su padre. A la edad de 17 años falsificó su partida de nacimiento para viajar a Europa como camillero durante la Segunda Guerra Mundial.
Ub Iwerks

Walt Disney fue un estudiante mediocre y como artista tampoco destacó de manera superlativa; pero en 1920 empieza a probar suerte en el mercado de la publicidad y de la animación, y conoce a Ub Iwerks, que era un caricaturista muy dotado. Juntos crean en 1922 su propio estudio: Laugh-O-Gram Films, en el que producen un piloto de serie, Alice in Cartoonland.

 Este trabajo es deudor del famoso Out of the Inkwell de los hermanos Fleischer, que mezclaba actores reales con personajes de animación. Aunque caen en bancarrota, el trabajo llama la atención de la pionera absoluta de la distribución de animación en Estados Unidos, Margaret Winkler, una antigua ejecutiva de Warner que también representaba los cartoons de Felix el gato.

Margaret Winkler

De hecho, fue la propia Winkler la que sugirió que en adelante imitasen el estilo de animación e incluso el diseño de Felix el gato, lo cual molestó muchísimo a su productor, Pat Sullivan. Margaret Winkler, sin embargo, se quedó muy contenta representando el trabajo de Walt Disney y Ub Iwerks, que además estaban empleando sistemas que incrementaban la calidad, como era simplemente grabar la animación en un formato de prueba para testear la calidad de la animación, antes de darla por terminada.
En 1927 crean un nuevo personaje, Oswald the Lucky Rabbit, un modelo de personaje que empezaría a marcar la tendencia del cartoon americano, siendo muy imitado. La productora comienza a llamarse entonces The Walt Disney Studio. Pero pronto sucedería la catástrofe: Margaret Winkler… se casó con un dudoso personaje, Charles B. Mintz, quien se apresuró a retirar a su mujer del trabajo, quedándose él con su cartera de clientes.
Charles Mintz

Pero a Mintz no le bastó esto, sino que además creó un nuevo estudio de animación, puso al frente del mismo a su cuñado, y además le hizo creer a Disney que los derechos de Oswald no le pertenecían. La jugada, al final, no le salió bien, porque la Columbia terminó desplazando la producción de los cartoons de Oswald al estudio de Walter Lantz. Pero, en resumen, este varapalo le sirvió a Disney para aprender de manera traumática que en Hollywood debía ejercer un control absoluto sobre su producción.


En 1928 Ub Iwerks diseña un nuevo personaje, Mickey Mouse. Los dos primeros cortos de Mickey pasaron desapercibidos, pero el tercero, Steamboat Willie, causó sensación al combinar creativamente la acción de los personajes con todos los efectos sonoros, dando lugar al efecto conocido como Mickeymousing: hacer que en animación todo genere su propio sonido.
Inmediatamente incorporaron nuevos personajes al elenco de los cartoons de Mickey, como Minnie, Goofy, Pluto o Clarabella. En paralelo, en 1929 comienzan la serie Silly Symphonies, donde la música dicta el ritmo y la actuación de los personajes, como en la aclamada The Skeleton Dance (1929).
Las Silly Symphonies fueron el banco de pruebas que serviría para introducir paulatinamente un montón de innovaciones, desde la película a color hasta el uso de la cámara multiplano, con las que fueron conquistando poco a poco el realismo.
Pero a Disney le obsesionaba además la idea de crear personajes que no solo fueran carismáticos, sino que además te identificaras con ellos, porque te recordaran a personajes de la vida real. En este sentido, la fábula de Los tres cerditos (1933) supuso un importante paso al crear personalidades definidas y un conflicto fuerte.


A esto ayudó el hecho de crear departamentos especializados en distintas áreas, como el concept art, el departamento de guión donde se empezaron a realizar storyboards, o diversificar las funciones de los animadores, hasta tal punto que algunos de ellos se centraban en dar vida a ciertos personajes, como Goofy o Donald, como si fuesen actores con un lápiz en la mano.
Pero en el transcurso de los años 30 los artistas del estudio aún debían superar importantes dificultades para hacer que todas esas emociones que resultaban creíbles en personajes caricaturizados, como ratones o cerditos, funcionasen igual de bien en personajes humanos que exigían verosimilitud anatómica. Este equilibrio lo encontraron por primera vez en la producción de Blancanieves y los siete enanitos (1937), aunque el gran logro de animación de la película reside más en los personajes caricaturescos que en los más realistas, aún muy dependientes de la referencia de actores reales.

Hay que decir que el estudio Disney se empleaban actuaciones y grabaciones con intérpretes reales para inspirar a los artistas, pero la rotoscopia, es decir, el calco director de fotogramas de imagen real, estaba estrictamente prohibido. Como mucho, el artista podía recurrir a imprimir algunos fotogramas que le servían de guía, pero el trabajo de timing era creación suya por completo.
De esta manera, los artistas de Disney comienzan a fijar una serie de reglas indispensables para hacer que una animación sea realista, aun sin ser un calco de la realidad, como la anticipación, la compresión y extensión, demora y movimiento solapante, la acción secundaria, o el empleo sistemático de arcos para definir las trayectorias de cada parte del cuerpo.
A estas reglas se les llama los doce principios de la animación, tal como los fijaron por escrito los animadores Frank Thomas y Ollie Johnston en el libro The Illusion of Life, y aunque han experimentado muchos cambios y redefiniciones, especialmente desde el advenimiento de la animación por ordenador, hoy en día suponen la guía imprescindible para cualquier profesional del medio.

Blancanieves no fue, ni de lejos, el primer largometraje de la historia de la animación, pero sí fue la que consiguió transformar por completo el concepto que se tenía de los dibujos animados. No solo destaca su animación, con un cuidado acting, sino también una dirección de arte que bebe de los artistas europeos que trabajan en el estudio, como Albert Hurter, Key Nielsen o Gustaf Tengreen, que procedían del mundo de los libros ilustrados. También es importante la influencia de Joe Grant, un artista de concepto que fundó el departamento de modelos en volumen; por no hablar de los animadores Art Babbit y Vladimir Tytla, que dieron vida a personalidades nunca vistas en la animación.
A Blancanieves la llamaban “la locura de Disney”, pero lo cierto es que fue una construcción colectiva que supuso el trabajo y el sacrificio personal de todo el estudio. En 1939 Disney traslada su cuartel general a una pedanía de Los Ángeles, Burbank, aumenta su plantilla hasta alcanzar el millar de empleados, y comienza a realizar películas aún más ambiciosas, como Pinocho, Fantasía o Bambi, que por diversas circunstancias le reportan beneficios muy discretos.


Sin embargo, en 1941 estalla en el estudio una auténtica bomba de relojería, cuando en torno a 400 empleados se pusieron en huelga para demandar mejoras salariales y un trato más igualitario entre los trabajadores de distintos departamentos.
La huelga duró cuatro meses y estuvo a punto de llevar a la ruina a Disney, en plena producción de Dumbo, que afortunadamente terminó siendo una película muy rentable. La huelga se resolvió cuando Disney se vio forzado a volver a contratar a los trabajadores que había despedido, pero evidentemente marcó un antes y un después en la compañía. Finalmente estos empleados terminaron yéndose a otros estudios, lo que generó un aumento de la competencia.


Para resolver sus apuros económicos, Disney puso su objetivo en el mercado sudamericano, realizando películas compilatorias como Saludos Amigos (1942), y más adelante desarrollaría un fuerte mercado televisivo con documentales de naturaleza y películas de acción real. Pero quizá las películas que más contribuyeron a salvar la compañía en ese momento fueron las de propaganda bélica que le encargaba el gobierno, como Der Fuehrer’s Face (1942) o Victory Through Air Power (1943), un largo donde se defendía la idea de ganar la guerra mediante un arma definitiva: la bomba atómica.
En esa época nacen nuevas obsesiones personales. Disney se convierte en informador del FBI, lo que tendrá graves consecuencias durante la época de las listas negras de Hollywood. A su vez, en el estudio, Disney fue ganándose fama de ser un jefe paternalista y conservador, dominando cada uno de los pasos de la producción. Sin embargo, también hay que decir a su favor que Disney no estaba interesado en su lucro personal sino que invertía todo lo que ganaba en seguir realizando películas.
Mary Blair

Las producciones de los años 40 y 50 evidencian una maestría creciente en el manejo de la “personality animation” o caricatura del realismo, con producciones como Peter Pan, Cenicienta o Alicia en el País de las Maravillas, cuya directora de arte fue Mary Blair. Otro de los hitos del estudio fue La bella durmiente, con dirección artística de Eavynd Earle, cuya producción se alargó durante 8 años, y que se estrenó en 1959. En este mismo período, Disney centra su atención en la creación de un suntuoso parque temático, su particular Shangri-la: el primer Disneyland, abierto en 1955.


En los años 60, y con un Disney mucho más despreocupado, las producciones comienzan a ser dominadas por los propios animadores, destacando dos veteranos del estudio: Woolie Reitherman como director de animación, y Ken Anderson como director de arte. Ellos marcarían la pauta del estudio durante décadas, empezando por 101 dálmatas (1961), que fue la primera película donde se empleó sistemáticamente la fotocopiadora para sustituir el proceso de limpieza de línea.


Aunque a Disney no le gustó nada el resultado de la fotocopiadora, lo cierto es que las animaciones ganaron en frescura y espontaneidad, dando lugar a clásicos tan imprescindibles y modernos como El libro de la selva (1967), que Disney no llegaría a ver concluido. Disney falleció en 1966 a causa de un cáncer de pulmón, y está enterrado en el cementerio de Glendale, California.


Y hasta aquí puedo leer. A Disney se le debe la idea de la animación “de marca”, de un producto claramente reconocible, como un sello de calidad con el que es imposible competir. Las innovaciones tecnológicas que introduce son importantísimas, como la cámara multiplano vertical, pero también lo son sus procedimientos de estudio, estableciendo controles de producción como el storyboard o el test de línea. Pero, sobre todo, cuando hablamos de animaciones Disney, estamos hablando del trabajo de un grandísimo estudio donde trabajaron juntos artistas de muchísimo talento, no siempre bien reconocido, como Art Babbit, Joe Grant o Mary Blair, que llevaron la animación a cotas nunca antes imaginadas, y que hoy siguen siendo una referencia mundial.

Joe Grant


Referencias bibliográficas:
Giannalberto Bendazzi (2003), 110 años de cine de animación.
John Canemaker (1996), Before the Animation Begins. The Art and Lives of Disney Inspirational Sketch Artists.
Donald Crafton (1982), Before Mickey: The Animated Film (1898-1928).
Andreas Deja (2016), The Nine Old Men. Lessons, Techniques and Inspiration from Disney’s Great Animators.
Frank Thomas, Ollie Johnston (1981), The Illusion of Life: The Art of Disney Animation.