jueves, 14 de noviembre de 2019

CHARLEY BOWERS. ANIMACIÓN Y LA MODERNIDAD INDUSTRIAL. Animation Gossip 10.


En este nuevo Animation Gossip María Lorenzo nos habla de uno de los pioneros más inusuales de la animación: Charley Bowers. Aquí tenéis el enlace del vídeo: https://vimeo.com/353205158?fbclid=IwAR2Xg-lGlXqtSx0hqV4x4O4UT1Wl_AA6kFamcGStLJrMOzYFdgEDLLmJvxg
Charley Bowers, nacido en 1889 y fallecido en 1946, es un raro ejemplo de animador que, en una vida relativamente corta, toca todos los palos. Comenzó siendo el principal animador de uno de los primeros estudios que producía series cartoon en Estados Unidos, el estudio de Raoul Barré, y finalmente se estableció de forma independiente para realizar un género muy peculiar de comedia slapstick, donde mezclaba acción real con animación de personajes en stop-motion.
Parte de la vida de Bowers tiene aún un halo de misterio. Él afirmaba que de pequeño había aprendido a caminar por la cuerda floja, y que por esta razón lo raptó el dueño de un circo, donde estuvo trabajando varios años hasta que lo reconoció su tío. Gracias a este reencuentro volvió a su casa, donde llegó a tiempo de ver morir a su padre. Obligado entonces a mantener a su familia, tuvo diversos oficios, como funambulista, cowboy, domador de caballos y diseñador de escenarios. Un accidente lo alejó del circo, que cambió por el teatro, donde solía hacer papeles de niño… porque era bajito. 


Si os habéis creído una sola palabra de esta rocambolesca historia, vamos por buen camino. Por lo menos sabemos con seguridad que en 1912 estaba dibujando caricaturas para dos periódicos de Chicago, y que su talento le abrió las puertas de los estudios de animación, donde trabajaría en adaptaciones de cómics famosos, como Bringing Up Father de Geo McManus.



Hay que decir que en la década de 1910, al igual que estaba sucediendo en las fábricas de automóviles, el fordismo se estaba introduciendo en todos los aspectos de la producción industrial en Norteamérica, y la animación no fue una excepción. Los primeros estudios de animación que se establecieron en la costa Este de Estados Unidos implementaron inmediatamente la misma filosofía de división del trabajo, aumento de productividad y reducción de costes. El aspecto artístico no era importante; de hecho, se prefería que los animadores vinieran estrictamente del mundo de la caricatura, y no de las Bellas Artes, precisamente porque las primeras series americanas de animación se nutrían de los cómics. 


El principal estudio de animación de esta época fue el Bray Pictures Corporation, al que se debe un método de animación muy proclive a una gran división de tareas: la animación con acetatos. A éste siguieron el estudio fundado por William Randolph Hearst, International Film Service; el estudio TerryToons, que sería uno de los más longevos del mundo; y el estudio de Raoul Barré, donde trabajaría Charley Bowers.

Raoul Barré
En el estudio de Raoul Barré estaban produciendo una famosa serie basada en un cómic de Bud Fisher, socio y colaborador del estudio. Mutt & Jeff era un cómic muy popular, y el éxito de la serie de animación, que se produjo entre 1913 y 1922, no se hizo esperar. Charley Bowers entró a trabajar en el estudio en 1916, ofreciéndose como socio, pasando a llamarse el estudio Barré-Bowers.

Bud Fischer
Hay que decir que, un año después, Bowers hizo tratos con Bud Fischer a espaldas de Raoul Barré, y al final echaron a Barré de su propia compañía. Raoul Barré se fue a pintar a su casa.



La serie de Mutt & Jeff llegó a tener 200 episodios, en los que era frecuente que los personajes la liaran utilizando máquinas muy sofisticadas para hacer cosas realmente simples, como por ejemplo, darle la vuelta a las tortitas en la cocina o servir el desayuno. A este tipo de mecanismos absurdos se les llama máquinas rubegoldbergianas, en honor a su creador, el dibujante de cómics Rube Goldberg. Era algo parecido al “efecto mariposa” de El Hormiguero.

Máqina rube Goldberg

Después de disolver su sociedad con Bud Fisher y acabar los cartoons de Mutt & Jeff, Charley Bowers se asoció con el cineasta Harold L. Muller, con quien se trasladó a Nueva York para rodar una docena de cortometrajes, de los cuales solo han sobrevivido siete.


Hablaremos ahora de Bricolo, el personaje creado por Charley Bowers. En sus comedias suelen fabricarse máquinas ingeniosas que nunca responden como uno espera, y están siempre protagonizadas por el personaje interpretado por el propio Bowers, Bricolo, una especie de genio despistado, siempre sin un céntimo, obsesionado a partes iguales con las mujeres y con la tecnología.
Charley Bowers aportó al género slapstick un toque de absurda modernidad, al introducir el bricolaje visionario en casi todas sus tramas. El slapstick es un subgénero de la comedia que se caracteriza por presentar acciones exageradas de violencia física, pero sin consecuencias proporcionales. Pero también tiene una fuerte relación con el humor visual, como sucedía en las películas de Buster Keaton, donde a menudo la puesta en escena es lo que sirve para crear equívocos y sorpresas.


Las películas mixtas de acción real y animación de Charley Bowers son un ejemplo de lo que Freud llamaba “lo inquietante”, lo que no es familiar. Con sus máquinas de fabricar huevos irrompibles, sus plantas modificadas en que florecen gatos, o sus aves devoradoras de metal y que ponen coches, el visionario Bowers demostraba que la vida no le era suficiente y necesitaba desesperadamente la invención. No es extraño, por tanto, que los Surrealistas adorasen su obra, desde André Breton hasta Rafael Alberti, que le dedicó un poema:

El polo negativo no puede ser ni mucho menos
igual que el positivo
para la creación de un fantasma.
De la urgente necesidad de asustar a los niños
y del deber que tiene un ingeniero de espantar a
todo trance las hadas
Aisladores,
latones viejos y muelles rotos de las camas.

Y tantísimos otros quebraderos científicos, Odette
mía,
para morir airadamente y a manos de una sardina.
                                                                                Charles Bowers. Difunto inventor. *

A partir de los años 30, la actividad de Charley Bowers se difumina. En esta última época destaca el publirreportaje Pete-Roleum and his Cousins (1939), realizado enteramente en stop-motion. Su última película, Wild Oysters, data de 1941. Bowers se dedicó desde entonces a la ilustración para prensa, hasta que una enfermedad le impidió seguir dibujando, y finalmente sucumbió.

Pete Roleum

Charley Bowers fue un realizador con una marcada personalidad, que alcanzó un gran éxito en todo el mundo hacia el final de los años veinte. Sin embargo, sus películas se perdieron y, después de su muerte, quedó relegado al olvido.
Sin embargo, es evidente que las invenciones de Bowers, caracterizado como Bricolo, se adelantaron a los productos marca Acme de la Warner, y también a los cachivaches de dudosa utilidad de Wallace & Gromit. Su figura se reivindicó a partir de 2001, cuando se descubrieron copias de 15 de sus cortometrajes en Francia. Por esta razón, y porque aún quedan más películas suyas por redescubrir, Charley Bowers es una figura fascinante para los historiadores, y un realizador entretenido y refrescante para todos los públicos.
 
There it is
Bibliografía:
Giannalberto Bendazzi (2003), 110 años de cine de animación.
Cine para gourmets (2010), “Charley Bowers, el gran olvidado” (http://soloparagourmets.blogspot.com.es).
Donald Crafton (1982), Before Mickey: The Animated Film (1898-1928).
Adrián Encinas Salamanca (2017), Animando lo imposible. Los orígenes de la animación stop-motion (1899-1945).
Pedro A. Martín (2009), CineAstoria (https://cineastoria.wordpress.com).
William Solomon (2006), “Charley Bowers and Industrial Modernity”, Modernist Cultures, Vol. 2 (2).

A Wild Roomer


Enlaces a los cortos de Bowers:


-Now You tell one (1926):

-I’t’s a Bird (1930):

-A Wild Roomer (1926):

-Many a slip (1927):

-A Sleepless Night (1940):

 
It ´s a bird

CHARLES BOWERS, INVENTOR (de Rafael Alberti), 1929.
La defunción ante mi chaleco de los más poéticos
bosques
y la dispersión en bandada de los bellísimos
crepúsculos
mas la delicadísima luna y los tristísimos ruiseñores.
¿Por qué este muerto escoge para inclinarse la
izquierda
y este otro prefiere la derecha?
Pero a ti te calificaremos de encina.
Mas tú careces de apellido.
Y éste quisiera llamarse Carlos,
pero difunto ciprés.
¿Suspira usted por el trébol de cuatro hojas y los
airecillos balsámicos?
Madame,
voici la poésie:
serrín.

Daría por resultado la más hermosa fábrica de
palillos de dientes.
Odette,
mañana me caso.

Ralladuras muelas cocodrilo
y ojitos verdes ocas electrocutadas;
saliva policía rabioso
mas consejo ingerir reloj
y vomitar anillo
poca importancia agua.
Un kilo tiene 10 metros
Un metro vale 20 litros.

Resuelto totalmente el grave problema que acongoja
a los ultramarinos.
Huevos irrompibles.

El polo negativo no puede ser ni mucho menos
igual que el positivo
para la creación de un fantasma.
De la urgente necesidad de asustar a los niños
y del deber que tiene un ingeniero de espantar a
todo trance las hadas
Aisladores,
latones viejos y muelles rotos de las camas.

Y tantísimos otros quebraderos científicos, Odette
mía,
para morir airadamente y a manos de una sardina.

Mecánica.
Amor.
Poesía.
¡Oh!

Del libro de Alberti Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, 1929.

It is a bird


lunes, 11 de noviembre de 2019

"PATERSON" (2016), DE JIM JARMUSCH. CINE Y POESÍA.



Paterson. Cine y poesía
                                                                                    Miguel Florián

Paterson es una ciudad de New Jersey; pero es también el nombre de un personaje que aparece en un film de Jim Jarmusch y, ante todo, el título de una ‘epopeya’ escrita por William Carlos Williams (WCW), donde aparece un narrador que, por cierto, se llama Paterson.

Jarmusch filma una narración de un preciso lirismo: el curso de los acontecimientos, las imágenes reflejadas en los escaparates, el proceso que se deshilvana en la mente del protagonista rumiando palabras que buscan precipitarse en el poema. “El poeta es alguien que se contenta con palabras”, dejó escrito Nikos Kazantzakis.


En el filme los días aparentan asemejarse. Paterson, de lunes a viernes, suele despertarse en torno a las 6:15 y repite el mismo ritornelo: acariciar a Laura dormida, besar sus hombros, desayunar leche con cereales… Después le vemos salir de la casa con el canasto (vaya, la tartera) en donde Laura ha colocado comida y también algún detallito (por ejemplo, un retrato de Dante). Se dirige a la cochera. Porque Paterson, que vive y trabaja en Paterson, es conductor de autobuses. Ya frente al volante aprovecha unos minutos para dejar fijadas en su cuaderno las palabras que han ido revoloteando en su cabeza. Reproduce lo que su admirado poeta WCW solía hacer cuando regresaba a su casa del trabajo. Así, al menos, lo cuenta William Eric Williams, hijo del poeta de Rutherford.

William Carlos Williams
Aparece Donnie, encargado de registrar las salidas y entradas de los autobuses. Es un hombre apesadumbrado, pesan sobre él demasiados lastres familiares. Tal vez exagera y se hace algo la víctima. Es un alma en pena.


El autobús inicia su recorrido por las calles de la ciudad. Una ciudad (al menos lo que se nos presenta) destartalada y fea, pero que la mirada de la cámara nos la ofrece cubierta en una extraña belleza. La fotografía nos muestra una pátina, un resplandor, una limpidez sorprendente. Qué pequeña es la distancia entre lo bello y lo feo. Depende del  alma, de los ojos del alma.

Llega la hora de comer. Siente predilección por hacerlo junto a la cascada.

Regresa al volante. El interior del autobús es ‘un pequeño teatro del mundo’. Los actores charlan sobre sus cosas: sobre sus ídolos deportivos, sobre sus sueños, sobre el deseo imaginado y no alcanzado.

Ah…y los reiterativos gemelos (¿por qué esa duplicación?). Laura sueña con hijos gemelos.


Acaba la jornada. Paterson vuelve a casa. A la mansedumbre muelle de lo doméstico: el poste del buzón siempre desencajado, el sofá, Laura que cubre cuanto encuentra de pintura negra. Negro sobre blanco. Ella se imagina cantante country. Por eso quiere hacerse de una guitarra. Claro está: ajedrezada (blanca, negra). Es muy coherente. Laura le pregunta a Paterson por sus versos. A mí me parece que lo hace un poco de cumplido. Él, embebido, ensimismado (qué palabra tan curiosa, ensimismado). Habita en dos ámbitos. “Mi padre también es poeta, ¿no lo sabías? Siempre está pensando en otra cosa”, dice el personaje de una novela de Sándor Marai.


Todo ocurre ante la mirada hosca del perro, un bulldog cascarrabias; él y Paterson no congenian. Marvin, el perro, es en alguna medida el hijito deseado por Laura. Paterson se dirige al acostumbrado bar donde reina Doc, el camarero. El perro queda fuera. Toma una jarra de cerveza mientras conversa con Doc quien, por cierto, tiene cara de bulldog (¿será gemelo de Marvin?). Es un hombre sabio, una suerte de Sócrates doméstico (también padece a su Jantipa). Juega al ajedrez consigo mismo, se desdobla. Un universo especular. Dentro del bar desfilan (como en el bus) una fauna de seres variopintos. Everett, el enamorado, que intentará suicidarse disparándose en las sienes balas de gomaespuma; los hermanos gemelos que juegan al billar…
                                       
Vuelta a casa. Un día más. Y los días fluyen. Aparecen pequeñas grietas que los distinguen. Y esas fisuras no sabemos adónde habrán de conducir. (Y la grieta en la taza de té / lleva a la tierra de los muertos, Wystan Auden). Las palabras se avivan en la mente, aletean.


Una tarde al salir del trabajo, Paterson se encuentra a una niña que escribe poemas en un cuaderno (su ‘libreta secreta’) y que, curiosamente, tiene una hermana gemela. Lee unos de los poemas que ha compuesto:


                                          Cae agua desde el aire resplandeciente,

                                          caen cascadas como cabellos
                                          sobre los hombros de una adolescente.

                                          Cae agua formando charcos en el asfalto,
                                          sucios espejos con nubes y edificios dentro,
                                          cae sobre el tejado de mi casa,
                                          cae sobre mi madre y mi cabello.

                                          La gente suele llamarla lluvia.


Un poema de una frescura y un vigor que sobrecoge. Paterson queda desconcertado. Cuesta creer que una chica tan joven haya escrito algo así.

Cuando se presenta la ocasión, Paterson se acerca al acantilado, se acomoda en un banco y observa el estrépito del agua al romperse. Era un lugar predilecto de WCW. El estruendo del agua, el puente,…y ese cuaderno donde se posan las palabras de sus  versos. Esa mirada que se vuelve hacia dentro, a ese espejo sin dimensiones que es el alma humana… El viaje interior de un Odiseo cotidiano que se abisma en el laberinto de la conciencia buscando una patria desconocida, y que la palabra tal vez puede descubrir.
Las pequeñas cosas, esos centros, lugares axiales en donde se entrecruzan los hilos del acontecer, allá donde la realidad se ofrece en sus variadas facetas: las espuma del agua al romperse, su clamor, la caja de cerillas, o aquella carretilla roja que WCW nos mostró en uno de sus poemas:

         TANTO depende
de una
         carretilla
roja
         reluciente de agua
de lluvia
         junto a los polluelos
blancos.

Qué extraños seres son las palabras. Se adentran en nosotros, atraviesan la piel, nos habitan. Se aposentan en el espacio intacto de las páginas… Tan duras, tan frágiles, como de cristal… Y ese perro vengativo y voraz, que las desmenuza, dispersándolas… Y Paterson, sin voz, regresa de nuevo a la cascada, al alboroto del agua para sumergirse en su voz tumultuosa, en su verbo informe…


La palabra poética se genera como un rumor, un murmullo, un batir de ramas que poco a poco se sedimenta. Lo aparentemente nimio se convierte en un foco cargado de energía viva, un eje que parece conciliar la variedad de lo existente. Un espejo, un prisma de múltiples facetas (Ver un mundo en un grano de arena, un cielo en una flor silvestre, tener el infinito en la palma de las manos y la eternidad en una hora). Y es que, en verdad, los ojos del poeta se orientan al misterio. Y el misterio es un vilano arrastrado por la brisa, una brizna de paja, la mano que se acerca a otra mano.

Más tarde aparece un virgilio japonés que habrá de devolverle a la entraña de la palabra. Le obsequia un cuaderno de páginas nuevas para atrapar en ellas el vuelo fugaz de esas aves caprichosas…

Es lunes otra vez. El tiempo se renueva. El reloj marca las 6:15. El desayuno, el revoloteo de las voces…


                                                  }}}}}}}}}}}}}}}}                                  
                                                    
                                                                       Publicado por Encarna Lorenzo

En estos enlaces podéis acceder a otras entradas con textos de Miguel Florián en Anthropocinema:


jueves, 24 de octubre de 2019

ALEXANDRE ALEXEÏEFF, CLAIRE PARKER Y LA PANTALLA DE AGUJAS. ANIMATION GOSSIP 9.



Desde el área de grabado de la Facultad de Bellas Artes de Valencia, María Lorenzo nos habla en este nuevo Animation Gossip de dos maestros de la animación artística: Alexandre Alexeïeff y Claire Parker. Aquí tenéis el enlace del vídeo:https://vimeo.com/353150863?fbclid=IwAR0QKEXA990gW4CLLNAr2hY5RUm9H-37Bxm_nz3KN06iw8R846LfVVM7chM
A comienzos de los años 30 se dan cita en Francia varios artistas, procedentes de distintos países, que utilizan la animación para desarrollar preocupaciones muy diferentes a los de la animación comercial, como Berthold Bartosch, antiguo colaborador de Lotte Reiniger, que en 1932 adapta a animación la novela en imágenes de Frans Masereel “La idea”, un filme realizado con grabado en relieve para tratar el tema de la revolución política y social. Hablamos también de Anthony Gross y Hector Hoppin, que realizan “La joie de vivre” (1934), un filme que rinde tributo a las Vanguardias, y que serviría de inspiración a los artistas de la UPA (https://www.youtube.com/watch?v=LAj5VjgTdQw).
Pero merece especial atención el dúo compuesto por Alexandre Alexeieff y Claire Parker, que en 1931 inventaron un singular método de animación: la pantalla de agujas o Pinscreen.

Alexandre Alexeïeff (1901-1982) nació en el Imperio Ruso en 1902, y murió en París en 1982. Alexeïeff pasó su infancia en Estambul y a los 7 años ingresó en una escuela militar de San Petersburgo, donde sus clases favoritas eran las de dibujo. En clase, el profesor de dibujo enseñaba objetos y luego los escondía, para que los alumnos los dibujasen de memoria. Este entrenamiento fue muy útil para Alexeïeff, que aprendió a centrarse en sus recuerdos y en los sueños.


Al estallar la Revolución Rusa, Alexeïeff era partidario del Comunismo, pero el asesinato de uno de sus tíos por los bolcheviques le hizo replantearse su posición y abandonar Rusia. En 1921 toma un barco que lo lleva a diferentes destinos, como Egipto o Japón. Finalmente llega a París para trabajar como escenógrafo, y se casa con una actriz de origen ruso, Alexandra Grinevskaya.
Hacia 1923 Alexeïeff es muy conocido por sus libros ilustrados pero una intoxicación con ácido nítrico lo obliga a estar internado durante dos años. En este período su esposa Alexandra aprende grabado para mantener a la familia, y se convertirá para Alexeïeff en una valiosa colaboradora, incluso tiempo después de que su matrimonio terminase.
En 1931 conoce a Claire Parker (1910-1981), una ingeniera americana, graduada en el MIT, que estudiaba Artes en París. Parker descubrió los libros ilustrados de Alexeïeff y, cuando más adelante lo conoció, le pidió que le diera clases. Este encuentro dio un cambio a sus vidas.
Alexeïeff empezaba a estar cansado del mundo de la ilustración e, inspirado por la película de su amigo Bartosch, “La idea”(https://www.youtube.com/watch?v=zT__PCFqd2M), empezó a tantear la posibilidad de trasladar al cine las ensoñaciones que dibujaba.
Sin embargo, las técnicas convencionales de animación no le servían para crear imágenes sugerentes de claroscuro. Por esta razón, pensó en una nueva técnica de animación más parecida a la pintura, que le permitiera modificar imágenes fotograma a fotograma: la pantalla de agujas.

La pantalla de agujas es un lienzo vertical, con una iluminación en ángulo oblicuo, y que está atravesado horizontalmente por más de 240.000 agujas que se pueden empujar en profundidad, lo que produce dibujos con distintos tonos de gris. Con esta invención, Alexeïeff podía hacer películas con su propio lenguaje plástico de grabador.
Alexeïeff, Alexandra y Claire Parker participaron juntos en la construcción de su primera pantalla de agujas. Pero como la familia de Parker financió los gastos y el mantenimiento de la familia Alexeïeff durante el rodaje de su primera película, la patente de la Pinscreen estuvo únicamente a nombre de Claire.
Su primera película fue Noche en el monte pelado, de 1933 (https://www.youtube.com/watch?v=wYbjW7XrWDo), un verdadero poema visual que fue muy aclamado por la crítica, aunque no les reportó grandes beneficios.
La animación con Pinscreen es una técnica muy laboriosa, que requiere mucha atención y también capacidad de improvisación. Con un estilo marcadamente surrealista, Alexeïeff nunca hacía bocetos antes de comenzar a animar. Para trabajar, Alexeïeff y Parker se sentaban cara a cara, a los dos lados de la pantalla de agujas, y, al igual que en el grabado, utilizaban diversos objetos e instrumentos para hacer incisiones en la pantalla y producir sus dibujos, fotograma a fotograma. Aquí podéis ver el proceso: https://www.youtube.com/watch?v=h_ji9mNuJJU
De alguna forma, cada aguja es como el píxel de una imagen mayor, un poco como el PixelArt, pero con mucha mejor resolución.
En Passant
Alexeïeff se inspiraba en historias de la vieja Rusia, en escritores como Nikolai Gogol y, sobre todo, en la música de Modest Mussorgsky. Aquí tenéis el enlace para ver Cuadros de una exposición:https://www.youtube.com/watch?time_continue=237&v=kXbBB4pNPaI. Sin embargo, cada película de pinscreen podía costar más de un año de trabajo, por lo que resultaban poco rentables, a menos que hubieran acordado previamente una buena distribución en cines.
Por esta razón, Alexeïeff y Parker tuvieron en paralelo varios trabajos en la publicidad y en algunos encargos de la National Film Board de Canadá, donde aún se conserva una de sus grandes pantallas de agujas. Asimismo, Alexeïeff también produjo la secuencia inicial de la película de Orson Welles, El proceso (1962), que adaptaba un tortuoso relato de Franz Kafka (https://www.youtube.com/watch?v=IlKEybkVl0M).
En total, Parker y Alexeïeff produjeron 6 películas de pantalla de agujas, más otros 41 filmes publicitarios realizados con técnicas variadas, como stop-motion y otros procedimientos de su invención, como la “totalización”. Aquí podéis ver Esso. Sève de la Terrehttps://www.youtube.com/watch?v=kDTG-katSvY

El estilo visual de Alexeïeff varió muy poco con los años. Alexeïeff no pertenecía a ningún movimiento artístico y siempre se mantuvo independiente. Quizá su película más narrativa es “La nariz”, de 1963 (https://www.youtube.com/watch?v=XCkVKCu1c5E), a partir de una historia satírica de Nicolai Gogol.
En 1922, el crítico de arte Elie Fauré escribió estas palabras que parecen adelantarse al trabajo del equipo Alexeïeff: “Supongamos que un artista estuviera dotado de la pasión de Goya y la fuerza de Miguel Ángel; proyectaría en la pantalla una especie de sinfonía visual rica y compleja, inaugurando perspectivas de infinitud y de absoluto que serían emocionantes por su misterio. Este es el futuro con el que sueño.”
En Passant
La animación con pantalla de agujas elimina las nociones de silueta, y de figura y fondo, logrando en la imagen una unidad pictórica. Las películas de Alexeïeff y Parker están, además, cargadas de simbolismo, y en ellas importan más la forma y las texturas que la narración.
Alexeïeff y Parker son un ejemplo de artistas que llegaron a la animación desde otros ámbitos, creando un producto alternativo y personal. Pero su carrera común también demuestra cuán cerca estaban la animación artística y la publicidad en Europa en los años 30 y 40.

Bibliografía:
Giannalberto Bendazzi (2001), Alexeïeff: Itinerary of a Master.
Giannalberto Bendazzi (2003), 110 años de cine de animación.
David Flórez (1982), Caminando en círculos, “100 cortos animados” (encirculos.blogspot.com)
Richard Neupert (2014), French Animation History.